lunes, 19 de junio de 2017

Desafíos 2018


En el 2018, proyecto volver a disputar La Misión en San Martín de los Andes, entre los días 22 a 25 de febrero. En esta oportunidad, se presentan tres opciones de distancias: 110K, 160K y 200K. Resta decidir en qué distancia me inscribo, ya que dependerá del desafío que sigue: El Origen.


Es una preciosa carrera que se disputa en tres etapas con descanso al final de cada una, con una logística de primer nivel, ofreciendo en su 7a edición, también tres distancias: 100K, 50K y 30K. En esta oportunidad, la base será en Portillo (Chile), y comprenderá recorridos por el Aconcagua, Cerro Tolosa, Cristo Redentor, Puente del Inca, Puente del Durazno, Glaciar Juncal y Laguna del Inca. La enorme duda que me queda, surge por el hecho que se disputa exactamente una semana después que La Misión. ¿Será mucha locura? ¿O una buena manera de disfrutar de un par de semanas de vacaciones? ¿Podré hacer 110K "non stop" en La Misión, y 100K en El Origen? Con seguridad, es menos carga que en la Transalpine Run que corrí en 2015. Veremos.

viernes, 31 de marzo de 2017

Estamos rodeados, así que "¡a lo que vinimos!" - Crónica de una inolvidable experiencia en los Andes de Salkantay y la selva del Cusco, Perú

Cusco –Patrimonio histórico de la Humanidad- fue la capital del gran imperio Inca, y guarda impresionantes tesoros en un entorno natural de singular belleza y atractivo, con múltiples ofertas para los aventureros amantes de la montaña. En esta oportunidad, fue además la base de la denominada “Ultra Machupicchu Trail”, carrera de montaña en régimen de semi autosuficiencia non stop (todos deberíamos conocer estas condiciones, y noto por los comentarios que en muchos casos, no fue así, o que se minimizaron los riesgos), con cuatro distancias: 15K, 30K, 70K y 100K disputadas los días 25 y 26 de marzo pasados.

Caminante no hay camino, se hace camino al andar… (Cantares, Joan Manuel Serrat)

Fue mi competencia N° 50 de Maratones y Ultramaratones, así que el número “redondo” tenía un especial significado. Hubo un primer intento de hacer la carrera el año pasado, pero por razones de organización y permisos en los recorridos previstos, quedó postergada para esta fecha, lo que me permitió agendarla y resolver todos los aspectos logísticos con tiempo. Opté por la distancia 70K donde tenía un límite de tiempo para completarla de 20 horas, ya que cuatro semanas antes había disputado la “4 Refugios” en Bariloche y no podía correr riesgos.

Corro porque los atletas amateurs trascienden el hecho de correr. Correr es un estilo de vida.

Otros uruguayos también se hicieron presentes en las pruebas: en 100 K, María Cantera y Pablo Lapaz (más José Fernando Vázquez, artiguense radicado hace muchos años en Brasil y que compite por ese país); en 70K, Mabel Paiva, “Caroteno” Chabalgoity, Hebert Prado, Dardo Parentini y yo (Paula López tuvo un lamentable accidente en la tarde previa, con fractura en los pies, pero ya está en franca recuperación aquí en Uruguay); y en 30K, Libia Vico y Guillermo Estradé. Resultó muy grato ver la enorme cantidad de argentinos –encontré varios amigos de estas carreras- y brasileños presentes entre los cerca de 400 corredores en todas las distancias. En términos porcentuales no nos podemos quejar de la representación del “paisito”.

Entonces siempre acuérdate, de lo que un día yo escribí… (Palabras para Julia, Paco Ibáñez)

Me ha costado bastante encontrar un hilo conductor para esta crónica, ya que plasmar en palabras una experiencia como ésta, supone seleccionar algunos aspectos y -por tanto- descartar otros, donde las circunstancias a las que brillantemente refería Ortega y Gasset hace ya 100 años en sus “Crónicas del Quijote”, pueden teñir con mucha subjetividad el relato. Pero es el riesgo que siempre corremos, que en mi caso lo tomo con la tranquilidad de intentar ser lo más fiel posible con las vivencias que busco transmitir, reflejando con emoción y pasión aquello que en cada momento viví. Si se mantiene en mi mente y en mi corazón, es porque para mí tiene valor.

Dice Mauricio Bergstein en “La fiesta de los Dioses”, que en los viajes, lo que verdaderamente cuenta no es comprender, es ver. En mi caso, trato de ver todo lo que pueda, pero también de comprender, ya que aquí entran en juego las circunstancias, las emociones, las subjetividades de cada situación, con sus complejidades y contradicciones, es decir, la vida con todas sus riquezas y miserias. En este caso, tuve la fortuna de conocer un “Patrimonio de la Humanidad” con toda su majestuosidad, pero también de compartir vivencias con algunas personas increíbles y a quienes mucho les debo -ustedes lo saben-, como intentaré reflejar.

La aclimatación previa

Además de los que fuimos a competir, compartimos esta semana con otros tres compañeros, verdaderos “acompañantes” de lujo: Gabriela, Fabiana y Juan. Con seguridad, fuimos la selección con mejor soporte logístico. En la selección de opciones para aclimatar adecuadamente y conocer lugares, en los días previos hicimos un par de excursiones al Valle Sagrado de los Incas y al Santuario de MachuPicchu, además de las caminatas por Cusco. En todo momento, me sentí bien físicamente, sin complicaciones por la altura, haciéndole caso a todas las recomendaciones desde el punto de vista médico para una buena aclimatación (salvo en las bebidas... sí, me salí de los consejos al disfrutar de abundante pisco sour y de cerveza Cusqueña…).

En la visita a Valle Sagrado de los Incas, destaco el pueblo de Pisac y su centro arqueológico, donde tuve el privilegio de encontrar al gran atleta argentino Daniel Pincu. Mientras nos tomábamos una foto en el centro arqueológico con la bandera uruguaya, un visitante -Daniel- comenta sobre la presencia de la delegación uruguaya. Me pregunta mi nombre, y ahí nos identificamos (lo conocí en La Misión 2013 y en el Mont Blanc). “Después de Ruben Manduré, Uruguay envía a quién más ha corrido en la montaña”, me dijo entre sonrisas. Hicimos todo un simulacro para la toma de fotos, mientras nos confundíamos en un abrazo. En el descenso, decidimos hacer un trote suave para ver cómo nos sentíamos.

De allí seguimos a Urubamba y Ollantaytambo, donde hicimos una visita guiada a la zona arqueológica, para en el retorno a Cusco, detenernos en el precioso pueblo de Chincheros -a unos 4200 msnm- donde conocimos el trabajo que allí se realiza, contado con lujo de detalles por las mujeres artesanas.

El miércoles 22 viajamos muy temprano a conocer el Santuario Histórico de Machupicchu, combinando ómnibus hasta Ollantaytambo y posteriormente tren (PerúRail) hasta el pueblo. Allí decidimos subir caminando por el largo sendero que corta el camino en zigzag que hace el ómnibus (junto a Mabel, Dardo y Hebert). Duro pero interesante, necesario y conveniente para la aclimatación y el entrenamiento. Nos llevó 1 h 50 minutos, y en la cima pudimos disfrutar de un buen mate –no puede faltar-, mientras esperábamos a los demás compañeros (Gabriela, Fabiana y Juan), rueda que compartimos con una ecuatoriana que descansaba en la cima (¡le gustó el mate!). Después de un buen descanso, ingresamos a las ruinas, donde fuimos hasta la Puerta del Sol, el impresionante Puente del Inca, y posteriormente recorrimos las ruinas. Al retorno y antes de iniciar el descenso, disfrutamos de unas buenas "birras" Cusqueña, y encaramos la bajada –se sumó Fabiana y se quedó Hebert, que bajó en el ómnibus- al trote. El cartel indicador señala que se baja en 60 minutos; nosotros lo hicimos a buen ritmo, en 40 minutos.

