sábado, 7 de octubre de 2017

“Todo corredor de trail que se precie de tal en Uruguay, tiene que correr la MATT”

Así culminé una nueva edición de la MATT Trail Run (mi 3ª participación), desafío organizado por Entrenador Rogelio Fernández que comprende: Milla Vertical (ascenso y descenso al Cerro Pan de Azúcar), 20.3 Km por Punta Ballena y 23 Km por Laguna del Sauce y Arboretum Lussich. Nuevamente conformé equipo con Sebastián Paulós –en esta ocasión, nos denominamos “Auténticos Decadentes”-, y lo tomamos como un entrenamiento (algo fuerte) para el desafío que nos espera en pocos días, cuando hagamos el ascenso al Campamento Base del Monte Everest.

El viernes a la noche, tuve la fiesta de 10 años de Cantero Entrenamientos -el grupo donde entreno- así que me acosté ya cerca de las 2:00 de la madrugada, para levantarme poco después de las 6:00 e ir a buscar a Seba. Durante la noche estuvo lloviendo bastante, así que presumíamos que podría suspenderse la etapa inicial, por los peligros que supone un terreno mojado en una zona tan técnica como la del Cerro Pan de Azúcar. Llegamos poco después de las 8:00, para encontrar a 24 amigos del grupo “KM Running” de Las Piedras, lo que motivó ya algún desafío entre nosotros, recordando instancias anteriores. Retiramos kit –N° 170 y 171- y nos indicaron que se iba a computar exclusivamente el tiempo de ascenso, para evitar riesgos en la bajada (inteligente decisión). La mañana se presentaba muy nublada, aunque no amenazaba con lluvia.

La largada se hizo en grupos de 3 equipos (nos tocaba el turno 6) cada un minuto, pero no fuimos llamados, y notamos que empezaban a largar los grupos de mujeres… Nos hicieron largar un poquito más tarde, e iniciamos el ascenso –duro, complicado, como me gusta-, tramo en el que nos superaron algunos de los que largaron después (Lali Moratorio nos pasó como parados…), y superamos a otros que habían largado antes, entre ellos, algunos de los amigos de KM. 

Cuando alcanzamos a Alvarito Belza –que estaba recostado en una enorme piedra- le pregunté si estaba esperando a Rosario o Mabel (que venían más atrás), pero me respondió sonriendo (¿o lloraba?): “Me estoy esperando a mí”, reflejando así el cansancio fruto del esfuerzo. Con Seba, pusimos 27 minutos y monedas para el ascenso, unos 3 minutos más que el año pasado, bastante lógico considerando las condiciones del terreno (y que prácticamente todos pusieron más tiempo). Completada esa etapa, bajamos todos juntos a diferentes ritmos, ocasión que aproveché para sacar algunas fotos ya con más tranquilidad. Aceptando la invitación de los KM que estaban en Las Flores, fuimos hasta allí para comer un excelente asado preparado por Hebert Prado (sobre las bebidas, nada digo… pues empezó a asomar un “Sol Chico”, y Seba tuvo que manejar hasta Punta Ballena para evitar problemas).

Después de una siesta reparadora y unos mates, se largó la lluvia mientras esperábamos para la largada de la etapa nocturna programada para las 18.40 (“así ven el anochecer en Punta Ballena”, dijo Rogelio…), muy cerca del lugar donde nos alojamos. Si algo no vimos, fue el anochecer, como consecuencia de la lluvia. Tuve el placer de encontrar a David Vega, que había ido a acompañar a sus alumnos (en realidad, creo que teme que le "robe" el protagonismo de KM Running, y lo transforme en XS Running & Fun...). Lo cierto es que la largada se hizo alrededor de las 19.00, y enseguida paró la llovizna así que no nos complicó mayormente. 
En esta ocasión, largamos desde el estacionamiento frente a Las Grutas, para encarar enseguida hacia el denominado “lomo de la ballena”, trotar por el costado de la carretera panorámica y tomar por la calle que corre paralela a la Interbalnearia, hacia el Oeste. En ese tramo, nos superaron –entre otros- Los Picapedreros (Álvaro y Marcelo), instancia en la que nuevamente nos lanzamos desafíos. Después de trotar por esa zona, cuando llevábamos 4.6 Km bajamos a la playa, para correr por la arena rumbo a Playa Chihuahua. Llevábamos apenas un kilómetro por arena, cuando al cruzar una bajada de agua, cambié la pisada y sentí un fuerte dolor que me recorrió todo el gemelo de la pierna izquierda… “desgarro”, dije, y caminé un poquito para tratar de recuperarme. Conversamos brevemente con Seba y decidí seguir a ritmo lento, aunque pensaba si no sería más conveniente abandonar y retornar a la largada, ya que nos esperaba un largo recorrido hasta el kilómetro 11 aprox., instancia en la que recién íbamos a emprender el retorno. Con esa duda en la cabeza y bajando notoriamente el ritmo, seguimos avanzando en la noche, con ese dolor persistente (aunque no se agravaba). Con esfuerzo, en el Km 9 salimos de la playa para tomar nuevamente por las calles interiores de Chihuahua, girar a la izquierda e ingresar a una zona nueva de montes (¡excelente recorrido, Rogelio!) por unos dos kilómetros, y emprender el retorno nuevamente por la arena, ahora durante unos 6 kilómetros. Estuvimos algo perdidos pese a las instrucciones de quien nos indicaba el retorno ("tienen 400 metros de calles y después salen a la playa") pues no vimos señales en más de 600 metros, así que encaramos rumbo a la arena pues sabíamos que por allí debíamos volver, hasta que identificamos pisadas y luces de linternas adelante y atrás.

Casi enseguida, sentimos pasos… cuando giro, veo a la preciosa perra de Rogelio (creo que se llama Chocolata), que nos acompañó durante todo ese tramo. Recordé a mi “Juno”, una Golden Retriever con apenas un año, que en ocasiones me siento tentado a llevarla a trotar por el Prado. Cada tanto, nos dábamos vuelta para ver qué tan cerca venían quienes nos seguían, en tanto el dolor en la pierna izquierda se mantenía. Al principio de ese camino de retorno, enfrentamos tramos con arena bastante suelta, pero ya llegando a la altura en la que habíamos salido de la playa en el camino de ida, el terreno estaba bastante más firme. Intercalando trotes y caminatas firmes, seguimos avanzando, hasta que nos alcanzó Daniel Marti. Me puse a su ritmo, en tanto Sebita se demoró un poquito, pero en cuanto llegamos al duro ascenso por escalera al final de la playa, nos juntamos nuevamente para encarar los últimos dos kilómetros rumbo a la meta. Con Daniel pudimos mantener el ritmo, en tanto Sebita se quedó unos metros, así que a falta de unos 50 metros lo esperé para llegar juntos a la meta, donde muchos de los amigos ya habían llegado y nos esperaban.

Después de un baño reparador, me hice masajes con crema Átomo sobre la zona dolorida. Esa noche hubo cena de pastas –como corresponde a todo corredor- y un muy buen descanso. En la madrugada me desperté un par de veces, y seguía sintiendo dolor en la pierna, pero al levantarme a las 6:45, me sentía bien. Nuevamente me hice masajes y me vestí para la última etapa –los 23 Km en el Arboretum Lussich y Laguna del Sauce- hacia donde fuimos después de desayunar y tomar mate.
Mirando los resultados acumulados de las dos primeras etapas, notamos que Picapedreros (Marcelo y Álvaro) nos llevaban unos 20 segundos de ventaja, ya que en la noche habían absorbido los más de 7 minutos que les sacamos en el ascenso al Pan de Azúcar. Por tanto, fue un buen tema para “tomarnos el pelo” y volver a desafiarnos: “A éstos nos los morfamos en dos panes”, le decía a Seba. “En el 2015 le ganamos a Martín y Paola, en el 2016 a Larry y Mabel, y ahora nos toca el Chelo y Alvarito”, agregó Sebita.

