jueves, 20 de diciembre de 2012

La Misión 2012 - La crónica personal, del mayor desafío enfrentado hasta el momento. 160K Villa La Angostura


Después de mi participación en "La Misión 2011" celebrada en San Martín de los Andes en diciembre del año pasado sobre 167 K, acompañado por Pablo Lapaz, en esta oportunidad había decidido participar en una nueva edición a desarrollarse en el destino original, Villa La Angostura (VLA). El lugar había sufrido las consecuencias de la expulsión de toneladas de ceniza y arena volcánica del volcán Puyehue en territorio chileno, razón por la cual en esta oportunidad se producía el retorno a los "orígenes".

Con bastante anticipación, había registrado mi inscripción, saqué pasajes en Aerolíneas Argentinas e hice la reserva de una cabaña en el precioso y cómodo Apart Hotel de la Plaza. Un mes antes, aproximadamente, se sumó Luis "Abeja" Castro y Diego López, que viajaba desde su Punta del Este. En el aeropuerto, encontramos a Maritza Giordano, Gabriela Pérez, Daniel Pérez Garrido y Diego Rodríguez, así que hicimos un viaje bastante entretenido pese a las demoras. Es que ya durante el viaje de ida, tuvimos dificultades pues a la demora (inexplicable) del vuelo desde Carrasco, se sumó la tormenta eléctrica sobre Buenos Aires el 10/12, que llevó a que perdiéramos la conexión. Finalmente, llegamos a Bariloche como a las 22 hs, donde nos esperaba John Tidd y Dieguito López, que habían salido más temprano.

Le agrego otro "detalle": me habían abierto la valija y me sustrajeron (supongo que en Aeroparque) dos cosas muy valiosas: la navaja suiza y la camiseta de Peñarol!!! Sí, la del campeón del siglo.


Bien, la historia siguió el martes, cuando fuimos a registrar nuestra inscripción y retirar el kit de carrera, bajo una llovizna persistente. Allí me encontré con un argentino que me preguntó si era el uruguayo que tenía un blog ... cuando le respondí, me dijo: "En gran parte, estoy aquí por vos, a partir de la crónica del año pasado".

¡Pucha! Cuánta responsabilidad y compromiso que se genera a partir del uso de estos medios. La verdad es que resulta muy grato encontrar gente que se suma a estos desafíos, pero a la vez también me hace pensar en el cuidado que debemos tener al escribir algunos comentarios a partir de experiencias personales, que pueden no ser fácilmente trasladables a otras situaciones. En fin, esto de las redes sociales es un tema muy interesante.

En la noche, el Guri Aznárez -organizador- hizo la charla previa, donde nos anunciaron que la largada se haría a las 12 (y no a las 11) pues estaba previsto que parara de llover aproximadamente a esa hora. Sí, la largada se hizo el 12/12/12 a las 12. Y corrí con el No. 193 ... Como se aprecia en la foto, corrí en apoyo a la campaña del Centro Jacobo Zibil de la ciudad de Florida, que atiende a niños con discapacidad, mediante la donación de al menos $1 por kilómetro recorrido, en una colecta que distribuí entre mis compañeros de trabajo. Así que en mi mochila, llevé el enorme empuje de los gurises del Centro y el apoyo de los compañeros que se sumaron.


 En la previa, todo era alegría pese a la leve llovizna que aún caía. Apenas salimos, tomamos rumbo al Aserradero a tren controlado, detrás del vehículo de la organización. Casi enseguida, paramos para sacarnos un poco de ropa pues entramos en calor. Iniciamos la subida hacia el Col del Colorado, donde ya encontramos una impresionante cantidad de ceniza y arena en las laderas. La larga fila de corredores era un precioso panorama.

 Ingresamos a un mallín, donde empezamos a percibir una neblina que presagiaba lluvia. Con dificultad, fuimos subiendo para encontrar en la cima del Colorado el primer puesto de control (8K).