El jueves 23 –día de descanso activo- fuimos a retirar el kit en la mañana al Hotel Marriot, y en la tarde asistimos a la charla técnica, momento en el que nos enteramos del lamentable accidente de Paula, así que nos retiramos a la Clínica Peruano Suiza para conocer su estado de salud. Pese a la dura circunstancia, impresionaba ver el buen estado de ánimo de Paula. Le prometimos que íbamos a hacer la carrera en su homenaje.

A lo que vinimos

A la mañana temprano del viernes 23, salimos en buses rumbo a Mollepata, un pueblito en medio de la montaña ubicado a unos 2800 msnm, con la apacible calma propia de estas comunidades alejadas del movimiento de las grandes ciudades. La espera allí, fue propicia para grabar algunas imágenes con amigos de estas disciplinas, disfrutar de la fiesta que se vivía en el pueblo que se desbordó con tanta gente “rara”, ver extrañados las comidas típicas que se preparaban alrededor de la plaza, y sumarnos al izado de banderas de los países participantes.

En la distribución de alojamientos, nos correspondió la casa de Yanet, junto a colegas mexicanos. Joven, con 4 o 5 hijos (no llegué a precisarlo) y viviendo también con su madre-, nos abrió su casa y su corazón con todo lo que tiene, en una pobreza digna que nos impactó por su frescura y autenticidad. No pude menos que darle un muy fuerte abrazo y un enorme “gracias” por esa manera de recibirnos.

Despedida y abrazos: la certeza de que nunca más nos volveremos a ver. Como aprendería más tarde: para el viajero, cada encuentro es un momento único. (La fiesta de los Dioses, Mauricio Bergstein)

En los intercambios con los compañeros, recordé otro comentario de ese libro, cuando Mauricio se pregunta:  "La gente, ¿es feliz aquí?" Muy posiblemente, es una pregunta que nunca nadie se formuló, al menos en el sentido de “felicidad” que podemos darle nosotros. Esa jornada vivida en Mollepata, tuvo también la riqueza del encuentro con el Alcalde, que estuvo recorriendo los diferentes lugares del pueblo y buscando atender a los visitantes, a quien le comenté por la enorme presencia de extranjeros. “Sí, lástima que dura solamente un día y mañana ya volvemos a la rutina”, me respondió.

La carrera

Y se largó la lluvia. A las 2:00 largó la carrera de 100K desde Mollepata, en tanto los corredores de 70 K fuimos trasladados a partir de las 3.00 hacia Soraypampa, a 3890 msnm. La llovizna persistente y el daño causado en el camino por el agua –incluso con un desmoronamiento en un punto del sendero, que estaban reparando con máquinas-, hizo que el viaje fuera más largo de lo previsto.

Al llegar, encontramos a Caroteno Chabalgoity que había venido en una ambulancia que iba a esa zona. Siempre nos encomendamos a nuestros dioses y duendes protectores en el momento de largada, aunque en tono de broma digo el saludo de los gladiadores: "Ave César, los que vamos a morir te saludan".

Largamos finalmente a las 6:00 AM –una hora después de lo previsto- para enfrentar la dura subida hacia la Laguna de Humantay a 4260 msnm, y posteriormente bajar. Me resbalé un par de veces pegándome unos buenos golpes y aprendí a patinar en el barro, así que puedo decir que arranqué mojado y embarrado…

Intercalando detenciones para recuperar el aire, encaramos el nuevo ascenso hacia Salkantay Pampa (4160 msnm)  y 6.5 km de recorrido–siempre con la llovizna complicando-, por el costado del arroyo que baja con mucha fuerza de la montaña. En ese tramo encontramos a Pablo Lapaz, quien se fue adelante. 

Corazón que aprendió a latir más lento, para poder llegar más lejos

Al llegar al puesto, además de la hidratación y alimentación, teníamos la posibilidad de medir el nivel de oxigenación en la sangre y –de ser necesario- recibir un poco de oxígeno que nos ofrecían los paramédicos de la Organización. Estábamos muy bien cuidados, como sucedió en prácticamente todo el recorrido, y hay que destacarlo.

Dado que los “Cuatro Fantásticos” (Mabel, Hebert, Dardo y yo) nos sentíamos bien, emprendimos el siguiente tramo con convicción. En ocasiones, la llovizna nos permitía ver apenas el imponente nevado de Salkantay. El camino seguía en ascenso hasta Soyrococha (4480 msnm), donde completamos 8.5 km. Nuevamente nos consultaron por el estado de salud, y continuamos.

Como señala uno de esos videos motivadores que pueden encontrarse en las redes sociales, “con el romanticismo de esos locos que viven estúpidamente enamorados de su anónima misión deportiva” decidí desafiar a mis compañeros. A 4500 msnm le pedí a Dardo que encendiera su cámara y filmara un trote en ascenso, al que se sumó Mabel y Hebert, que dedicamos a Martín Zanabria. Sí, lo hicimos con la dificultad propia de la escasa cantidad de oxígeno en el aire, pero sin sufrir ningún mareo o dolor de cabeza, salvo la natural agitación por el esfuerzo a tanta altura.
video

Tan fácil, fácil, no es, horizonte lejano, correr y correr… (“Carretera perdida”, grupo de rock uruguayo ”Buitres”)

En tanto nos superaban algunos turistas que ascendían en mulas, fuimos intentando registrar las espectaculares imágenes que nuestros ojos captaban entre la niebla y la llovizna. Mientras ascendiamos,  sentíamos que estábamos en el Infierno; al llegar nos dimos cuenta que estábamos en el Paraíso. Después de un respetable esfuerzo, llegamos al Abra de Salkantay (4640 msnm y 9.5 k de competencia). ¿Qué agregar, ante tanta majestuosidad? Nos divertimos mucho, tomamos fotos, gritamos, saltamos y renovamos el compromiso con los Hermanos de la Montaña.


Apenas retomamos el camino por el abra, una especie de “sacerdote” nos untó los labios con un aceite y nos hizo una revisión del estado de la cabeza (iba a escribir “mente”, pero con seguridad debería decir que estamos muy mal…), pulmones y estómago, mientras hacía girar unas cuentas de vidrio. “Están muy bien, felicitaciones”, nos dijo a los cuatro.

El hombre siempre ha viajado amarrado a algún fundamento. Y yo, ¿en nombre de qué viajo? Sin causa, sin bandera, en nombre de nadie, sigo de un sitio a otro. (“La fiesta de los Dioses”)

Enseguida nos esperaban dos chamanes, que nos hicieron pasar por un ritual de agradecimiento a la Pachamama, la madre tierra, en un terreno plagado de apachetas, esos montículos de piedras originalmente colocados como ofrendas, en particular en las zonas altas y en las cuestas difíciles, que con el tiempo fueron convirtiéndose también en una guía para los caminantes. Además de la protección de los paramédicos y personal de la Organización, corríamos con la bendición de la Pachamama. Hasta el más agnóstico de los mortales, se siente profundamente conectado con la Madre Naturaleza en esas circunstancias, como sin dudas nos sucedió a cada uno de nosotros.

Continuó un camino difícil y peligroso por zona de muchas piedras en leve bajada, técnico y complejo, tramo en el que superamos a Pablo Lapaz que bajaba con mucho dolor en la rodilla y tobillo de la pierna derecha, hasta los 3900 msnm que alcanzamos en el Km 15, cuando llegamos a Wayracmachay. También aquí había buena atención médica –le ofrecieron a Hebert curarle una herida superficial- y pudimos alimentarnos abundantemente.

Soy náufrago en el mar, y en tierra no paro de caminar… (“Náufrago”, grupo de rock uruguayo: Cuatro Pesos de Propina)

Continuamos bajando, ya sobre un largo camino de tierra que nos llevó a pasar por Chaullay y alcanzar Collpapampa, a 2800 msnm y con 27 km de recorrido. Por momentos, el calor se hacía sentir ya que había parado la llovizna, así que nos detuvimos a quitarnos un poco de abrigo. Seguía un largo camino en bajada, serpenteando en la sierra con la espectacular vista del arroyo que baja con mucha fuerza de la montaña, y –cada tanto- cascadas que derraman sus aguas dándole un toque mágico al paisaje. Intercambiando trotes y caminatas, Mabel y –por momentos- Hebert, nos llevaban a un ritmo muy interesante. Nos cruzamos con muy pocos corredores en este tramo, lo que a veces hacía dudar –en especial, a Mabel- sobre el recorrido, ya que casi no había cintas, pese a que el único camino que había era este que bordeaba el arroyo (como lo había indicado Alain Dueñas, el director del evento). Ya cerca del siguiente punto, nos superó Pablo Lapaz que ahora avanzaba a un ritmo envidiable, ya totalmente recuperado de sus molestias.