La mañana estaba bastante linda, con un cielo nublado pero sin amenazas de lluvia. Casi todos los compañeros de Las Piedras estaban ya en la zona de largada, al costado del Hotel del Lago en Laguna del Sauce. Después de algunas conversaciones y fotos de rigor, decidí cambiarme el calzado y volver a ponerme los Salomon que había usado el día anterior, pese a que estaban totalmente mojados. Es que tienen mucho mejor agarre que los Hoka que pensaba usar, y con seguridad nos esperaban tramos con mucho barro, subidas y bajadas. Largamos aproximadamente a las 9:15 y a los pocos metros, ya empecé a sentir el dolor en el gemelo, así que aflojamos el ritmo y decidimos no correr riesgos. Los primeros 5 kilómetros fueron por la zona de Laguna del Sauce, para encarar después el Arboretum Lussich, donde en el ascenso hacia el Mirador Aconcagua –aproximadamente a los 8K- encontramos a los Picapedreros, cuando ya el dolor se me había ido. Me sentí mucho más tranquilo, pues era señal de que no se trataba de un desgarro sino de una contractura. En todo el recorrido, con muchas subidas y bajadas, agua, barro y piedras resbaladizas por zonas de monte, pude disfrutar muy razonablemente del entorno, sintiéndome bastante mejor y pudiendo sostener un ritmo digno.

Los tramos con agua y barro, estuvieron muy buenos, e incluso me pegué flor de golpe con un tronco en la cabeza por ir mirando hacia abajo… ayer me di cuenta que me había hecho un corte, al sentir la “cascarita” de la herida en la cabeza. En el km. 12 cruzamos al costado de unas casas ahí en la ladera, desde donde se sentía un espectacular aroma a comida de olla (el aroma a ajo y cebolla fritos hizo que los jugos gástricos se pusieran a full…), lo que fue motivo de conversación. En el Km 15, cruzamos al lado de la casona de Lussich, donde pudimos reponer agua, y casi enseguida nos controlaron el equipamiento obligatorio. 
Ya con 19 Km de recorrido, nos alcanzó nuevamente Daniel Martí (al igual que la noche anterior), y fuimos tirando juntos durante un ratito, tramo donde Sebita se quedó un poco más atrás. Salimos del parque en el Km 20, cuando sentí que el equipo femenino Anita’s venía cerca, en tanto Seba las acompañaba durante unos pocos metros al costado de la Ruta 12. Ingresamos a la zona de Laguna del Sauce, tramo donde las chicas me superaron y me comentaron que mi compañero se había quedado un poco atrás. 
Decidí retomar el ritmo, para ingresar a ritmo firme a la zona de llegada y sentarme a esperar a Seba durante unos 5 minutos, hasta que lo vi llegar caminando con alguna dificultad. Finalmente, marcamos 3 horas 28 minutos en estos 23 km, y nuestros rivales Picapedreros llegaron unos 5 minutos después, lo cual –nuevamente- fue motivo de bromas. Completamos las tres etapas (45 kilómetros, sin contar el descenso del Cerro Pan de Azúcar sin control de tiempos) en un total de 6:56:59.

Apenas llegamos, Rogelio Fernández grabó mi “declaración” diciendo que todo corredor de trail en Uruguay que se precie de tal, tiene que correr la MATT. Recibimos la taza recordatoria de la competencia, y después de cambiarnos, emprendimos el retorno a Montevideo, ya que me esperaba una jornada extensa.

¿Qué agregar, para destacar esta excelente competencia, que merece otorgar puntos ITRA? La carrera se desarrolla en preciosos lugares de la zona Este del país, con un organizador “corredor y entrenador” que asegura una competencia con todos los cuidados, con gente “diferente” como sin dudas somos quienes abrazamos estas disciplinas en contacto con la naturaleza, a lo que se agregó en esta oportunidad, el clima inhóspito que le dio un toque especial. Si a eso se le suma que varios de los amigos recibieron premios por sus ubicaciones en las diferentes categorías puedo señalar que fue un fin de semana redondito.

Fue mi competencia N° 427 totalizando 7.671 kilómetros (121 de ellas, fueron carreras de trail, con un total de 4.025 kmts.). 

Por eso, lo del principio: no pueden perderse la MATT del año próximo. De lo contrario, dedíquense a correr carreras de calle. Ustedes se lo pierden.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Kumen Aconcagua Ultra Trail 70 km - Primer gran desafío del 2018

El domingo 11 de febrero de 2018, enfrentaré el primer gran desafío del año, los 70 Km de Kumen Aconcagua Ultra Trail en el Parque Aconcagua, Mendoza (Argentina), llegando a Plaza de Mulas con algo más de 4300 msnm.

Y si todo sale bien, también participaré de La Misión en San Martín de los Andes a escasos días (donde debuté en esta carrera en el año 2011): del 22 al 25/02/2018, con la opción de optar por una de las tres distancias (110 Km, 160 Km y 200 Km). En principio, estaría eligiendo los 160 Km, ya que tendría la compañía de algunos de los Hermanos de la Montaña, pero dependerá de las condiciones físicas. De lo contrario, podría optar por los 110 Km.

¿Será 2018 el año de Fiambalá Desert Trail? Muy posiblemente.

jueves, 27 de julio de 2017

Trilhas do Gaúcho 2017 - 50 Km en Arroio do Meio, RS, Brasil


Yuval Noah Harari en "Homo Deus" cita a Jorge Luis Borges en su cuento "Un problema", que versa sobre Don Quijote de la Mancha y su creación de un mundo imaginario en el que él es un campeón legendario que está dispuesto a luchar contra gigantes (los molinos de viento) y salvar a Doña Dulcinea del Toboso (en realidad, Aldonza Lorenzo, una ordinaria muchacha pueblerina). ¿Qué ocurriría, se pregunta Borges, si a partir de su creencia en tales fantasías don Quijote atacara y matara a una persona real? Se plantea así una pregunta fundamental acerca de la condición humana; ¿qué ocurre cuando los relatos que teje nuestro "yo narrador" nos causan gran daño o lo causan a los que nos rodean?

Me detengo solamente en una de las opciones planteadas por Borges, cuando expresa que cuanto más sacrificios hacemos para construir un relato imaginario, tanto más fuerte se vuelve el relato, porque deseamos con desesperación dar sentido a esos sacrificios y al sufrimiento que hemos causado.

¿A qué viene esa referencia a Harari y Borges?

Es que muchas veces pienso que quienes abrazamos estos desafíos, estamos dispuestos a hacer enormes sacrificios personales y familiares (con un toque egoísta indudable), y terminamos construyendo un "relato" que en general tiene poco de real a partir de ciertas (escasas) certezas. En la búsqueda de darle credibilidad, los resultados a los que me referiré en esta crónica, vienen muy bien para darle una pequeña cuota de "racionalidad" a esta pasión. Si es que ello es posible.

El grupo de uruguayos que hicimos internacional esta primera edición de Trilhas do Gaúcho, estuvo conformado por Carlos Douglas Hernández -generador de la iniciativa-, Andrea Montans, Andrea Molinari, Marianna Muzzio, Martín Zanabria, Paola Nande y yo. Viajamos en dos vehículos el día jueves 20, para alojarnos en el Zallon Hotel, en la preciosa ciudad de Lajeado, unos 120 kilómetros al noroeste de Porto Alegre. Resultó una preciosa y muy prolija ciudad, con unos 80.000 habitantes, considerada entre las mejores ciudades para vivir de Brasil, con un crecimiento ordenado y sostenido.

Después del descanso nocturno y un buen desayuno en la mañana del viernes, con Martín, Paola y Marianna salimos a trotar suavemente durante unos 45 minutos por un precioso parque ubicado muy cerca del hotel, y sus calles cercanas. Ya en la tarde, fue el momento de preparar las cosas para la carrera, después de una visita -para conocer el camino- a la zona de largada y llegada en Arroio do Meio, ubicado a unos 15 kilómetros de Lajeado.