Continuamos por los filos del Cerro Beeker, ya con nieve, hacia la cumbre del Cerro Bayo (10K), tramo en el que se desató una impresionante granizada (creo que era eso ...), ya que caían gotitas de hielo que pinchaban la cara como si fueran alfijeres, a una velocidad terrible. ¡Qué duro momento! Recordé los consejos del amigo Pablito Lapaz y sus anécdotas del año 2010, así que bajé la frente, me protegí con la capucha de la campera, me sostuve con los bastones y continué avanzando.

En cuanto superamos ese trance, el panorama era espectacular. Desde la cumbre del Bayo (1760 mts), emprendimos la bajada por el sendero de autos, así que ahí pudimos avanzar a buen ritmo junto al Abeja.



En la base (K15) paramos un ratito para alimentarnos, y posteriormente seguimos por un largo sendero con subidas y bajadas permanentes, por el valle del arroyo Ujenco, hacia el Col Tres Nacientes (K24) donde llegamos ya casi sin luz solar.



Desde allí volvimos a bajar, para poner rumbo a la denominada Horqueta del Arroyo Cataratas (K31), tramo en el que cruzamos varias veces por el arroyo. Los pies se sentían prácticamente congelados, pero el permanente movimiento lo hacía un poco llevadero. Desde la Horqueta, subimos al Col del Bonito. Finalmente, cerca de la 01.40 de la madrugada, llegamos al puesto de control Corral Redondo (K44), donde los muy buenos amigos de Aquiles Rental -el Colo y la Pety- habían montado un precioso lugar para descansar, con un buen fuego. El lugar estaba repleto, así que el movimiento permanente de corredores que llegaba y salía, impedía un buen descanso. Además, considerando el frío reinante y lo duro del terreno que nos esperaba -la subida al O'Connor- no permitían salir a menos de 3 personas en grupo. ¿Llevás agüita?, preguntaba la Pety, y si la respuesta era negativa, te hacía volver 300 metros a recargar.
Después de una noche "complicada" para descansar, a las 06.20 salimos con el Abeja a emprender nuestra segunda jornada. Maritza Giordano no podía recuperar el calor del cuerpo -tiritaba- y estaba decidida a abandonar, cosa que finalmente hizo, junto a Gabriela Pérez.


La dura subida del O'Connor nos llevó hasta una zona de filos, con un panorama precioso y un sol que ya brillaba, iluminando el Lago Nahuel Huapí. Prácticamente desde que salimos esa mañana, mi compañero me comentó sobre su decisión de quedarse en el Campamento 1, ya que se sentía cansado ... Le comenté que era exactamente la situación de "saturación mental" de la que tanto le había hablado, y que lo que necesitaba era mantener la calma y continuar sumando kilómetros, ya que físicamente lo estaba soportando bien. Quedamos en que iba a evaluar la situación en el momento de llegar al Camp. 1.

Emprendimos la bajada por una zona muy similar a la de la subida, que hacía sentir bastante las piernas, para llegar sobre mediodía al Campamento 1 enseguida del puente sobre el arroyo Bonito, en el Barrio Puerto Manzano (a escasos 3K del centro de VLA). Completamos así los primeros 58K de carrera, en unas 24 horas totales.

Allí nos alimentamos, tomamos mucho líquido, nos cambiamos las medias después de chequear el estado de los pies (¡ninguna ampolla!) y descansamos un rato (aprox 1 hora y media).Decidimos continuar ... así que encaramos el tramo de 11K al costado de la ruta, con un sol interesante, hasta el puente del Arroyo Estacada.

Encontramos el puesto de control (K66) y nos metimos al sendero dentro del monte, en el valle del arroyo. Cruzamos otro corral redondo, ingresamos al valle del Ao. Clueco, y al llegar al final del bosque, encontramos otro puesto de control antes de cruzar un mallín de altura (estábamos a 1600 mts).