Finalmente, después de un largo recorrido llegamos al denominado “Campamento de Vida”, ubicado en el Km 41 a 2080 msnm en la “Playa Sahuayacco”, justo cuando Pablo retomaba su camino. Aquí recibimos las bolsas con ropa para cambiarnos que habíamos enviado, corregimos algunas cintas de protección en los pies, tomamos una buena sopa de fideos y cuis, repusimos líquidos y después de un breve descanso, retomamos el camino, justo cuando llegaban en ómnibus los corredores de 30 km que a la mañana siguiente largaban desde ese lugar. Escuchamos el “aguante Uruguay” de Libia Vico y Guillermo Estradé, y después del saludo y las muestras de cariño, seguimos nuestro rumbo en leve bajada por un par de kilómetros, donde doblamos a la derecha para encarar en Lucmabamba el “Camino Inca” (alternativo).

Mire que son pagos lindos, los de la 5ª sección… (Isla Patrulla, dúo de Música Popular Uruguaya: Los Olimareños)

Desde los 2000 msnm, debíamos ascender hasta los 2812 msnm por un camino en general bastante limpio, con algunos tramos con piedras ubicadas como si fueran escalones. Apenas iniciamos el ascenso, una vecina ofrecía granadas a los corredores. Sentí cierta pena por responder negativamente ante esa muestra de cariño y apoyo, pero recién nos habíamos alimentado y no tenía sentido cargar con algún peso adicional. Por momentos, volvía a lloviznar, así que el recorrido se nos hizo duro, muy duro, inesperadamente duro. En todo momento me quedaba un poquito atrás, pero mis compañeros me aguantaron sin chistar. Ya nos había alcanzado la oscuridad de la noche, cuando llegamos al punto más alto –Llactapata- con 48 kilómetros de recorrido. Durante este tramo y como forma de entretenimiento, me vinieron a la mente algunas estrofas de “Isla Patrulla” cantada por Los Olimareños, a lo que se sumó Hebert ("... y a toda esa gente que quiso un camino nuevo pa' su pago, pero que no precisa un camino nuevo pa' llegar a mi memoria...").


Iniciamos la bajada por un camino absolutamente lleno de barro, todo pisoteado, donde era prácticamente imposible sostenerse, rumbo a la Hidroeléctrica ubicada a 1800 msnm, punto en el cual se supone que debíamos tomar rumbo a la base de la montaña Huayna Picchu, para posteriormente encarar el tramo final hasta Santa Teresa, a 1560 msnm. En esa bajada, Hebert rompió un bastón, al quedar clavado profundamente en el barro.

Al final del largo recorrido por el camino de tierra al costado del arroyo, llegamos a la cabecera del puente donde debíamos tomar rumbo a la base del Huayna Picchu, pero nos instruyeron a que tomáramos rumbo a Santa Teresa, ya que por razones de seguridad –casi se produjo un accidente con una corredora cruzando la vía del tren- se había decidido cortar el recorrido. Escuché la voz de Caroteno, que había llegado un ratito antes y ya estaba saliendo rumbo a la meta.

Después de reaprovisionarnos, salimos a encarar el último tramo bastante limpio, unos 8 o 9 kilómetros pasando muy cerca de la Hidroeléctrica y culminando en Santa Teresa. A falta de unos 2 kilómetros, alcanzamos a Caroteno –que marchaba con otros dos competidores- y a partir de ese punto continuamos juntos. Ingresando al pueblo de destino, nos esperaba una nueva sorpresa: el ascenso de una muy larga escalera, interminable, que nos quemó la poca fuerza que nos quedaba. Caroteno picó adelante para cumplir con su promesa a Paula, en tanto los “Cuatro Fantásticos” llegamos juntos a la meta -unos pocos metros atrás-, completando los 61.3 kilómetros que me marcó el GPS en un tiempo neto total de 15 horas 52 minutos, entre los aplausos del público. 

¿Puede haber satisfacción más grande que culminar mi desafío N° 50 entre “Maratones y Ultramaratones”, gracias al enorme apoyo de estos “hermanos de la vida”? ¿Cómo no considerarme privilegiado? No solamente me “aguantaron” en los momentos más duros –estuvieron siempre ahí, apoyándome- sino que además me permitieron cumplir esta meta tan especial, en un tiempo mejor al esperado, y entero físicamente.

La gran mayoría de corredores de 100 K también fueron cortados en el recorrido, y terminaron completando unos 84 kilómetros de acuerdo con mis estimaciones.

“Viajar es estar vivo, llegar es estar muerto”. Ergo, viajero es el que nunca llega.

Nos recuperamos un poco y un periodista que transmitía para la televisión local en directo, me entrevistó mientras mis compañeros descansaban sentados en el cordón de la vereda. Mabel gestionó con éxito, una medalla para Paula, que esperemos mitigue un poco su dolor por no haber podido participar a raíz del accidente que sufrió.

A la mañana siguiente, disfrutamos de un buen desayuno. Aquí debo destacar otra situación que me tocó vivir. Un niño –no más de 5 años- me observaba atentamente mientras desayunaba, y en un momento levantó su mano y –desde su más pura inocencia, sin decir palabra- me acarició la desprolija barba… ¿Le habrá llamado la atención alguien con pelos en la cara? Muy posiblemente sea eso, pues prácticamente no vi a nadie así en ese pueblo. Es una imagen que sigue presente en mi retina, que me conmovió.

Neurosis del caminante: nos apresuramos a correr y lanzarnos al camino. Nos desvivimos por arribar pero tan pronto atracamos en el sitio largamente soñado, nos asalta la prisa que nos ordena volver a partir. Itinerario sin destino y sin fin, brújula sin agujas y sin norte. Siempre con los pies mirando hacia allá, nunca hacia aquí. (La fiesta de los Dioses)

Los próximos desafíos ya están señalados en la agenda. Tengo la fortuna de haber alcanzado 7.266 kilómetros en competencias oficiales, más de la mitad en carreras de “trail” sin haber sufrido lesiones serias. Ello me ha permitido conocer a mucha gente, compartir aventuras con queridos compañeros de una calidad humana muy elevada, seguir creciendo y disfrutando de entornos naturales excepcionales, que de otra manera muy difícilmente conocería. "El camino es la recompensa", señaló el Maestro Tabárez, DT de la selección uruguaya de fútbol, y vaya si se aplica en mi caso. 

Si estos desafíos son una búsqueda: ¿de qué?, ¿de quiénes?

No tengo respuestas, sino solamente preguntas que se siguen acumulando. ¿El desarraigo? ¿El dolor por quienes ya no están? La memoria de mis padres está presente en cada paso que doy, y en particular la de mi hermana menor –mi querida “Morocha”- que siempre estaba pendiente de estas aventuras y me prometió que algún día –si se recuperaba de su cruel enfermedad- me acompañaría. No pudo ser, pero en cierta forma me siento acompañado siempre, protegido por su incondicional cariño que sigue vivo pese al transcurso del tiempo. A quienes llegaron hasta aquí, las disculpas por el toque tan personal, pero es lo que siento.

