sábado, 29 de febrero de 2020

Aconcagua Ultra Trail 60K - Objetivo conseguido


Canta Buitres en “Condenado el corazón”:

“Sus ojos miran como los de un animal
Sin lugar a donde escapar
Que lame sus heridas y vuelve a correr
Sin pensar que habrá una última vez”

En febrero de 2018, tuve el privilegio de participar de Aconcagua Ultra Trail en la distancia de 70K, de los cuales hice 58K ya que me faltó el ascenso y descenso a la Quebrada de Vargas. En esa ocasión, recuerdo que la inspiración estuvo originada por el ascenso hasta Confluencia –primer campamento después del ingreso en Horcones- cuando hicimos la expedición al Cordón del Plata (noviembre/2016). Esa experiencia fue compartida con Jonatan Torena, David Vega y Alejandra Isabella (que no pudo correr, por un esguince de tobillo una semana antes).

En oportunidad de la carrera de 10k del Campeonato de la AAU en Las Piedras en 2019, quiso el destino que estacionara mi auto frente a la casa de David y Alejandra, así que cuando me volvía, toqué timbre y estuvimos conversando brevemente sobre su experiencia en Eco-Challenge, y los planes futuros. Quedó definida la participación en Aconcagua Ultra Trail 2020, a la que se sumó poco después Dardo Parentini. Marcela Correa y Pedro Hernández también se sumaron en el último mes (viajaron en su auto).

Salimos el miércoles 19 poco después de mediodía, para descansar a la noche en Parador 9 sobre la autopista Rosario – Córdoba, muy cerca de Bell Ville, después de unos 800 kilómetros. Seguimos viaje temprano –a las 6:45 ya estábamos saliendo- para continuar hasta nuestro destino en Uspallata (Mendoza), donde nos alojamos en Cabañas Inca Roca, un precioso lugar con una vista espectacular de las montañas, a unos tres kilómetros del centro. Después de instalarnos, fuimos hasta el Hotel Ayelén en Penitentes (a 2600 msnm) ubicado a 60 kilómetros, donde retiramos el kit de carrera correspondiéndome el N° 647. Después de cumplir con las formalidades, seguimos hasta el Cristo Redentor (3800 msnm) donde estuvimos tomando fotos y comprando algunos recuerditos.


El viernes 21 fue día de relativo descanso. Fuimos hasta el Puente del Inca y posteriormente asistimos a la charla técnica de 100K y 60K, en tanto Alejandra, Marcela y Pedro se quedaron a la de 42K y 25K. A la noche, hicimos una cena de pastas en la cabaña, como corresponde a corredores responsables. Dejamos las mochilas prontas y temprano ya nos fuimos a dormir (o intentarlo), pues acordamos levantarnos a las 2:00. David largó a las 4:00, en tanto Dardo y yo lo hicimos a las 5:00, así que fuimos juntos. Enseguida de la largada de David, en una noche fría y despejada -7 grados de temperatura- intentamos descansar un poco más en el auto.

“Corrí una noche alejándome
Y sin embargo hoy estoy aquí otra vez”


Largamos con linternas encendidas por senderos al costado de la ruta que une Argentina con Chile, en un “falso plano” que se hizo sentir, ya que subimos unos 200 metros de desnivel hasta el ingreso al parque. El recorrido nos llevó a pasar por el Cementerio de los Andinistas, el Puente del Inca y posteriormente cruzar bajo un puente, para ingresar al Parque Nacional Aconcagua por el sendero que usan las mulas que cargan provisiones hacia la altura. Con las primeras luces del día, llegamos a Horcones (2800 msnm), el punto de ingreso formal al parque, con 11 kilómetros de recorrido en 1 hora 55 minutos. Íbamos relativamente bien, dentro de lo previsto aunque en los primeros kilómetros me sentí ahogado, muy posiblemente por la altura sobre el nivel del mar a la cual nos encontrábamos.