Nos esperaba un tramo corto para atravesar ese mallín, pero encontramos un terrible viento que soplaba de costado y que levantaba enorme cantidad de arena, que complicaba bastante el avance y dificultaban la respiración. Realmente fue un momento crítico. Emprendimos la bajada rumbo a Tapera Linda. Enseguida de registrar nuestro paso por ese PC, comenzó una llovizna tenue ... el monte se espesaba, con ramas y troncos por todos lados. Ese sendero nos llevó al Col de las Estacas (K86) a 1600 mts de altura (¡si, volvimos a subir!). Atravesamos el valle del Ao. de la Negra, para finalmente llegar cerca de medianoche, bajo una llovizna, al PC ubicado en el K95. ¿Era el Veranada de los Lagos? No lo tengo claro, pero fue donde decidimos descansar. Mi compañero nuevamente me planteó su necesidad de descansar unas 6 horitas, para poder continuar.


Dada la persistente llovizna, no nos pemitìan continuar hacia el siguiente PC, que estaba a 5K de distancia, justo antes de cruzar por 2a vez el Río Minero (ayudados por una cuerda), ya que estaba repleto de corredores y no podíamos continuar subiendo el "Piedritas".

Nos metimos en los sobres de dormir y en el Vivac (impermeable), para intentar protegernos. Aprox a las 2.00 me desperté con la nariz absolutamente tapada, respirando por la boca. Llamé a mi compañero para ver si continuábamos, pero insistió en descansar. A las 3.00 me despiertan ... era Dieguito López que estaba ahí, y habia decidido continuar dado que se había mojado y estaba con mucho frío. Despertó a Jean Paul Beauvois, Pablo Chichotky y Fer (?), y les anunció que emprendía el camino.

A las 4.00 me desperté empapado, con frío y temblando. Me había entrado agua al sobre, y estaba absolutamente mojado ... desperté al Abeja y le dije de continuar. Insistió en seguir descansando, así que -casi "fuera de mí"- junté todo, lo puse en la mochila y le avisé que me iba al costado del fuego a tratar de secarme un poco y recuperar el calor. Una gran cantidad de corredores estaba haciendo lo mismo, así que nos fuimos turnando para aprovechar el fuego. El encargado del PC estaba ayudando a varios a recuperarse, mediante el uso de la manta de supervivencia. Recordé nuevamente los consejos de Pablito Lapaz, cuando me decía que la forma más eficiente de sacarse el frío es moviéndose: "no te quedes quieto, caminá, avanzá".

Finalmente, a las 6.00 desperté al Abeja y continuamos nuestro camino, para llegar en aprox 1 hora y media, al siguiente PC ubicado en una especie de tapera, donde había un grupito de corredores. La foto lo dice todo ...

Nos tomamos una sopa bien calentita, puse a secar mis guantes sobre ese calentador ... y quemé una parte de ellos. Sin comentarios. La mochila "pesaba" enormemente, ya que cargaba con el sobre de dormir lleno de agua. En ese contexto, cruzamos el Río Minero por 2a vez ayudados por una cuerda, momento en el que mi cubre-pantalón se abrió desde la rodilla hacia abajo, al embolsarse el agua. Y mi compañero que me comentaba sobre su decisión de quedarse en el Campamento 2, en Villa Traful ... o al menos, sobre considerar la posibilidad de seguir.

Empezamos a subir el Piedritas, por una zona de monte muy empinado y bastante tupido. La inclinación era impresionante, sin lugar a dudas la más dura que habíamos enfrentado hasta ese momento, al extremo que debíamos detenernos para recuperar un poco del aire a cada ratito. Cuando terminó esa parte, encontramos un patrullero que registraba el paso, junto a otro que era originario del puesto que estaba del otro lado de la montaña y que había venido a acompañarlo. ¡Pensar que esta gente se atraviesa de un lado a otro de la montaña, como si nada! Cuando le pregunté si la bajada era igual de complicada que la subida, me dijo ... "todavía les falta seguir subiendo". ¿Quéééé??? "Sí, por qué te pensás que se llama Piedritas?, ¿viste alguna?" Muy cierto. Nos esperaba la parte más dura. Continuamos subiendo por una parte llena de piedras y con ráfagas de viento que no debìan bajar de los 100K/h, que realmente te tiraban cuando soplaban, y que requerían apoyarnos sobre los bastones para evitar caernos. En ese tramo, perdimos los protectores impermeables de la mochila, que se volaron y no nos dimos cuenta. Bueno, aunque lo hubiésemos percibido, habría sido imposible recuperarlos ... A 1850 mts de altura, con ese viento, dónde habrán ido a parar?