Respeto mucho a la montaña, pero no temo. Mis duendes me protegen.

viernes, 17 de marzo de 2017

Ultra Machupicchu - 70 km

El próximo gran desafío es Ultra Machupicchu sobre 70 km, en un máximo de 20 horas entre los días 25 y 26/3/2017. Será mi carrera N° 50 de maratones y ultramaratones.

sábado, 4 de marzo de 2017

Por las montañas de la Patagonia en la región de Bariloche: 4Refugios 2017

4Refugios (escrito así, todo junto) es una competencia de trekking de montaña organizada por el Club Andino Bariloche (CAB) que conecta algunos de los refugios de montaña más conocidos de la zona en tres opciones de recorrido, todos ellos muy técnicos, complicados y -en algún caso- bastante peligrosos, que en esta ocasión se disputó los días 25 y 26/02/2017 (el fin de semana de Carnaval), en la que fue su 12ª edición. Los recorridos atraviesan bosques autóctonos de coihues, ñires y lengas, para luego salir de la vegetación y atravesar filos y cumbres de montañas, con gran cantidad de rocas y unas vistas incomparables.

En los últimos cuatro años y en la misma fecha, disputé los 160 Km de La Misión, la primera de ellas en San Martín de los Andes, y las otras tres en Villa La Angostura. En esta ocasión, esa competencia volvía a San Martín, a lo que se agregaba una nueva distancia -200 Km- y la presencia de algunos de los Hermanos de la Montaña, pero cierto cansancio o aburrimiento, me llevaron a optar por una competencia comparativamente más accesible, que me permitiera además disfrutar de una semana de vacaciones en la región. Así, opté por inscribirme a la versión “Clásica” de 4Refugios, que es la que tiene mayor distancia pero que se hace en dos etapas totalizando 56 kmts y 3700 metros de desnivel en la versión “oficial” (ya adelanto que el GPS me midió algo más), en tanto también se ofrecía las versiones “4Refugios Non Stop” (42 Km y 3500 metros de desnivel) y “3Refugios Non Stop” (ambas, otorgando puntos ITRA clasificatorios para UTMB), además de las “2Refugios” y “1Refugio”.

A efectos de tener una idea del grado de complejidad, puede estimarse que 1000 metros de desnivel equivalen aproximadamente a correr entre 12 y 15 km en terreno plano, dependiendo de la pendiente de los ascensos. En la alternativa que seleccioné, de acuerdo con los datos oficiales, me esperaba una carrera de trekking, estrategia y aventura, en dos etapas (con descanso al final de la primera), con mayor distancia y desnivel acumulado que la “4Refugios Non Stop”.


El día sábado 25 exactamente a las 8:00 AM con una temperatura elevada, salimos desde la base del Cerro Catedral pasando por los refugios Frey y Jakob y terminando en el Tambo de Colonia Suiza, en tanto el día domingo 26 largamos desde el camping de Colonia Suiza, para recorrer los refugios Laguna Negra y López, culminando en el mismo punto de largada. De acuerdo con la información oficial, el primer día ascendimos un total de 1750 metros, con una pendiente máxima del 47% en subida y del 59% en bajada. En la 2ª etapa, ascendimos 2000 metros con una pendiente máxima del 59% en subida y del 56% en bajada. ¿Complicado, verdad? Como me señaló el gran Norberto González -que con sus 76 años sigue participando con éxito de estas disciplinas- es la carrera de montaña “más pura” que conoce.

Vamos a los bifes

El día miércoles subimos al Cerro Catedral en la aerosilla, y aproveché para hacer una trepada y un descenso rápido hasta la cima, moviendo los músculos en un entrenamiento suave. El viernes fuimos nuevamente hasta la base del Cerro, a retirar el kit donde recibimos una  preciosa remera de carrera, y el N° 213.

1ª etapa

El sábado tomé el bus frente al CAB al costado del Centro Cívico a las 6:30, y llegamos poco después de las 7:00 a la largada. Ahí nos enteramos que no era obligatorio llevar toda la ropa de abrigo que nos exigían de acuerdo con el reglamento (campera de abrigo, gorro y guantes, buzo polar, cubrepantalón), ya que nos esperaban más de 30 grados, así que dejé una bolsa en la ropería.

Tomé algunas fotos en la previa, entre ellas con el "misionero" Marcelo Sere y su hija, que corrían en equipo. ¡Qué enorme placer, compartir una disciplina tan dura con los hijos! Incluso hicieron podio... ¿qué más pedir?

Después de la cuenta regresiva, arrancamos por un sendero que bordeaba la montaña, en general ascendiendo por zonas arboladas y con vegetación, con preciosas vistas que fui registrando con mi cámara. A diferencia de los senderos de La Misión, en 4Refugios cuando se cruza algún curso de agua, hay un pequeño puente metálico o troncos que facilitan el cruce, sin mojarnos.

Ya cerca del Refugio Frey -ubicado a los 10 km de carrera- encaramos un ascenso complicado por zona pedregosa, rodeados por la majestuosidad de la montaña con caídas de agua. Llegué al refugio en 1h 51 min, me alimenté, repuse líquidos en las caramañolas y salí. Después de recorrer una zona tipo mallín con algunas piedras bordeando una laguna, iniciamos nuevamente un ascenso por zona con mucha piedra, para alcanzar la denominada “cancha de fútbol”, donde teníamos el corte por tiempo de 4 horas. Llevaba margen más que suficiente, así que me tomé el resto de la etapa con calma.

Bajamos nuevamente a una zona de bosque para recorrer un largo sendero, para posteriormente encarar un nuevo ascenso hacia los 2050 msnm aproximadamente, y comenzar a bajar hacia el Refugio Jakob, donde llegué a las 4 hs 51 min de carrera. Mi GPS marcaba 19 km, en tanto el mapa oficial indicaba 17.5 km. Nuevamente me alimenté y repuse líquidos, para encarar el último tramo del recorrido con mucho calor: 14 kilómetros, en general en un leve descenso, por zona con vegetación baja y algunos cursos de agua, que aprovechaba para refrescarme empapando el buff.

Ya llegando a falta de unos 500 metros junto a una competidora argentina con quien hicimos gran parte de ese último tramo, nos pusimos a trotar fuerte por el sendero bastante limpio. Saqué la cámara para filmar la llegada -como habitualmente hago- y en el momento que miro los botones a presionar, me enganché en una raíz y volé… Me pegué un buen golpe en la rodilla y en el codo, y lleno de tierra llegué a la meta en 7 hs 27 m 30 seg para los 33 kilómetros que me marcó el GPS.

Me limpié un poco y noté un poco de sangre en la rodilla, pero no me impedía moverme. Después de una hora de espera, el transporte contratado nos llevó de vuelta a Bariloche, llegando al hotel alrededor de las 18:00 horas.

Después del baño, disfruté de unos buenos mates, fuimos a cenar (la cerveza artesanal de Familia Weiss está espectacular) y pude descansar sin mayores dificultades.

2ª etapa

Nuevamente salimos a las 6:30 en el bus desde el CAB, donde encontré a los amigos con quienes había compartido el viaje y parte del recorrido en carrera durante el día anterior. Ahí me enteré de algunos resultados, lo que me dejó plenamente satisfecho ya que mis compañeros habían marcado entre 9 y 10 horas.

La zona del camping de Colonia Suiza estaba recién siendo acondicionada cuando llegamos, así que pudimos completar el desayuno y la hidratación mientras esperábamos, además de disfrutar con un San Bernardo que andaba por la costa del lago.

Nuevamente hicimos la largada puntualmente, para encarar el primer kilómetro bordeando el pueblito, para posteriormente comenzar a subir por un largo sendero en el bosque rumbo al refugio Laguna Negra. Después de unos 9 kilómetros, comenzamos a subir por el denominado “Caracol”, un camino con permanentes giros y una pendiente importante, con algunas zonas de piedras que nos exigían dejar los bastones y trepar agarrándonos de cuanta saliente encontráramos. El ascenso nos permitía disfrutar de una vista espectacular, con una impresionante cascada que le daba un toque mágico. Finalmente, después de bajar unos 200 metros, encontramos el Refugio Laguna Negra, zona en la que había varios acampantes y donde el GPS me marcaba 12 kilómetros, con 2 hs 52 min de carrera, cuando el corte por tiempo en ese punto era de 4 horas.