En la mañana del sábado y tras un generoso desayuno temprano y de disfrutar unos mates, partimos a la zona de largada, donde llegamos unos minutos antes de las 9:00, con una niebla que cubría las zonas más bajas pero que se disipó totalmente cuando llegamos a la largada, para dar paso a un día soleado y claro. Los "morros" -pese a que no superan los 540 msnm- se ofrecían en todo su esplendor. Conversando con uno de los organizadores que tuvo a su cargo el marcado del terreno, nos estuvo comentando sobre sus características, y en particular alertando sobre las sucesivas subidas y bajadas. Disponíamos de 4 horas para llegar al Km 22 -donde había un primer corte-, un total de 8 horas 30 minutos para alcanzar el Km. 45 donde estaba el 2° corte, y 10 horas para completar todo el recorrido de 50 kmts. con 2500 metros de desnivel acumulado positivo. En particular, nos alertaron sobre los cuatro últimos ascensos -a modo de "serrucho" ubicados a partir del kilómetro 34.

La presencia de "uruguaios" fue motivo de atención, razón por la cual fuimos objeto de muchas fotografías y de una entrevista para la televisión. No deja de ser placentero que nos reciban tan bien en estos destinos, y que permanentemente nos estén agradeciendo por la presencia y participación en estos desafíos. Es cierto que puede llamar la atención que un grupo de corredores haga 900 kilómetros de ida y otro tanto de vuelta, para participar de estos desafíos, pero estos uruguayos estamos acostumbrados (somos "Esos locos que corren", como escribió Marciano Durán).

Destacó un corredor brasileño: "La organización de Brutus do Gaúcho hizo un gran esfuerzo para tener una prueba de nivel nacional en tierras gaúchas. Lo consiguieron. Una carrera barata, con buena estructura. Pero, principalmente, una prueba con trillos extremadamente técnicos. Los corredores con poca experiencia en este tipo de terrenos, sufrieron mucho. Hubo trechos en caminos de tierra, pero solamente como conexión para entrar a otros trillos". Lo único que le corrijo: fue una prueba de nivel internacional.

A lo que vinimos

Unos 6 minutos antes de las 10.00 AM, se hizo la largada por un camino de tierra durante 1,5 km en leve bajada, donde algunos salieron a ritmo fuerte, en tanto yo -como ya es característico- me puse a trotar suave para no quedar muy atrás, pero también para no ahogarme ya a la salida. Tomamos un sendero a la izquierda con rumbo al monte, para comenzar un ascenso hasta los 220 msnm, y enseguida volver a bajar. Douglas, Martín, Marianna y Paola se fueron adelante, en tanto las dos Andreas venían más atrás. Por el Km 5 retomamos nuevamente el ascenso, ahora ya fuerte y pronunciado, combinando caminos de tierra y "trilhos" algo sucios, hasta alcanzar el primer puesto de hidratación (PH) en el Km 7 con 370 msnm. Bebí algo de agua y seguí mi camino, para bajar hasta los 200 msnm y nuevamente ascender -ya rumbo al punto más alto- rumbo a la cima del Morro Gaúcho, tramo en el que alcancé a Paola que avanzaba sintiendo el cansancio.

Ya llegando a la cima y en un camino bastante sucio, Pao se enganchó en una raíz y pese a que no llegó a caer, tuvo una fuerte torcedura que la dejó con dolor en el tobillo. Me dijo que siguiera pues ib a esperar a recuperarse para seguir, y no quería retrasarme. Dado que teníamos corte por tiempo, decidí continuar y esperarla en el puesto de abastecimiento (PA) del Km 22. Llegué a la cima con 540 msnm -km 14 de carrera- con una vista espectacular de toda la zona, que aproveché para tomar fotos. Dimos un amplio giro a una pequeña laguna que hay en la parte alta, para posteriormente subir por una zona muy escarpada con piedras, y volver a girar para emprender la bajada. En ese momento, identifiqué a Paola que estaba cruzando por el PH ubicado ahí en el Km 14, así que me dejó tranquilo que había podido seguir.

La bajada por zona bastante sucia, la hice a un buen ritmo, con permanente zigzag dentro del monte y cuidando no caerme o engancharme en alguna raíz o piedra. Llegamos a la bifurcación donde los corredores de 30 Km tomaban a la izquierda, en tanto los de 50 Km lo hacíamos a la derecha, para cumplir con una muy larga vuelta por los morros, y volver a pasar por ese punto cuando hubiésemos alcanzado los 39 Km. Después de llegar a los 270 mnsm en el Km 19, nuevamente nos tocó subir hasta los 400 metros, para posteriormente encarar una larga bajada por una carretera de tierra, que nos llevó al PA del Km 22, donde llegué en 3hs 25 minutos (3:19 de acuerdo con el tiempo oficial, pues habíamos largado 6 minutos antes). Allí me detuve brevemente a descansar, tomé una guaraná, comí algo de fruta y repuse Gatorade, cuando vi llegar a Andrea Molinari. Me comentó que Andrea Montans venía más atrás, y a Paola la vi bajar por la carretera cuando retomaba mi camino por un sendero de tierra hacia la izquierda, en franca subida.

Llegamos al primer corte, pero esto recién empezaba

A partir de este punto y después del breve descanso y recuperación en el PA, disponía de 5 horas para los siguientes 23 kilómetros de carrera, razón por la cual me quedé bastante más tranquilo pues había hecho los primeros 22 km en algo menos de 3 horas 30 minutos. De cualquier forma, recordaba el comentario sobre la dificultad de los últimos cuatro ascensos, así que no podía "dormirme" en los laureles. Nuevamente enfrentamos una subida pronunciada y sucia hasta los 450 msnm, para posteriormente transitar por un permanente sube y baja hasta el Km 31, donde salimos a una carretera de tierra. Serían las 15 horas aproximadamente, y me empecé a sentir terriblemente cansado, en ese tramo en subida hasta el PA del km 35. Un poquito antes, me alcanzó Andrea Molinari quien me comentó que Paola muy posiblemente hubiese abandonado en el Km 22 pues venía cansada y prefería esperar al "corte por tiempo". El encuentro llegando al PA me cambió a partir de ese punto. Me recuperé después de tomar bastante agua, comer frutas y algunas galletitas, y encaramos juntos tirando en las subidas y largándonos al trote en las bajadas.

A partir de ese km 35, nos quedaban los ya famosos últimos cuatro ascensos y descensos. Como nos habían dicho, resultaron duros, exigentes y peligrosos, con tramos con muchas piedras y barro pegajoso. En el Km 39 nos controlaron las linternas frontales, antes de ingresar nuevamente a la zona de monte. La larga sucesión de subidas y bajadas se hizo interminable, pues además notamos que estábamos muy cerca de la meta, ya que el sonido de los parlantes de la Organización se escuchaba con mucha claridad. Exactamente en el Km 45 -donde estaba el último PH- superamos el último corte por tiempo con 8 horas de carrera, prácticamente el mismo margen que teníamos cuando llegamos al corte del Km 22 (30 minutos).

Tomamos a la derecha por unos escasos 300 metros, para nuevamente iniciar el ascenso -el último- hasta los 320 msnm, ya con la oscuridad de la noche, lo que nos hizo dudar en algún tramo pues no veíamos bien las señales. El descenso también fue peligroso, pues a la dificultad del terreno, se le sumaba la escasa visibilidad. En el tramo final, superamos a algunos corredores, para llegar a la meta en un tiempo total de 9 hs 08 minutos (mejor de lo esperado), donde nos esperaban nuestros compañeros que ya habían arribado.

Terrible paliza para el cuerpo, una fiesta para el alma.