Bajamos rumbo a Villa Traful, donde estaba el Campamento 2 ubicado en un gimnasio. Ya a esa altura, mi compañero empezaba a percibir que podía llegar hasta el final, creo que en parte influido por una conversación que mantuvimos con un matrimonio argentino de bastante edad, que estaban haciendo trekking por la zona. Cruzó a un pequeño almacén ubicado frente al gimnasio, donde compró fiambre, queso, galletitas, Coca Cola y flanes, para alimentarnos debidamente. Mientras, yo intentaba secar mi sobre de dormir. En el lugar, estaban Jean Paul, Pablo, Diego y demás acompañantes.


Recibimos nuestra 2a bolsita que habíamos dejado a la Organización para que la llevara al Campamento, que en mi caso tenía una remera térmica, una calza 3/4, ticholos, geles, un par de medias y sobrecitos de Clight Hidrade. Estábamos en el K 112.

Decidimos descansar un rato, para emprender el último tramo de un tirón. "Ya no dormimos más", le dije al Abeja. Encontré a Eduardo Gallego, con quien hice el tramo final de La Misión en el 2011, quien estaba descansando en el lugar. Siguiendo su recomendación, dormí una breve siesta desde las 14.00 a las 15.00.


Cargamos todo -ya la mochila pesaba menos al haberse secado bastante el sobre de dormir- y salimos a hacer los 8K sobre el camino que bordea el Lago Traful, hacia el Ao. Cataratas donde había un PC (K121). Tomamos el sendero y empezamos lentamente a subir, cruzando el arroyo en varias oportunidades hacia la Horqueta del Cataratas (donde habìamos pasado el primer día), alcanzando así los 133K. Ya en ese tramo habíamos conformado un grupo de 9 personas, entre quienes estaban Dieguito López, Jean Paul, Pablo Chichotky y nosotros. Avanzamos a ritmo lento pero sostenido, y recargando agua en los cruces del arroyo.

Desde la Horqueta del Cataratas, continuamos subiendo rumbo al Col Tres Nacientes (1700 mts de altura), donde llegamos ya en la noche (K140). El frío y el viento se hacían sentir, al extremo que le pregunté si debíamos seguir rumbo al Co. Buol, o la organización nos enviaba hacia la base del Cerro Bayo por el camino de autos (era una posibilidad planteada en las instrucciones de carrera, si no había visibilidad). Pero su respuesta fue: "si se agachan, pueden ver las señales. No los espera nada más duro que lo que ya han hecho. Así que, adelante". En lo de la visibilidad, tenía razón, pero en lo de la dureza del recorrido ...


Decidí cambiarme las medias y abrigarme, para lo cual saqué de la mochila el cuellito polar y el cubre-orejas. El viento hizo de las suyas (no me dí cuenta) y el cubre-orejas "voló" vaya uno a saber dónde. Así que me cambié, y junto a Diego y el Abeja, emprendimos el camino de subida hacia el Buol. Durísimo, pura arena volcánica, con una inclinación casi perpendicular, que hacía que cada paso hacia arriba se transformara en un paso hacia abajo ... se hacía muy complicado subir, al extremo que avanzábamos en zig zag intentando apoyarnos en las pocas piedras que sobresalían entre tanta ceniza y arena. Obviamente, nos detuvimos varias veces a "recuperar el aire", hasta que -a falta de 200 metros- encontramos una cuerda. Le dije a mis compañeros: "alguien puso una cuerda para que nos ahorquemos, o para ayudarnos a subir". ¡Buenísima ayuda! Ahí sí, con esa cuerda pudimos completar la subida a 1800 mts de altura.

Arriba nos esperaba un viento muy fuerte acompañado por una nevisca, que levantaba mucha arena e impedía la visión. Con dificultades, avanzamos por los filos hacia el Co. Belvedere, hasta que emprendimos la bajada hacia el Cajón Negro. En esta etapa, Dieguito se nos empezó a quedar atrás. Podíamos bajar a buen ritmo, "enterrándonos" en la arena con grandes zancadas, cruzamos al costado de la Cascada Inacayal e ingresamos al Aserradero por donde habíamos salido en oportunidad de la largada. Se hizo interminable ... pero llegamos.