Después de registrar mi paso, alimentarme y reponer líquidos, inicié el camino rumbo al Refugio López. El primer tramo, bordeando la laguna, estaba bastante complicado y peligroso, comprendiendo incluso un ascenso y descenso con grampas en la roca y cuerdas para ayudarnos a pasar. Subimos aproximadamente hasta los 1700 msnm y bajamos hasta los 1550 msnm, donde encontramos un largo mallín. No recordaba el mapa del recorrido, así que pensé que ya se había terminado la zona de ascensos, hasta que un guía nos indicó que debíamos subir hasta los 2050 msnm -allá a lo lejos- por una zona de piedras sueltas y una pendiente muy pronunciada. Piedras muy sueltas y pendiente muy pronunciada…

He aprendido a fijarme metas intermedias y no desesperarme, cuando debo enfrentar estos tramos, así que me puse como objetivo subir en no más de una hora, disfrutando del recorrido, paso a paso sin detenerme. En varias oportunidades, quienes iban un poco más arriba desprendían alguna piedra y empezaban a caer… “Va piedra” gritaban y mirábamos hacia arriba, buscando protegernos. Tan complicado era el recorrido, que prácticamente cada uno de los que subimos, armamos nuestro propio sendero, pues era casi imposible identificar las señales.

Finalmente, en 45 minutos llegué a la cima. Cuando me puse a filmar, uno de los guías me dice: “¿viste a tu espalda?”. Giré y me encontré con un paisaje soñado, como esos que vimos en “El Señor de los Anillos”, con un brazo del Lago Nahuel Huapi al fondo (y allá lejos, el Refugio Laguna Negra), el imponente Cerro Tronador con su cumbre nevada coronando el horizonte, y más lejos, el Volcán Osorno y el Cerro Puntiagudo, en tanto hacia adelante se veía gran parte del Nahuel Huapi.

Emprendí la bajada, por una zona también muy peligrosa, aferrándome a cuanta saliente de las rocas encontraba, con alguna dificultad para identificar el sendero que debía recorrer, y haciendo “culipatín” siempre que ello resultaba recomendable. Finalmente, llegué al Refugio López, con 19 kilómetros recorridos en la etapa y 7 hs 4 minutos de tiempo. Después de algunas fotos que me tomó uno de los fotógrafos, de reponer líquidos (¡un par de vasos de Coca Cola!!!) y comer algo, consulté por el recorrido que me esperaba. Dado que era en general en bajada, por un sendero bastante limpio, guardé los bastones. Salí a encarar los últimos 9 kilómetros, sufriendo el roce de los dedos de los pies sobre el calzado en la bajada, y sintiendo que los cuádriceps podían “estallar”… En este tramo, me superaron algunos de los corredores que habían largado la “4Refugios Non stop” a las 5:30 AM, que ya estaban completando su recorrido.

Ya llegando a Colonia Suiza, cuando debíamos bordear el pueblo para llegar finalmente al Camping, encontré al “Misionero” Omar Mazzuca, quien caminaba. “¿Cómo estás, Uru?”, me preguntó, para decirme enseguida que iba a llegar caminando ya que venía “detonado”, y que no lo esperara. Decidí caminar a su lado y llegar juntos, así que fuimos conversando bastante sobre nuestros desafíos durante ese tramo. Finalmente, ingresando al camping nos pusimos a trotar para completar los 28 kilómetros en 8 hs 31 m 50 seg.

Con un tiempo total acumulado de 15 hs 59 minutos 20 segundos, ocupé la posición 98 en la general y 11° en la categoría Master Caballeros. Después de recibir la medalla, con Omar fuimos a disfrutar de varios vasos de cerveza artesanal Konna, que nos ofrecían en la llegada, además de comer bastante fruta. Recibimos también un plato de ñoquis con crema en el restaurante del Camping, que nos vino muy bien después del esfuerzo realizado.

Fue mi carrera N° 405 -la N° 49 de 42 kilómetros o más-, totalizando 7.148 kilómetros en competencia.

¿Cómo calificarla?

Durante algunos tramos de la carrera y -en especial- en los puestos de avituallamiento, recordaba a Patagonia Run, quizás la carrera con mejor atención al corredor en la región. Es que "4Refugios" se le parece bastante en ese sentido. Eso sí, en términos de dureza del terreno, me recordó a la cercana "La Misión", aunque me pareció un poco más técnica, incluso con una concentración de ascensos y descensos muy complicados, en una recorrido comparativamente más corto, con la ventaja además del descanso en la noche, al final de la primera etapa en la versión que corrí, lo que permite recuperar fuerzas y descansar, sin necesidad de cargar con una mochila de 40 litros de capacidad. 

Por tanto, claramente es una carrera que recomiendo hacer. Como me dijo la marplatense Mónica Barg, "te va a encantar". Y me encantó, aunque me sorprendió por la dureza, que pensaba iba a ser menor.

Los "misioneros"

Mientras corría en Bariloche, algunos de los Hermanos de la Montaña estaban enfrentando el enorme desafío de completar -con éxito- los 160 kilómetros en San Martín de los Andes: Paola Nande, Martín Zanabria, Wilson Guillén, Dardo Parentini y Juan Olascoaga, además de los amigos Nacho Garrone (¡se mandó los 200 kilómetros!), Jorge Melgarejo y Pili Reimundo. Así que a la llegada y en cuanto tuve señal de wifi, me puse al día con las noticias de los hermanos, y reporté mis resultados, además de intercambiar algunas fotos.

¿Qué sigue?

Entre los días 25 y 26/03, enfrentaré los 70 Km de Ultra MachuPicchu, por el camino alternativo en la zona de Salkantay, largando a 3900 msnm, ascendiendo a 4700 mts. para posteriormente bajar a unos 1500 mts. Por tanto, esta participación en "4 Refugios" -además de disfrutar del precioso recorrido, en una competencia que aún no había hecho-, me permitió hacer un entrenamiento fuerte para el desafío que me espera. 

"La única manera de conocer hasta dónde llegarías, es haciéndolo. En la vida no sabes la fuerza que tienes, hasta que te pones a prueba"

viernes, 6 de enero de 2017

ULTRA TRAIL MONT BLANC 2017 - CCC


Bueno, finalmente decidí volver a intentar y me anoté para la CCC (Courmayeur, Champex, Chamonix) sobre 101 Kmts. entre Italia, Suiza y Francia, dando la vuelta al Mont Blanc. Dependo del resultado del sorteo, que se conocerá el próximo 12/01/2017.
Somos 14 corredores registrados por Uruguay, de los cuales dos van en forma segura por la distancia más larga -Bernardo Frau y Douglas Hernández-, ya que fueron rechazados en el sorteo en los dos años anteriores.


domingo, 25 de diciembre de 2016

Desafíos confirmados para 2017

Ayer iniciamos los entrenamientos técnicos con cierta intensidad en el Cerro de Montevideo, preparando los desafíos que me esperan en febrero y marzo de 2017.

Durante los días sábado 25 y domingo 26/02/2017, disputaré la "4 Refugios" sobre un total de 56 kilómetros, con 3550 metros de desnivel acumulado positivo, consistente en ascenso y descenso a cuatro refugios de montaña en Bariloche.

Y la "frutilla de la torta" de esta primera parte del año, será Ultra MachuPicchu Trail los días 25-26/03/2017 -en mi caso sobre 70 kilómetros-, carrera de semi autosuficiencia por los Andes de Salkantay a la selva de Cuscu (Perú), largando a 3900 msnm y llegando al punto más alto a los 4700 msnm, para posteriormente descender.

viernes, 25 de noviembre de 2016

De las barrancas del río Cuareim, a las montañas de los Andes.


¿Cómo no recordar aquellas primeras aventuras en mi niñez y adolescencia, en las barrancas del río Cuareim que divide-une a Uruguay de Brasil? Esos fueron los recuerdos que me vinieron a la mente y al corazón, cuando alcancé alturas jamás imaginadas, en las montañas de Mendoza (Cordón del Plata y Aconcagua), junto a algunos de los Hermanos de la Montaña.