Recibimos dos preciosas medallas y -con el frío reinante- aguardamos a la entrega de premios, ya que nos llevamos muy agradables sorpresas:

- Martín Zanabria - 7 hs 07 min - 4° en su categoría
- Douglas Hernández - 7 hs 18 min - 2° en su categoría
- Marianna Muzzio - 8 hs 22 min - 1a. en su categoría
- Andrea Molinari - 9 hs 08 min - 1a. en su categoría
- JX (yo) - 9 hs 08 min - 2° en la categoría

Los cinco recibimos preciosos trofeos y nos tomamos muchas fotos. Luis Leandro Grassel -el Organizador- comentó durante la entrega de premios, que "os uruguaios vieram para arrebentar...". En la distancia de 50 Km ("Brutus", como la apodaron), completamos el recorrido 74 corredores. Paola -como ya señalé- había quedado fuera en el corte por tiempo del Km 22 (pese a que llegó con margen, pero decidió esperar), en tanto Andrea Montans tuvo algún inconveniente con el recorrido ya que se perdió y llegó a un punto de control por otro lado.

En lo personal, me sorprendí con el buen resultado, lo que además es mi mejor tiempo en la distancia, en un recorrido con mayor grado de dificultad que los anteriores. Fue mi "maratón y ultramaratón" N° 53, completando un total de 7.560 kilómetros en competencias.


"Es mucho más fácil vivir con la fantasía, porque la fantasía da sentido al sufrimiento", concluye Harari en su libro Homo Deus citado al comienzo. "Algunas personas viven una tragedia, otras habitan en un drama religioso inacabable, aún otras abordan la vida como si se tratara de una película de acción, y no son pocas las que actúan como si de una comedia se tratara. Pero, al final, todas son solo relatos".

sábado, 15 de julio de 2017

Trilhas do Morro Gaúcho - 50 Km

 El próximo sábado 22 de julio, estaré disputando los 50 Km de "Trilhas do Morro Gaúcho", en Arroio do Meio, Río Grande do Sul, Brasil, junto a Douglas Hernández -quien encontró esta carrera- Andrea Montans, Andrea Molinari, Marianna Muzzio, Martín Zanabria y Paola Nande. Como señaló el Organizador, hicimos "internacional" esta carrera, ya que no habían previsto que asistieran extranjeros, al extremo que seremos los únicos. Todo un privilegio.


A escasas tres semanas de los 75 Km de la Ultra Trail Amanecer Comechingón, voy por un nuevo desafío, con la intención de completarla dentro del tiempo previsto. Con eso, para mí será más que suficiente.
Prometo crónica y fotos. ¡Vamos que vamos!

lunes, 10 de julio de 2017

ULTRA TRAIL AMANECER COMECHINGON- 75 Km de pura mística


Hace ya cuatro años, disputé los 60 Km de UTACCH - Ultra Trail Amanecer Comechingón en Yacanto de Calamuchita (Córdoba), oportunidad en la que viajé junto al entrañable Rubito Beledo, Pablo Lapaz, Víctor Trillas, Alejandro “Highlander” Scuoteguazza, Carlos Douglas Hernández y Sebastián Paulós, instancia que encaré como parte del entrenamiento para la CCC en Mont Blanc que corrí en 2013. Recuerdo que esa instancia fue mi carrera N° 254, donde completé 4066 kilómetros en competencias, 1430 de ellos en Trail (35% del total). Con mucha más experiencia, el pasado 01 de julio fue mi carrera N° 417 completando 7475 kilómetros, 3915 de ellos de Trail (ya el 52%), y la N° 52 de 42 kilómetros o más.

La página Web de UTACCH expresa que es una aventura, una experiencia única y mágica para cada corredor que experimenta andar por tierras de los Comechingones, antiguos habitantes de las Sierras Grandes de Córdoba. “La mística”, dice la camiseta, y sin dudas ha ido construyendo esa sensación, al extremo que se han agregado nuevas distancias (13, 22, 35, 50 y 75 Km), se ha incrementado notoriamente la cantidad de participantes (se registraron 2307 llegadas a la meta, un 60% de hombres y un 40% mujeres), y se otorgan puntos ITRA a las dos distancias “ultra” (4 puntos a los 75 K y 3 a los 50 K).

Es ineludible recordar a Les Luthiers en su espectáculo "Mastropiero que nunca", en particular su “Cantata del Adelantado Don Rodrigo Díaz de Carreras, ...”:
“Somos Comechingones, muy renombrados,
joyas, collares, mantas, vendemos en el mercado
y a los que no nos compran, nos los comemos asados”.

Sin dudas, es un recorrido precioso, agreste, duro, propio de las sierras cordobesas, bastante distinto a lo que normalmente encontramos en la zona patagónica del sur o en las sierras de Uruguay.

"Culmina Rodrigo dura travesía" (El viaje y la previa)

En esta ocasión, el viaje fue bastante distinto ya que organizamos la ida con tiempo, junto a algunos de los “Hermanos de la Montaña” y de la vida: Martín Zanabria, Paola Nande, David Vega, Alejandra Isabella y Jorge Nin, Federico Sanguinetti y Eiko Senda, los hijos de Martín, Paola, Federico y Eiko, y se nos agregó el amigo argentino Federico Sivila. Tengo mucho para contar sobre las anécdotas del viaje, pero prefiero mantener la amistad... Les dejo solamente el momento en que llegamos a Migraciones, en el Puente Fray Bentos - Puerto Unzué: Federico -excelente barítono- baja el vidrio y le canta al funcionario "Fígaro, Fígaro, Fígaro, Fígaro... ", y Martín que le dice algo así como "acabamos de sacarlo ayer". Sobre las discusiones en relación con la ruta, el GPS o el tiempo de detención en ruta por un pasajero que viajaba sin cinturón de seguridad, no cuento nada.
  
Nos alojamos en Santa Rosa de Calamuchita -a 30 Km de Yacanto-, donde llegamos en la noche del jueves 20. El viernes 21 lo dedicamos a retirar el kit (me correspondió el N° 3125) y preparar todo lo necesario para la carrera. Dado que largamos a las 5:00 AM, el despertador sonó a las 3:00, para desayunar rápidamente gracias a la enorme gentileza de la gente del Hotel Gloria.

"... de sus hazañas en tierras de Indias..." (La carrera)

El clima estaba frío pero absolutamente despejado, lo que hacía presumir que íbamos a tener un día espectacular. Decidí largar con la remera “segunda piel” y la de carrera por encima, sin campera cortaviento, con calzas cortas y medias de compresión (esas blancas, marca Sox, con mi nombre y apellido bordado). 

Después de las fotos de rigor, largamos a la hora indicada. Como era previsible, Jorge Nin, Martín, David y Paola salieron a ritmo fuerte, en tanto yo lo hice junto a Alejandra. Avanzamos más lentamente, con las linternas frontales encendidas y optamos por caminar en los tramos en subida, en tanto trotamos en los planos y bajadas. Después de 7.5 Km, llegamos al primer puesto de abastecimiento (PA), en el denominado “cortafuego”, donde tomamos a la izquierda para ingresar a una zona con bastante desnivel, trillos de pasto y algo de barro. Cruzamos el primer arroyo, donde ya nos mojamos -el frío hacía que “dolieran” los pies- pero seguimos a ritmo sostenido. En la zona de bajadas, Ale se quedaba un poquito atrás, pero enseguida me alcanzaba en cuanto enfrentábamos terreno plano. Allá por los 12 kilómetros, nos superaron los punteros de la distancia 50 Km, en una zona de larga subida (habían largado a a las 6:00). Ya llegando al puesto del Negro Pereyra -Km 16- el sol asomaba por la sierra, pintando el horizonte con colores espectaculares.

Le comenté a una de las chicas del Puesto, que tenía cara conocida. "Si, soy una de las Pereyra, que siempre está en el puesto", me respondió, con mucho humor. Comimos algo, disfrutamos de una sopa caliente y emprendimos el ascenso hacia el Cerro Agustín. En el recorrido, ya volvían los punteros de la distancia, donde vimos bajar a Jorge, David, Martín y Paola, en ese orden. A falta de unos 2 kilómetros para llegar al punto más alto, cruzamos el arroyo donde en el año 2013 me esperaba Víctor Trillas. Seguimos avanzando, para finalmente hacer cumbre donde alcanzamos casi 2300 msnm y unos 27 kilómetros de carrera, con un sol que brillaba fuerte haciendo muy placentera la mañana pese al frío invernal. En ese momento, decidimos parar para ingerir algún alimento y descansar un poco.