A las 3:59 de la mañana, completamos el recorrido y nos dimos un buen abrazo. Recibimos nuestra medalla de "finisher" y el cuellito Buff que dice "Misión Cumplida", nos alimentamos y estuvimos esperando a los demás compañeros. Unos 45 minutos después llegaron Jean Paul y Pablo, en tanto Dieguito lo hizo aprox una hora después que nosotros.

Es que Diego venía con un par de buenas ampollas en cada pié, que le complicaban bastante el avance. En la noche, le hicimos una "curación" con gasa con propóleos.

Apenas llegamos a la cabaña, recibí un mensaje de Pablito Lapaz que dice: "Francia te espera, veterano. Felicitaciones". El compañero estaba siguiendo los resultados por Internet. Un fenómeno.

Ocupé la posición 193 (entre los 377 que largaron) y corrí con el No. 193. En mi categoría, quedé en la posición 22 (entre 57), habiendo completado el recorrido en 63 hs 42 minutos, prácticamente 5 hs 30 minutos menos que el año pasado. La planilla que me pasó Bernardo Frau para calcular tiempos, en la previa, me "cantaba" 62 hs 42min, con 3 horas de sueño incluídas. Calculo unas 16 horas de "descanso" (si se puede llamar así) durante la carrera, así que me llevó prácticamente 48 horas de trekking. Nada mal, la estimación del amigo Berni. Lo otro francamente positivo, es que no me quedó ninguna lesión -ni siquiera una ampolla-, salvo las molestias normales a nivel muscular.

En la foto, estamos junto al grupo de compatriotas en el aeropuerto de Bariloche: Diego Rodríguez, John Tidd (2o. en la General), Daniel Pérez Garrido, yo, Diego López y el Abeja Castro.


Misión Cumplida. Conmigo, con quienes están pendientes de estas "aventuras", con los gurises del Centro Jacobo Zibil y con los compañeros de trabajo que se sumaron a la campaña solidaria. Y me traje otros 4 puntos para participar en alguna de las carreras del Ultra Trail del Mont Blanc.



Y superé los 800 kmts. en competencias oficiales durante este año 2012. Más que satisfecho. Con mi compañero "Abeja", más allá de los diferentes momentos y sensaciones vividas durante la carrera, sin dudas disfrutamos de una experiencia inolvidable, que nos hermana un poco más en esta vida de aventuras. Es que somos "misioneros" (en mi caso, por 2a. vez), que sobrevivimos juntos a una de las más difíciles ediciones de esta carrera. Por eso, el abrazo en el momento de la "misión cumplida" tuvo ese significado tan especial de haber enfrentado nuestros propios límites y haberlos vencido. Hubiese sido más sencillo enfrentar esas condiciones extremas, y superarlas sin dificultades. La forma como lo hicimos, con dudas y temores de todo tipo, lo hacen inolvidable.


Como dice Killian Jornet: "Me preguntan dónde está el límite. No lo sé, sí sé dónde no está".

Gracias a todos, por tanto apoyo.

6 comentarios:

David dijo...

Emocionante relato Jorge!!!
Espero algún día hacer esta carrera y seguramente te recordare en ella.
Abrazo y salud para muchas misiones mas.

Jorge Xavier dijo...

Gracias David. Saludos

victor dijo...

La verdad, el leer tus comentarios me traen muy buenos recuerdos de esos lugares, que también padecí y disfrute, y que por alguna razón uno siempre extraña y quiere volver por masoquismo, placer, disfrute, te felicito, y el año que viene no falto, y mas que seguro, nos veremos en estas carreras que es nuestra pasión... saludos Victor

Jorge Xavier dijo...

Gracias Víctor y ojalá volvamos a encontrarnos. Saludos.

Jorge Xavier dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Excelente crónica Jorge.
Sirve para cargar las pilas para la que se viene ! .
Espero poder verte !
Un abrazo Grande !

EG