La idea surgió casi como un desafío entre nosotros, de esos que nos gusta lanzar para “mojarle la oreja” a los compañeros, en este caso planteada por Alejandro Chabalgoity (Caroteno) hace aproximadamente un año, a la que inicialmente respondí con dudas, casi como queriendo descalificar al autor de semejante reto. El transcurso del tiempo fue haciendo crecer esa idea con mucho de locura. Las experiencias de Osmar Telis y Gabriela Cabrera Castromán en sus ascensos –en particular en el Plomo, muy cerca de Santiago-, nos hicieron sentir más cerca del desafío de seguir sus pasos. Paola Nande y Martín Zanabria contactaron a Jean Paul Beauvois -compañero de algunas “misiones” en el sur de Argentina e inspirador de algunas otras carreras-, con amplia experiencia en ascensos a la alta montaña, quien se ofreció gustoso para operar como guía, con lo cual evitábamos los aspectos más formales de una expedición de este tipo, y nos daba cierta flexibilidad a nuestra aventura.

Así, planificamos la salida de Montevideo para la madrugada del jueves 10/11, previendo volver a más tardar el domingo 20/11, con destino inicial al Cordón del Plata, en los Andes muy cerca de Mendoza. Dada la flexibilidad con la que encaramos esta actividad, hasta la mañana del miércoles 9 prácticamente no me ocupé de ningún aspecto logístico, así que en la tarde estuve comprando algunos implementos para la alta montaña, y consiguiendo en préstamo la mochila de 60 lts de capacidad con Sebita Paulós, y el sobre de dormir para -20 grados con Raúl Real.

“Conquistadores de lo inútil”

Así se titula un libro escrito por un montañista británico –Lionel Terray- fallecido a los 44 años en un accidente de escalada relativamente sencillo en Francia. Cada vez que encaro algún nuevo desafío, no puedo dejar de recordar este libro, que explica (¿o no?) la razón por la cual decido asumir una nueva aventura, con una cuota de riesgo interesante y mucho de irracionalidad para el común de la gente, en particular cuando pienso que ya estoy muy cerca de los 57 años de edad. ¿Qué nos mueve a intentar conquistar una nueva meta, que tiene mucho de inútil y de egoísta? Si lo alcanzamos, con seguridad será disfrutada en lo más íntimo, entendida solamente por quienes lo compartimos, y si fracasamos en el intento, seremos un número más en una estadística (que a muy pocos importa).

Con las dudas propias de la suficiencia del equipamiento que llevaba, partimos de Montevideo en la camioneta de Martín, a la 1:30 AM del jueves 10, turnándonos para manejar durante el largo viaje hasta Mendoza. A las 8:00 AM nos detuvimos en Victoria, Entre Ríos, para abastecer combustible y desayunar, oportunidad en la que compré unos “lentes de sol” (muy ordinarios) ya que había olvidado los míos. Con un día precioso, soleado y claro, avanzamos sin mayores dificultades. Paramos a almorzar en Gral. Deheza -Córdoba-, continuamos hacia la Provincia de San Luis para posteriormente llegar a la Provincia de Mendoza. Íbamos con la expectativa de poder llegar a tiempo para ver en televisión el partido por las Eliminatorias del Mundial de Fútbol Rusia 2018, entre Uruguay y Ecuador, que se disputaba a las 20:00 horas.

Siguiendo indicaciones de Jean Paul, decidimos descansar a unos 40 kilómetros de la Ciudad de Mendoza, en Gral. San Martín, en el precioso Hotel Boutique de la Cava. No pudimos ver el partido de Uruguay, ya que no lo transmitían por televisión, pero si pudimos seguir la transmisión por Internet y disfrutar del sufrido triunfo por 2 a 1. Después de un buen baño reparador, fuimos al centro de la ciudad a cenar a una parrillada y disfrutar de unos buenos vinos mendocinos.

El viernes 11 a la mañana, después de un variado desayuno, partimos rumbo a Ciudad de Mendoza, donde nos dirigimos a Orvitz a alquilar los equipos que nos faltaban (carpas, camperones de plumilla, mitones, botas y grampones), y además me compré lentes de sol (estos sí, de buena calidad) y medias de lana para alta montaña. Ya la capacidad de la camioneta estaba absolutamente colmada… y nos faltaban las provisiones para una semana en la montaña.

Hicimos un buen aprovisionamiento en un Supermercado Carrefour y fuimos a almorzar allí cerca. Era la hora de salir rumbo a las montañas, que con su majestuosidad coronaban todo el horizonte que rodea a Mendoza. Después de un viaje corto pasando por Potrerillos con destino a la zona conocida como Vallecitos, llegamos a las 17:30 al Refugio San Bernardo, a 2800 msnm, donde nos esperaba Alejandro -el encargado-, quien se fundió en un abrazo con Jean Paul y cada uno de nosotros (como si también nos conociera de toda la vida). Nos instalamos y decidimos hacer una breve caminata por la zona, para mover un poco los músculos y tomar algunas fotos. A la noche, disfrutamos de conversaciones con otros montañistas, picamos queso, salamín, galletitas y saboreamos un par de botellas de vino.

“No deje piedras en el camino”

Así reza un viejo cartel en el camino de subida al refugio, muy cerca de la base de los guardaparques. Llama un poco la atención, ya que la zona está absolutamente llena de piedras, pero con seguridad alude a la necesidad de no dejar las piedras que eventualmente se colocan para evitar que un vehículo que se detiene por alguna razón, se deslice hacia abajo. Además de la fotografía y los comentarios jocosos, preferí darle también un cierto significado filosófico, señalando que en la vida no debemos dejar “piedras” u obstáculos que dificulten el avance de otros, o signifiquen una carga para nuestra consciencia.

“...lo que más me importaba era la acción y no su precio; porque la acción, en sí misma, posee un valor.”

A las 9:30 de la mañana del 12, después de un buen desayuno en el Refugio, preparamos nuestras mochilas chicas ("de ataque") y emprendimos la subida al Cerro Arenales, por una quebrada que sale frente a donde nos alojamos. Nos acompañó “Zonda”, una perrita del refugio que bautizamos así por el viento que habitualmente sopla en esa zona de la cordillera (en realidad se llama Lucerito), y que –según señaló Alejandro- tiene más cumbres que muchos experimentados montañistas. Durante un rato la perdimos, pues se fue a perseguir a unos guanacos que andaban a lo lejos. Llegamos a la cumbre ubicada a 3.300 msnm a las 12:00, donde pudimos disfrutar de unas vistas espectaculares de la zona, que registramos con nuestras cámaras. El día seguía muy soleado, con algo de viento frío en la cumbre. El retorno fue bastante más rápido, ya que a las 13:10 estábamos de vuelta en el refugio.

Preparamos el almuerzo –tallarines con salsa- y después de una siesta reparadora, iniciamos la preparación del equipo para el ascenso a la montaña buscando la cumbre del Vallecitos (5500 msnm) o del Plata (6000 msnm). La actividad fue filmada en cámara rápida por Paola, lo que nos permitió disfrutar de un ejercicio con mucho humor, riéndonos de los movimientos “a lo Chaplin”, muchas veces incoherentes. Disfrutamos también de un budín de banana, preparado especialmente por Vivi, la encargada del Refugio.

A la noche, mientras disfrutamos de una buena cena –arroz con verduras y atún- “regada” nuevamente con vino mendocino, pudimos intercambiar con otros aventureros conversando sobre expediciones a la montaña, mientras Caroteno hacía sonar su guitarra y entonábamos algunas canciones.

“El que, en busca de una belleza y una grandeza sublimes, osa aventurarse en estos lugares, debe aceptar completamente correr ciertos riesgos.”

A las 10:00 de la mañana del domingo 13 y después de un buen desayuno y mateada, iniciamos el ascenso con nuestras mochilas. ¡Cuánto peso! Llevaba la mochila grande con sobre de dormir, carpa (parte de ella, pues la otra la cargaba Jean Paul), botas dobles para la nieve y grampones, todo a la espalda, más la mochila “de ataque” con alguna ropa y comida al frente, cinturón con dos caramañolas y bolsillos para cámara de fotos y filmadora, bastones y mucha ilusión.