"... de los singulares acontecimientos en que se vio envuelto..."

En la bajada, Ale insistió en que no la esperara pues en general va más lenta que yo. Me fui adelante, para llegar nuevamente al PA (km. 30.5), donde estuve unos 10 minutos descansando, comiendo frutas y tomando un caldo caliente, mientras esperaba a Alejandra. Conversé un ratito nuevamente con las chicas del PA, que aprovecharon para "tomarme el pelo" nuevamente con gran sentido del humor. Me preguntaron si iba a seguir o abandonaba..., cuando dije muy firmemente que seguía y les pregunté si se habían registrado abandonos, una de ellas me dijo: "Sí, aquí murió uno -perdón- abandonó uno". Dado que Ale no llegaba, decidí seguir pues temía por los cortes por tiempo. La misma chica me dice: "Qué mal, le prometió que la esperaba y se va". "Sí, tenés razón, la espero", le respondí. "No, es una broma", remató. Y cuando ya había hecho unos metros, me grita: "allá viene". Dí vuelta, y las tres chicas, riéndose, me dicen: "No, es mentira, no viene nadie...". 

A partir de allí, en general el terreno iba en leve descenso, tramo en el que fui intercalando posiciones con otros corredores. Alcancé el PA ubicado en el Km 42,5 en “Los Corrales”, con 9 hs 50 minutos de carrera (algo más de lo esperado, pero con un margen razonable para el corte), donde había un buen número de corredores alimentándose con el asado preparado por quienes atendían el puesto. Disfruté de una buena cantidad de Coca Cola, comí algo y decidí seguir (con algo de culpa, ya que mi compañera de carrera no llegaba).

A partir de ese punto, los corredores nos distanciamos y ocasionalmente encontrábamos a alguno. Fabián (colega de La Misión y Machupicchu, de Santa Rosa, La Pampa), y un nuevo colega Gabriel Dubini (Buenos Aires), que venía con algún dolor fruto de un leve esguince al inicio de la carrera.

Después de un largo recorrido, llegamos a una bifurcación donde los corredores de 75 Km doblamos a la derecha para emprender un camino en leve subida hacia Capilla El Carmen, Km 51.5 Km. Hicimos una especie de “gota” de unos 5 kilómetros, para retornar por el mismo camino que habíamos tomado, tramo en el que Gabriel se quedó atrás. Llegué nuevamente a la bifurcación, donde consulté al bombero que estaba allí ubicado sobre el eventual pasaje de Alejandra (haciendo referencia a la banderita uruguaya que llevaba en su mochila… pero después me enteré que la había perdido), y a partir de allí encaramos rumbo a El Durazno. Aún podía trotar en zonas de bajada y planas, pero ya sentía el esfuerzo y una molestia en la planta de los pies, maldiciendo por haber llevado un calzado bastante “castigado”.

En el Km. 60.5 llegamos al Cruce de la Chaqueña, donde estaba el sexto PA. Después de tomar un poco de líquido y comer maníes y frutas, emprendimos una fuerte bajada hacia un camino de tierra. Empezaba a bajar el sol, así que me coloqué la linterna frontal, y un poco más adelante la tuve que encender, ya a las 19:30 horas. El cruce de un arroyo -peligroso por lo profundo y la fuerza de la corriente- fue sencillo gracias a la excelente colaboración de los bomberos que allí se encontraban, que nos ayudaban a cruzar entre las enormes piedras.

Cuando salimos del camino de tierra para ingresar nuevamente a trillos de campo y un tramo en fuerte subida, me pegué a una pareja de jóvenes argentinos, y decidí seguir con ellos. Veía a lo lejos, tres corredores que se acercaban a buen ritmo, e incluso escuchaba sus voces. En determinado punto, mis compañeros ocasionales no veían señales -ni yo tampoco- así que les sugerí volver hasta la última marca y buscar el camino correcto. Nos alcanzaron los tres que venían más atrás, y cuando les dijimos -en la oscuridad de la noche- que no veíamos señales, identifiqué la voz de Alejandra. "¿Ale?", le digo; "¡Jota!" me respondió. El reencuentro fue muy propicio para rápidamente ponernos al tanto de nuestros ritmos y “desventuras”, en particular el malestar estomacal de Ale durante gran parte del recorrido. Mis dos acompañantes, eran además compañeros de los dos que venían con Alejandra, así que decidimos seguir todos juntos.

En la noche, divisamos a lo lejos el 7° PA -Puesto de Ortiz-, en una carpa iluminada y con fuego encendido, con música cordobesa que se escuchaba desde muy lejos, y una onda increíble. Después de una fuerte bajada, llegamos a ese puesto. Sentía el estómago bastante revuelto, así que no pude comer nada, pese a que había un asado espectacular. Descansamos un poquito e ingerí tres pedacitos de naranja, que me permitieron sentirme mejor. A partir de allí, nuevamente nos esperaba una subida pero ya en un terreno bastante más limpio y por caminos de tierra, divisando algunas casas de la zona cercana a Santa Rosa de Calamuchita.

"... y de cómo se desenvolvió"

Cuando culminó ese tramo, salimos a la carretera de tierra, donde nos indican que nos faltaban 2.5 kilómetros para la meta. Ahí, todos nos pusimos a trotar, y nuestros ocasionales compañeros se nos fueron adelante. Pese a que Alejandra estaba con más fuerzas que yo en ese tramo, me esperó -flor de aguante, me hizo- para llegar a la meta en 17 hs 20 minutos (posición 194, 24° en la categoría por edad entre 30 competidores), donde nos esperaban nuestros compañeros. Objetivo conseguido, misión cumplida, dentro del tiempo límite de 19 horas.

¿Qué decir de los compañeros? Se mandaron flor de carrera. Jorge Nin llegó en la posición 34 con un tiempo total de 11 hs 11 min, Martín y David llegaron en la posición 62 y 63 con 12 hs 19 min, en tanto Paola fue 24ª. entre las mujeres con 13 hs 43 min, y Alejandra 56ª.

Oro por baratijas. ¡Qué abuso! ¡Qué trueque tan desigual!

Después de una ducha caliente en el hotel, cenamos unos sándwiches de lomito, para irnos a descansar. El domingo a la mañana, disfrutamos de un excelente desayuno y comentamos sobre la carrera. Emprendimos el retorno a las 10:20, en tanto nuestros compañeros de viaje siguieron hacia Mendoza a disfrutar de una semana de vacaciones en la nieve del Refugio San Bernardo, en la zona de Vallecitos.

En lo personal y pese a la ubicación en la carrera, debo considerarme satisfecho pues además de la distancia -75 Km-, la acumulación de carreras que traigo, el desnivel acumulado positivo (3500 metros, realmente exigentes), regulé el ritmo en la mayor parte de la carrera y culminé bastante entero, al extremo que durante el viaje de retorno prácticamente no sentí molestias.

¡Mi honra está en juego, y de aquí no me muevo!

A mis hermanos de la vida y compañeros de aventuras, un enorme ¡gracias! por un fin de semana espectacular. Siempre es un privilegio poder compartir desafíos disfrutando a pleno de la naturaleza y de los amigos. El próximo 22 de julio, me esperan los 50K del Trilhas do Morro Gaúcho, en Arroio do Meio, Río Grande do Sul, cerca de Porto Alegre, junto a Douglas Hernández, Martín Zanabria, Andrea Montans, Paola Nande, Marianna Muzzio y Andrea Molinari. Hicimos internacional, esta carrera, ya que originalmente no habían previsto que pudiera ir gente del exterior. 

"A lo que vinimos"

Ah!, la apuesta entre nosotros sobre la sumatoria de tiempos de todos los integrantes del grupo, la ganó Martín Zanabria por escaso margen (apostó por 96 horas, y pusimos 97 hs 57 min), frente a Jorge Nin (que votó por 100 horas). Por tanto, es el invitado en el próximo asado que hagamos.

lunes, 19 de junio de 2017

Desafíos 2018


En el 2018, proyecto volver a disputar La Misión en San Martín de los Andes, entre los días 22 a 25 de febrero. En esta oportunidad, se presentan tres opciones de distancias: 110K, 160K y 200K. Resta decidir en qué distancia me inscribo, ya que dependerá del desafío que sigue: El Origen.


Es una preciosa carrera que se disputa en tres etapas con descanso al final de cada una, con una logística de primer nivel, ofreciendo en su 7a edición, también tres distancias: 100K, 50K y 30K. En esta oportunidad, la base será en Portillo (Chile), y comprenderá recorridos por el Aconcagua, Cerro Tolosa, Cristo Redentor, Puente del Inca, Puente del Durazno, Glaciar Juncal y Laguna del Inca. La enorme duda que me queda, surge por el hecho que se disputa exactamente una semana después que La Misión. ¿Será mucha locura? ¿O una buena manera de disfrutar de un par de semanas de vacaciones? ¿Podré hacer 110K "non stop" en La Misión, y 100K en El Origen? Con seguridad, es menos carga que en la Transalpine Run que corrí en 2015. Veremos.

viernes, 31 de marzo de 2017

Estamos rodeados, así que "¡a lo que vinimos!" - Crónica de una inolvidable experiencia en los Andes de Salkantay y la selva del Cusco, Perú

Cusco –Patrimonio histórico de la Humanidad- fue la capital del gran imperio Inca, y guarda impresionantes tesoros en un entorno natural de singular belleza y atractivo, con múltiples ofertas para los aventureros amantes de la montaña. En esta oportunidad, fue además la base de la denominada “Ultra Machupicchu Trail”, carrera de montaña en régimen de semi autosuficiencia non stop (todos deberíamos conocer estas condiciones, y noto por los comentarios que en muchos casos, no fue así, o que se minimizaron los riesgos), con cuatro distancias: 15K, 30K, 70K y 100K disputadas los días 25 y 26 de marzo pasados.

Caminante no hay camino, se hace camino al andar… (Cantares, Joan Manuel Serrat)

Fue mi competencia N° 50 de Maratones y Ultramaratones, así que el número “redondo” tenía un especial significado. Hubo un primer intento de hacer la carrera el año pasado, pero por razones de organización y permisos en los recorridos previstos, quedó postergada para esta fecha, lo que me permitió agendarla y resolver todos los aspectos logísticos con tiempo. Opté por la distancia 70K donde tenía un límite de tiempo para completarla de 20 horas, ya que cuatro semanas antes había disputado la “4 Refugios” en Bariloche y no podía correr riesgos.

Corro porque los atletas amateurs trascienden el hecho de correr. Correr es un estilo de vida.

Otros uruguayos también se hicieron presentes en las pruebas: en 100 K, María Cantera y Pablo Lapaz (más José Fernando Vázquez, artiguense radicado hace muchos años en Brasil y que compite por ese país); en 70K, Mabel Paiva, “Caroteno” Chabalgoity, Hebert Prado, Dardo Parentini y yo (Paula López tuvo un lamentable accidente en la tarde previa, con fractura en los pies, pero ya está en franca recuperación aquí en Uruguay); y en 30K, Libia Vico y Guillermo Estradé. Resultó muy grato ver la enorme cantidad de argentinos –encontré varios amigos de estas carreras- y brasileños presentes entre los cerca de 400 corredores en todas las distancias. En términos porcentuales no nos podemos quejar de la representación del “paisito”.

Entonces siempre acuérdate, de lo que un día yo escribí… (Palabras para Julia, Paco Ibáñez)

Me ha costado bastante encontrar un hilo conductor para esta crónica, ya que plasmar en palabras una experiencia como ésta, supone seleccionar algunos aspectos y -por tanto- descartar otros, donde las circunstancias a las que brillantemente refería Ortega y Gasset hace ya 100 años en sus “Crónicas del Quijote”, pueden teñir con mucha subjetividad el relato. Pero es el riesgo que siempre corremos, que en mi caso lo tomo con la tranquilidad de intentar ser lo más fiel posible con las vivencias que busco transmitir, reflejando con emoción y pasión aquello que en cada momento viví. Si se mantiene en mi mente y en mi corazón, es porque para mí tiene valor.

Dice Mauricio Bergstein en “La fiesta de los Dioses”, que en los viajes, lo que verdaderamente cuenta no es comprender, es ver. En mi caso, trato de ver todo lo que pueda, pero también de comprender, ya que aquí entran en juego las circunstancias, las emociones, las subjetividades de cada situación, con sus complejidades y contradicciones, es decir, la vida con todas sus riquezas y miserias. En este caso, tuve la fortuna de conocer un “Patrimonio de la Humanidad” con toda su majestuosidad, pero también de compartir vivencias con algunas personas increíbles y a quienes mucho les debo -ustedes lo saben-, como intentaré reflejar.

La aclimatación previa

Además de los que fuimos a competir, compartimos esta semana con otros tres compañeros, verdaderos “acompañantes” de lujo: Gabriela, Fabiana y Juan. Con seguridad, fuimos la selección con mejor soporte logístico. En la selección de opciones para aclimatar adecuadamente y conocer lugares, en los días previos hicimos un par de excursiones al Valle Sagrado de los Incas y al Santuario de MachuPicchu, además de las caminatas por Cusco. En todo momento, me sentí bien físicamente, sin complicaciones por la altura, haciéndole caso a todas las recomendaciones desde el punto de vista médico para una buena aclimatación (salvo en las bebidas... sí, me salí de los consejos al disfrutar de abundante pisco sour y de cerveza Cusqueña…).

En la visita a Valle Sagrado de los Incas, destaco el pueblo de Pisac y su centro arqueológico, donde tuve el privilegio de encontrar al gran atleta argentino Daniel Pincu. Mientras nos tomábamos una foto en el centro arqueológico con la bandera uruguaya, un visitante -Daniel- comenta sobre la presencia de la delegación uruguaya. Me pregunta mi nombre, y ahí nos identificamos (lo conocí en La Misión 2013 y en el Mont Blanc). “Después de Ruben Manduré, Uruguay envía a quién más ha corrido en la montaña”, me dijo entre sonrisas. Hicimos todo un simulacro para la toma de fotos, mientras nos confundíamos en un abrazo. En el descenso, decidimos hacer un trote suave para ver cómo nos sentíamos.

De allí seguimos a Urubamba y Ollantaytambo, donde hicimos una visita guiada a la zona arqueológica, para en el retorno a Cusco, detenernos en el precioso pueblo de Chincheros -a unos 4200 msnm- donde conocimos el trabajo que allí se realiza, contado con lujo de detalles por las mujeres artesanas.

El miércoles 22 viajamos muy temprano a conocer el Santuario Histórico de Machupicchu, combinando ómnibus hasta Ollantaytambo y posteriormente tren (PerúRail) hasta el pueblo. Allí decidimos subir caminando por el largo sendero que corta el camino en zigzag que hace el ómnibus (junto a Mabel, Dardo y Hebert). Duro pero interesante, necesario y conveniente para la aclimatación y el entrenamiento. Nos llevó 1 h 50 minutos, y en la cima pudimos disfrutar de un buen mate –no puede faltar-, mientras esperábamos a los demás compañeros (Gabriela, Fabiana y Juan), rueda que compartimos con una ecuatoriana que descansaba en la cima (¡le gustó el mate!). Después de un buen descanso, ingresamos a las ruinas, donde fuimos hasta la Puerta del Sol, el impresionante Puente del Inca, y posteriormente recorrimos las ruinas. Al retorno y antes de iniciar el descenso, disfrutamos de unas buenas "birras" Cusqueña, y encaramos la bajada –se sumó Fabiana y se quedó Hebert, que bajó en el ómnibus- al trote. El cartel indicador señala que se baja en 60 minutos; nosotros lo hicimos a buen ritmo, en 40 minutos.