La mañana se presentaba despejada, pero muy ventosa, con ráfagas que nos hacían detenernos para no caer. En el camino de ascenso, encontramos a algunos montañistas que bajaban, a los que se les había volado la carpa durante la noche. Es más, al costado del hilo de agua que baja de la montaña, encontramos un camperón de plumas… lo retiramos y lo dejamos asegurado con una piedra, sobre el camino, para que su dueño pudiese –eventualmente- encontrarlo.


Pasamos por el primer campamento después del refugio –Veguitas- ubicado a 3200 msnm, con la compañía de la fiel “Zonda”. Un poquito después, nos detuvimos sobre las 13:00 horas a ingerir un sándwich, momento que resultó propicio para conversaciones sobre masajes… Si, masajes… Imaginen el tenor de esos intercambios, a 3280 msnm. Da para todo un ascenso a la montaña. Y no estábamos delirando.

Finalmente, a las 14:40 llegamos al Campamento Piedra Grande, ubicado a 3580 msnm, con mucho viento soplando. Después de armar las carpas con cierta dificultad –se movían mucho-, descansar un poco y disfrutar de unos mates, cenamos una buena sopa y liquidamos los restos del arroz con vegetales y atún que habíamos preparado la noche anterior y que habíamos llevado para la ocasión. Hicimos una breve caminata, disfrutamos de muy interesantes charlas con nuestros vecinos y con otros montañistas que llegaron, bajando del Cerro Franke y con quienes habíamos compartido el refugio. Por suerte, a la noche el viento aflojó un poco, aunque bajó bastante la temperatura.

"El juego del alpinismo no consiste en exponerse a los riesgos, pero los riesgos forman parte del juego."

El lunes 14 amaneció espectacular, muy luminoso, casi sin viento y con un cielo absolutamente despejado, después de haber sentido las últimas ráfagas de viento hasta aproximadamente las 4:00 AM. Me levanté a las 6:20, sintiendo una muy leve molestia en la cabeza, propia de la altura a la cual nos encontrábamos. Hicimos nuestro desayuno –té, café, galletitas, mate- , levantamos campamento y a las 9:20 retomamos el ascenso, con algunas ráfagas de viento puntuales pero bastante fuertes, que nos hacían detenernos y clavar los bastones para evitar cualquier accidente. Avanzamos a ritmo sostenido, hasta que llegamos al famoso “Infiernillo”, tramo relativamente corto pero complicado, peligroso, con mucha arena y piedra suelta por la ladera de la montaña donde había que avanzar muy lentamente, extremando los cuidados para evitar cualquier accidente. En este tramo, Paola juró que no volvería a pasarlo…

Finalmente a las 13:10 llegamos al Campamento “Salto”, a 4300 msnm, que debe su nombre a un salto de agua que cae desde la planicie donde está la zona de armado de carpas. No había nadie, así que pudimos elegir lugares. El viento seguía soplando en ráfagas fuertes, lo que nos dificultó un poco el armado de carpas. Hicimos nuestro almuerzo (sopa, sándwiches, mate) acompañado de largas charlas, señal de que nos sentíamos bastante bien física y mentalmente, pese a la altura a la cual estábamos.

Fuimos a buscar agua a la cañadita que baja de la montaña –bastante congelado, casi en su totalidad-, para lo cual debimos cruzar sobre el hielo hasta la otra margen, dado que del lado que estábamos no era posible acceder al agua. Después que algunos cruzamos, Caroteno… pisó el hielo, cedió y metió una bota en el agua. Por suerte, la mojadura fue leve, pues hacía bastante frío.

Después de un buen descanso, Jean Paul llamó por radio al refugio para consultar por los pronósticos del tiempo. Nos respondieron que se mantendría más o menos igual, con ráfagas de viento fuertes a unos 5000 msnm, y que para el miércoles 16 se esperaba un deterioro del estado del tiempo. Acordamos hacer una nueva llamada el martes –nuestra idea era quedarnos dos noches en ese campamento, para aclimatarnos- y si no había cambios en la previsión del tiempo, emprender el retorno.

"Alcanzar la cumbre de una montaña no es la meta de una ascensión, sino la regla que pone punto final al juego." 

El martes 15 fue un día “extraño”. A la noche del lunes 14, decidimos cambiar el orden en el que nos ubicábamos en la carpita para dormir. Ya estábamos sintiéndonos “molestos” con los espacios que cada uno ocupaba. A la noche y con las fuertes ráfagas de viento golpeando los laterales de la carpa, Caroteno se quejaba de una sensación de claustrofobia y algo de calor, razón por la cual a la 1:30 AM decidió salir de la carpa, al sentir las voces de Martín y Paola, que sacaban fotos en la madrugada, aprovechando la enorme luna.

Casi inmediatamente decidí salir yo, por razones similares. La sequedad del aire sumado a la sensación de encierro, casi seguramente influido por la altura a la que nos encontrábamos, nos provocaban esas sensaciones y reacciones. Jean Paul, viejo lobo con mucha experiencia, se reía dentro de la carpa diciéndonos que estábamos delirando y aconsejándonos que nos abrigáramos. Después de una media hora a la intemperie colaborando con las fotos de Pao, volvimos a dormir. Pero ya no fue igual, pues de alguna forma nos sentíamos “saturados”. “Otra noche como ésta, no paso” recuerdo que dije. Algo similar manifestaron los demás compañeros (con la excepción de Jean Paul).
En la madrugada paró el viento, dando paso a una preciosa mañana, luminosa y con pocas nubes. A las 7:00 nos levantamos y fuimos intercambiando comentarios sobre las sensaciones de la madrugada. Sentía un leve dolor de cabeza, así que tomé un Perifar y desayunamos. A los pocos minutos, ya se me había ido cualquier señal de malestar, restando solamente la sequedad en las vías respiratorias.

A las 8:30 decidimos continuar el ascenso, lentamente por zonas con hielo y nieve. Cuando alcanzamos “Lagunilla” –una pequeña laguna congelada- a 4.450 msnm, Pao nos comentó que para ella ya era suficiente, y que volvía al campamento, así que Martín decidió acompañarla, en tanto con Jean Paul y Caroteno decidimos continuar un poco más hasta el Campamento Hoyada a 4675 msnm.

“Las montañas, que antaño le parecían un mundo lleno de misterios y emboscadas, se le hacen familiares y amables.” 
video

Había solamente un lugar para colocar una carpa en ese campamento, ya que normalmente no es utilizado como base para el ataque a la cumbre, sino que se hace desde “Salto” saliendo en la madrugada. Llegamos a las 11:00, con algo de agitación pero la enorme satisfacción de haber alcanzado una altitud que para el común de los mortales, es inimaginable. Como tengo un poquito de espíritu “competitivo”, subí un poquito más hacia una zona alta, mientras Jean Paul y Caroteno quedaban en el campamento, descansando. Debo haber estado unos 5 metros más arriba que mis compañeros. ¡Chupate esa mandarina, Caroteno!

Después de tomar fotografías y filmar algunas escenas en esa zona espectacular de la montaña, comimos algo y emprendimos el retorno. La “Hoyada” es la zona donde se forma un hoyo en medio de las montañas, cubierto de nieve, con una vista bastante clara del col que une a Vallecitos (5500 msnm) tomando el filo hacia el noreste y el Plata (6000 msnm) hacia el suroeste. No puedo dejar de reconocer que me generó una cierta sensación de “derrota” estar relativamente cerca del col en los 5000 msnm y desistir del intento, pero también es cierto que es inteligente preservar el físico y valorar lo alcanzado. ¡Vaya si valió la pena!

“Para mí, en esta victoria, hay algo decepcionante."

El retorno desde Hoyada a Salto lo hice bastante rápido, entre las 11:15 y las 11:50. Cuando llegamos, Paola y Martín tomaban mate, había una carpa armada (dos jóvenes, un argentino –Matías Beneventana Luchini- que estaba sufriendo los efectos de la altura, y una noruega -Emilie “Globetrotter”-), en tanto un par de enormes bolsos estaban depositados en el medio del campamento. Según nos comentó Paola, habían sido traídos a caballo desde la base (“servicio especial”…), para un grupo que no quería cargar peso. Al ratito, llegó Zonda (sí, la perrita del Refugio), señal de que estaban por llegar algunos montañistas, como efectivamente sucedió a los pocos minutos.