El jueves 23 –día de descanso activo- fuimos a retirar el kit en la mañana al Hotel Marriot, y en la tarde asistimos a la charla técnica, momento en el que nos enteramos del lamentable accidente de Paula, así que nos retiramos a la Clínica Peruano Suiza para conocer su estado de salud. Pese a la dura circunstancia, impresionaba ver el buen estado de ánimo de Paula. Le prometimos que íbamos a hacer la carrera en su homenaje.

A lo que vinimos

A la mañana temprano del viernes 23, salimos en buses rumbo a Mollepata, un pueblito en medio de la montaña ubicado a unos 2800 msnm, con la apacible calma propia de estas comunidades alejadas del movimiento de las grandes ciudades. La espera allí, fue propicia para grabar algunas imágenes con amigos de estas disciplinas, disfrutar de la fiesta que se vivía en el pueblo que se desbordó con tanta gente “rara”, ver extrañados las comidas típicas que se preparaban alrededor de la plaza, y sumarnos al izado de banderas de los países participantes.

En la distribución de alojamientos, nos correspondió la casa de Yanet, junto a colegas mexicanos. Joven, con 4 o 5 hijos (no llegué a precisarlo) y viviendo también con su madre-, nos abrió su casa y su corazón con todo lo que tiene, en una pobreza digna que nos impactó por su frescura y autenticidad. No pude menos que darle un muy fuerte abrazo y un enorme “gracias” por esa manera de recibirnos.

Despedida y abrazos: la certeza de que nunca más nos volveremos a ver. Como aprendería más tarde: para el viajero, cada encuentro es un momento único. (La fiesta de los Dioses, Mauricio Bergstein)

En los intercambios con los compañeros, recordé otro comentario de ese libro, cuando Mauricio se pregunta:  "La gente, ¿es feliz aquí?" Muy posiblemente, es una pregunta que nunca nadie se formuló, al menos en el sentido de “felicidad” que podemos darle nosotros. Esa jornada vivida en Mollepata, tuvo también la riqueza del encuentro con el Alcalde, que estuvo recorriendo los diferentes lugares del pueblo y buscando atender a los visitantes, a quien le comenté por la enorme presencia de extranjeros. “Sí, lástima que dura solamente un día y mañana ya volvemos a la rutina”, me respondió.

La carrera

Y se largó la lluvia. A las 2:00 largó la carrera de 100K desde Mollepata, en tanto los corredores de 70 K fuimos trasladados a partir de las 3.00 hacia Soraypampa, a 3890 msnm. La llovizna persistente y el daño causado en el camino por el agua –incluso con un desmoronamiento en un punto del sendero, que estaban reparando con máquinas-, hizo que el viaje fuera más largo de lo previsto.

Al llegar, encontramos a Caroteno Chabalgoity que había venido en una ambulancia que iba a esa zona. Siempre nos encomendamos a nuestros dioses y duendes protectores en el momento de largada, aunque en tono de broma digo el saludo de los gladiadores: "Ave César, los que vamos a morir te saludan".

Largamos finalmente a las 6:00 AM –una hora después de lo previsto- para enfrentar la dura subida hacia la Laguna de Humantay a 4260 msnm, y posteriormente bajar. Me resbalé un par de veces pegándome unos buenos golpes y aprendí a patinar en el barro, así que puedo decir que arranqué mojado y embarrado…

Intercalando detenciones para recuperar el aire, encaramos el nuevo ascenso hacia Salkantay Pampa (4160 msnm)  y 6.5 km de recorrido–siempre con la llovizna complicando-, por el costado del arroyo que baja con mucha fuerza de la montaña. En ese tramo encontramos a Pablo Lapaz, quien se fue adelante. 

Corazón que aprendió a latir más lento, para poder llegar más lejos

Al llegar al puesto, además de la hidratación y alimentación, teníamos la posibilidad de medir el nivel de oxigenación en la sangre y –de ser necesario- recibir un poco de oxígeno que nos ofrecían los paramédicos de la Organización. Estábamos muy bien cuidados, como sucedió en prácticamente todo el recorrido, y hay que destacarlo.

Dado que los “Cuatro Fantásticos” (Mabel, Hebert, Dardo y yo) nos sentíamos bien, emprendimos el siguiente tramo con convicción. En ocasiones, la llovizna nos permitía ver apenas el imponente nevado de Salkantay. El camino seguía en ascenso hasta Soyrococha (4480 msnm), donde completamos 8.5 km. Nuevamente nos consultaron por el estado de salud, y continuamos.

Como señala uno de esos videos motivadores que pueden encontrarse en las redes sociales, “con el romanticismo de esos locos que viven estúpidamente enamorados de su anónima misión deportiva” decidí desafiar a mis compañeros. A 4500 msnm le pedí a Dardo que encendiera su cámara y filmara un trote en ascenso, al que se sumó Mabel y Hebert, que dedicamos a Martín Zanabria. Sí, lo hicimos con la dificultad propia de la escasa cantidad de oxígeno en el aire, pero sin sufrir ningún mareo o dolor de cabeza, salvo la natural agitación por el esfuerzo a tanta altura.
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Tan fácil, fácil, no es, horizonte lejano, correr y correr… (“Carretera perdida”, grupo de rock uruguayo ”Buitres”)

En tanto nos superaban algunos turistas que ascendían en mulas, fuimos intentando registrar las espectaculares imágenes que nuestros ojos captaban entre la niebla y la llovizna. Mientras ascendiamos,  sentíamos que estábamos en el Infierno; al llegar nos dimos cuenta que estábamos en el Paraíso. Después de un respetable esfuerzo, llegamos al Abra de Salkantay (4640 msnm y 9.5 k de competencia). ¿Qué agregar, ante tanta majestuosidad? Nos divertimos mucho, tomamos fotos, gritamos, saltamos y renovamos el compromiso con los Hermanos de la Montaña.


Apenas retomamos el camino por el abra, una especie de “sacerdote” nos untó los labios con un aceite y nos hizo una revisión del estado de la cabeza (iba a escribir “mente”, pero con seguridad debería decir que estamos muy mal…), pulmones y estómago, mientras hacía girar unas cuentas de vidrio. “Están muy bien, felicitaciones”, nos dijo a los cuatro.

El hombre siempre ha viajado amarrado a algún fundamento. Y yo, ¿en nombre de qué viajo? Sin causa, sin bandera, en nombre de nadie, sigo de un sitio a otro. (“La fiesta de los Dioses”)

Enseguida nos esperaban dos chamanes, que nos hicieron pasar por un ritual de agradecimiento a la Pachamama, la madre tierra, en un terreno plagado de apachetas, esos montículos de piedras originalmente colocados como ofrendas, en particular en las zonas altas y en las cuestas difíciles, que con el tiempo fueron convirtiéndose también en una guía para los caminantes. Además de la protección de los paramédicos y personal de la Organización, corríamos con la bendición de la Pachamama. Hasta el más agnóstico de los mortales, se siente profundamente conectado con la Madre Naturaleza en esas circunstancias, como sin dudas nos sucedió a cada uno de nosotros.

Continuó un camino difícil y peligroso por zona de muchas piedras en leve bajada, técnico y complejo, tramo en el que superamos a Pablo Lapaz que bajaba con mucho dolor en la rodilla y tobillo de la pierna derecha, hasta los 3900 msnm que alcanzamos en el Km 15, cuando llegamos a Wayracmachay. También aquí había buena atención médica –le ofrecieron a Hebert curarle una herida superficial- y pudimos alimentarnos abundantemente.