Jean Paul volvió a comunicarse por radio con el Refugio, y le comentaron que las previsiones del tiempo habían cambiado levemente, esperándose un clima más benigno… Igualmente, ya habíamos decidido bajar, así que disfrutamos de un buen almuerzo –panchos con puré-, levantamos el campamento e iniciamos el retorno, a las 14:00 horas. Después de un muy duro trayecto con toda la carga encima, llegamos al refugio San Bernardo a las 18:30 horas siempre acompañados por Zonda, tras un par de breves descansos en el camino. ¡Un baño!!! Fue muy placentero poder disfrutar de una buena ducha caliente y cenar disfrutando de un buen vino, además de las charlas y puesta al día.

Alrededor de las 21:30 llegaron al Refugio, Matías y Emilie, nuestros ocasionales compañeros en el Salto, que también habían decidido bajar ya que Matías no se sentía bien.

"A mi modo de ver, el alpinismo es, ante todo, una experiencia individual y una especie de arte…”

Después de una buena noche de descanso, el día miércoles 16 amaneció totalmente cubierto de niebla, que no permitía ver a escasos metros. En la conversación matutina, decidimos ir hasta el Aconcagua, para lo cual bajamos a la ciudad de Mendoza y concurrimos al Centro de Informes del Parque Provincial Aconcagua, donde averiguamos por las diferentes opciones y decidimos hacer un trekking por el día, hasta el Campamento Confluencia ubicado a 3420 msnm. Bajamos hasta Potrerillos llevando a nuestros amigos Matías y Emilie, que habían decidido ir en ómnibus hasta el Aconcagua.

Después de un buen almuerzo en el centro, fuimos al Supermercado Carrefour a hacer algunas compras, y retornamos al Refugio San Bernardo, previa escala para tomar fotos en el Centro de Sky que muestra señales de abandono y que se ubica unos 200 metros más arriba, por la carretera de tierra.

El jueves 17 a las 11:20, ingresamos al Parque Nacional Aconcagua, por el valle de los Horcones. La majestuosidad del “monstruo” coronando el horizonte allá a lo lejos, bastante cubierto de nieve, resulta una imagen inolvidable. Iniciamos el ascenso a las 11:30, para llegar a Confluencia a las 15:30 horas, después de algunas interrupciones para tomar fotos, disfrutar de los pájaros en el camino que comían directamente posándose en nuestras manos, y subir presurosos a la ladera de la montaña abandonando los senderos para permitir el paso de las mulas que volvían de dejar sus cargas en los campamentos y que “tienen preferencia de paso”. En el campamento, disfrutamos de unas buenas cervezas, ya que hacía un par de días que la empresa Inka había instalado sus carpas, y tenía algunas provisiones. Entre 16:15 y 18:30 hicimos el retorno. Nos alojamos en un Parador sobre la ruta, en Penitentes, donde pudimos disfrutar de una buena cena de olla bien regada con vinos de la región.

“Aquí me tiene bien clavado, soltando las penas en un bar” (Maná)

El día viernes 18 fue dedicado a recorrer la zona, en particular el Puente del Inca y hacer algunas pequeñas compras. Intentamos subir al Cristo, pero el camino está en pésimo estado así que decidimos retornar y almorzar en Las Cuevas. Volvimos al parador a las 15:00 horas, así que me fui a descansar. Día perdido, salvo para Martín y Caroteno que subieron a las laderas de la montaña que está atrás del Parador, y anduvieron un poco deambulando para encontrar los senderos. Paola y Jean Paul estuvieron sacando algunas fotos. Al retorno, Caroteno comentó que había experimentado la sensación de subir a la montaña “sin la seguridad de JP”…

A la tarde, miré en televisión el partido de fútbol Betis – Las Palmas, disfrutando de unos mates y pensando en que me vendría muy bien haber iniciado el retorno a Montevideo, por todas las cosas pendientes que había dejado.


A la noche estuvimos conversando largo y tendido con don Héctor, cordobés residiendo en Colombia hace muchos años, con una familia constituida allí, que a la edad de 80 años estaba cumpliendo una promesa de su madre e hizo en moto, sin ninguna compañía, los 8000 kilómetros de ida y vuelta hasta su pueblo de origen, a lo que le agregó 147 kilómetros caminando. Un fenómeno. Esta anécdota, de por sí, merecería una larga crónica, que espero Paola vuelque ya que tomó nota de los principales aspectos de su vida.

“Bendito el lugar y el motivo de estar ahí, bendita la coincidencia. “ (Maná)

Finalmente, el sábado 19 a las 9:00 AM salimos de Penitentes, rumbo a ciudad de Mendoza, donde devolvimos los equipos alquilados en Orvitz y posteriormente fuimos a dejar a Caroteno a la Terminal de Ómnibus, ya que a la tarde salía rumbo a Buenos Aires.

Iniciamos el largo viaje de vuelta a Montevideo, con la idea de detenernos a dormir cerca de la frontera entre Argentina y Uruguay. Nos detuvimos a almorzar brevemente en una estación de servicios en la Provincia de San Luis, y nos fuimos turnando en la conducción, hasta que arribamos a Victoria, Entre Ríos poco después de las 22:00 horas. Cenamos allí, y decidimos continuar ya que en tanto yo no había dormido, Jean Paul y Martín se habían turnado para descansar. Ingresamos a Uruguay ya en la madrugada, nos detuvimos en Rosario a tomar un café y continuamos a Montevideo, donde ingresamos a las 5:30 AM.

“Meu coração vagabundo, quer guardar o mundo em mim” (Caetano Veloso)

En la grabación de las escenas en los puntos más altos, manifesté mi plena satisfacción por la altura alcanzada sin haber sufrido mayores consecuencias, en nuestro primer intento de ascenso a la montaña. Digo también que fue el “primer” intento, lo cual significa que con seguridad seguirán otros. Nos han recomendado especialmente ascender al Volcán Lanín -3780 msnm- por su espectacularidad y los paisajes que se disfrutan. Precisamente nuestro “hermano de la montaña” Wilson Guillén, hizo ese ascenso durante la misma semana. Después de la experiencia, también nos quedan las opciones de intentar el ascenso a Vallecitos o al Plata, y a Plaza de Mulas en el Aconcagua (aunque es bastante más “turístico”).

En lo inmediato, me vino muy bien como experiencia pues a fines del mes de marzo, tengo junto a Dardo Parentini el desafío Ultra Machu Picchu sobre 70 kilómetros, con largada a 3900 msnm, subiendo al Salkantay hasta los 4700 msnm y posteriormente bajando, por el camino (alternativo) al del Inca.

¿Qué nos mueve a intentar estas #AventurasConMuchoDeLocura? Además de una apuesta por la vida sana y el ejercicio en pleno contacto con la naturaleza, también hay un desafío hacia uno mismo, buscando permanentemente superar nuestras limitaciones y demostrándonos que podemos. “Conquistadores de lo inútil”, diría Lionel Terray, o “porque está ahí”, como señaló George Mallory cuando le preguntaron por las razones para subir el Everest. Sin dudas resulta muy atrevido pretender emular a estos “monstruos” de las montañas, pero -a nuestra escala y con nuestras limitaciones- hacemos propios sus razonamientos y motivaciones. Y por un tiempito, nos sentimos capaces de encarar desafíos que a primera vista parecen imposibles.


“Mi corazón vagabundo, quiere guardar el mundo en mí”. Y en ese mundo, tienen un lugar privilegiado nuestras familias y afectos, esos que a su manera están con nosotros en cada paso que damos, y que nos acompañan en la más absoluta soledad de la montaña, cobijando nuestros sueños y haciéndonos sentir protegidos pese a las situaciones límites que a veces enfrentamos. Aunque no lo crean, están permanentemente allí, en cada pensamiento, en cada respiración, en cada latido, en cada instante mágico que disfrutamos. Gracias por la fortuna de tenerlos.