Soy náufrago en el mar, y en tierra no paro de caminar… (“Náufrago”, grupo de rock uruguayo: Cuatro Pesos de Propina)

Continuamos bajando, ya sobre un largo camino de tierra que nos llevó a pasar por Chaullay y alcanzar Collpapampa, a 2800 msnm y con 27 km de recorrido. Por momentos, el calor se hacía sentir ya que había parado la llovizna, así que nos detuvimos a quitarnos un poco de abrigo. Seguía un largo camino en bajada, serpenteando en la sierra con la espectacular vista del arroyo que baja con mucha fuerza de la montaña, y –cada tanto- cascadas que derraman sus aguas dándole un toque mágico al paisaje. Intercambiando trotes y caminatas, Mabel y –por momentos- Hebert, nos llevaban a un ritmo muy interesante. Nos cruzamos con muy pocos corredores en este tramo, lo que a veces hacía dudar –en especial, a Mabel- sobre el recorrido, ya que casi no había cintas, pese a que el único camino que había era este que bordeaba el arroyo (como lo había indicado Alain Dueñas, el director del evento). Ya cerca del siguiente punto, nos superó Pablo Lapaz que ahora avanzaba a un ritmo envidiable, ya totalmente recuperado de sus molestias.

Finalmente, después de un largo recorrido llegamos al denominado “Campamento de Vida”, ubicado en el Km 41 a 2080 msnm en la “Playa Sahuayacco”, justo cuando Pablo retomaba su camino. Aquí recibimos las bolsas con ropa para cambiarnos que habíamos enviado, corregimos algunas cintas de protección en los pies, tomamos una buena sopa de fideos y cuis, repusimos líquidos y después de un breve descanso, retomamos el camino, justo cuando llegaban en ómnibus los corredores de 30 km que a la mañana siguiente largaban desde ese lugar. Escuchamos el “aguante Uruguay” de Libia Vico y Guillermo Estradé, y después del saludo y las muestras de cariño, seguimos nuestro rumbo en leve bajada por un par de kilómetros, donde doblamos a la derecha para encarar en Lucmabamba el “Camino Inca” (alternativo).

Mire que son pagos lindos, los de la 5ª sección… (Isla Patrulla, dúo de Música Popular Uruguaya: Los Olimareños)

Desde los 2000 msnm, debíamos ascender hasta los 2812 msnm por un camino en general bastante limpio, con algunos tramos con piedras ubicadas como si fueran escalones. Apenas iniciamos el ascenso, una vecina ofrecía granadas a los corredores. Sentí cierta pena por responder negativamente ante esa muestra de cariño y apoyo, pero recién nos habíamos alimentado y no tenía sentido cargar con algún peso adicional. Por momentos, volvía a lloviznar, así que el recorrido se nos hizo duro, muy duro, inesperadamente duro. En todo momento me quedaba un poquito atrás, pero mis compañeros me aguantaron sin chistar. Ya nos había alcanzado la oscuridad de la noche, cuando llegamos al punto más alto –Llactapata- con 48 kilómetros de recorrido. Durante este tramo y como forma de entretenimiento, me vinieron a la mente algunas estrofas de “Isla Patrulla” cantada por Los Olimareños, a lo que se sumó Hebert ("... y a toda esa gente que quiso un camino nuevo pa' su pago, pero que no precisa un camino nuevo pa' llegar a mi memoria...").


Iniciamos la bajada por un camino absolutamente lleno de barro, todo pisoteado, donde era prácticamente imposible sostenerse, rumbo a la Hidroeléctrica ubicada a 1800 msnm, punto en el cual se supone que debíamos tomar rumbo a la base de la montaña Huayna Picchu, para posteriormente encarar el tramo final hasta Santa Teresa, a 1560 msnm. En esa bajada, Hebert rompió un bastón, al quedar clavado profundamente en el barro.

Al final del largo recorrido por el camino de tierra al costado del arroyo, llegamos a la cabecera del puente donde debíamos tomar rumbo a la base del Huayna Picchu, pero nos instruyeron a que tomáramos rumbo a Santa Teresa, ya que por razones de seguridad –casi se produjo un accidente con una corredora cruzando la vía del tren- se había decidido cortar el recorrido. Escuché la voz de Caroteno, que había llegado un ratito antes y ya estaba saliendo rumbo a la meta.

Después de reaprovisionarnos, salimos a encarar el último tramo bastante limpio, unos 8 o 9 kilómetros pasando muy cerca de la Hidroeléctrica y culminando en Santa Teresa. A falta de unos 2 kilómetros, alcanzamos a Caroteno –que marchaba con otros dos competidores- y a partir de ese punto continuamos juntos. Ingresando al pueblo de destino, nos esperaba una nueva sorpresa: el ascenso de una muy larga escalera, interminable, que nos quemó la poca fuerza que nos quedaba. Caroteno picó adelante para cumplir con su promesa a Paula, en tanto los “Cuatro Fantásticos” llegamos juntos a la meta -unos pocos metros atrás-, completando los 61.3 kilómetros que me marcó el GPS en un tiempo neto total de 15 horas 52 minutos, entre los aplausos del público. 

¿Puede haber satisfacción más grande que culminar mi desafío N° 50 entre “Maratones y Ultramaratones”, gracias al enorme apoyo de estos “hermanos de la vida”? ¿Cómo no considerarme privilegiado? No solamente me “aguantaron” en los momentos más duros –estuvieron siempre ahí, apoyándome- sino que además me permitieron cumplir esta meta tan especial, en un tiempo mejor al esperado, y entero físicamente.

La gran mayoría de corredores de 100 K también fueron cortados en el recorrido, y terminaron completando unos 84 kilómetros de acuerdo con mis estimaciones.

“Viajar es estar vivo, llegar es estar muerto”. Ergo, viajero es el que nunca llega.

Nos recuperamos un poco y un periodista que transmitía para la televisión local en directo, me entrevistó mientras mis compañeros descansaban sentados en el cordón de la vereda. Mabel gestionó con éxito, una medalla para Paula, que esperemos mitigue un poco su dolor por no haber podido participar a raíz del accidente que sufrió.

A la mañana siguiente, disfrutamos de un buen desayuno. Aquí debo destacar otra situación que me tocó vivir. Un niño –no más de 5 años- me observaba atentamente mientras desayunaba, y en un momento levantó su mano y –desde su más pura inocencia, sin decir palabra- me acarició la desprolija barba… ¿Le habrá llamado la atención alguien con pelos en la cara? Muy posiblemente sea eso, pues prácticamente no vi a nadie así en ese pueblo. Es una imagen que sigue presente en mi retina, que me conmovió.

Neurosis del caminante: nos apresuramos a correr y lanzarnos al camino. Nos desvivimos por arribar pero tan pronto atracamos en el sitio largamente soñado, nos asalta la prisa que nos ordena volver a partir. Itinerario sin destino y sin fin, brújula sin agujas y sin norte. Siempre con los pies mirando hacia allá, nunca hacia aquí. (La fiesta de los Dioses)

Los próximos desafíos ya están señalados en la agenda. Tengo la fortuna de haber alcanzado 7.266 kilómetros en competencias oficiales, más de la mitad en carreras de “trail” sin haber sufrido lesiones serias. Ello me ha permitido conocer a mucha gente, compartir aventuras con queridos compañeros de una calidad humana muy elevada, seguir creciendo y disfrutando de entornos naturales excepcionales, que de otra manera muy difícilmente conocería. "El camino es la recompensa", señaló el Maestro Tabárez, DT de la selección uruguaya de fútbol, y vaya si se aplica en mi caso. 

Si estos desafíos son una búsqueda: ¿de qué?, ¿de quiénes?

No tengo respuestas, sino solamente preguntas que se siguen acumulando. ¿El desarraigo? ¿El dolor por quienes ya no están? La memoria de mis padres está presente en cada paso que doy, y en particular la de mi hermana menor –mi querida “Morocha”- que siempre estaba pendiente de estas aventuras y me prometió que algún día –si se recuperaba de su cruel enfermedad- me acompañaría. No pudo ser, pero en cierta forma me siento acompañado siempre, protegido por su incondicional cariño que sigue vivo pese al transcurso del tiempo. A quienes llegaron hasta aquí, las disculpas por el toque tan personal, pero es lo que siento.

Respeto mucho a la montaña, pero no temo. Mis duendes me protegen.