Nos alimentamos brevemente en el PC1, para seguir hacia Confluencia, punto donde confluyen todos los senderos de ascenso ubicado a 3450 msnm. Teníamos 4 horas desde la largada como “corte” para llegar hasta allí, y lo hicimos en 3 hs. 42 minutos, con 19 kilómetros de recorrido. Recordaba que en 2018, había llegado a este PC2 en 3 hs. 25 minutos, y muy posiblemente haya influido la convicción de que podía llegar sin mayores dificultades, lo que llevó a no extremar esfuerzos. El sendero es bastante desparejo, con muchas piedras sueltas, que hace que el avance sea en general algo lento. Ya la mañana estaba a pleno –llegamos con Dardo a las 8:42- y seguíamos con el mismo equipo con el que habíamos salido –remera térmica manga larga y camiseta Compressport, calzas cortas, medias de compresión y guantes “livianos”-, así que después de alimentarnos (la variedad de sólidos y líquidos es envidiable, con una atención a cargo de corredores digna del mayor elogio). ¡Hasta pizza con muzzarella calentita!. Tomé un par de vasos de sopa, un café y seguimos camino, ya con la idea de disfrutar del recorrido y comenzar a sacar fotos.

El camino de Confluencia a Plaza Francia es algo más limpio que el que habíamos hecho, ya que se trata de un sendero único, y por tanto está más claro por dónde avanzar. Subimos desde los 3450 msnm hasta los 4200 msnm, en un tramo de 8 kilómetros casi siempre en subida, con una vista espectacular de las montañas y el “monstruo blanco” –el Aconcagua- al frente de nuestro camino delimitando el horizonte. Mucha calma fue lo que prevaleció en ese recorrido, con Dardo permanentemente esperándome para avanzar juntos. Durante la primera parte, ambos sentimos un frío cortante en los dedos de las manos, que no podíamos superar pese a los movimientos que intentamos, hasta que finalmente pasó fruto del avance y el sol que cada vez calentaba más.


En ese tramo, los corredores de 100K ya estaban bajando, entre quienes encontramos a David que venía con dolor de cabeza casi desde la largada. Conversamos brevemente y nos sacamos algunas fotos, y el malestar se le notaba en la cara. Allá por los 4000 msnm, encontramos un largo tramo casi sin desnivel, con algunos vestigios de hielo cuando atravesamos algún hilo de agua, y la enorme masa de nieve a la izquierda del camino como una lengua que baja, semicubierta por la tierra que disimula su presencia. Sentimos un trueno y pudimos ver una avalancha de nieve a lo lejos, como una enorme nube que caía por la ladera de la montaña. Impresionante e inolvidable; debe haber durado aproximadamente un minuto, para volver a la calma enseguida, en una especie de recuerdo de la majestuosidad de la naturaleza.

“Malditos tus ojos
Tienen condenado el corazón
Al juego de su luz”



Finalmente, llegamos al PC 3 ubicado en el Mirador de Plaza Francia, 4200 msnm, con una vista soñada de la pared sur del Aconcagua, alrededor de mediodía. Mientras nos alimentábamos, nos indican que debíamos salir del parque antes de la hora de cierre -17:00 horas- lo que nos sorprendió ya que nunca nadie nos había indicado eso ni aparecía en ninguna de las informaciones aportadas oficialmente.

Después de alimentarnos, tomar fotos del lugar y de conversar sobre la avalancha, iniciamos el retorno un poco más rápido, con la preocupación del horario de cierre del parque, aunque de acuerdo con mis estimaciones, llegábamos sin mayores dificultades. Así, bajamos en unas 2 hs. 30 minutos hasta Confluencia (ahora, PC 4), donde encontramos corredores de 42K (habían largado a las 8:00) que estaban descansando y alimentándose. Nuevamente, la atención en el lugar es de destacar.

El siguiente tramo hasta Laguna de Horcones, ya saliendo “oficialmente” del parque (aunque seguíamos en sus senderos) fue también a mayor ritmo. Superamos a algunos pocos corredores de 42K, entre ellos el legendario Norberto González, que a sus 77 años sigue dando ejemplos de su enorme fortaleza y pasión por la montaña. Llegamos al PC a las 16:00 horas, nos hidratamos y alimentamos, para salir a cumplir con los últimos 11 kilómetros.
Dado que estábamos dentro de los tiempos previstos, nuevamente decidimos no “quemarnos” y hacerlo en formato trekking, con Dardo siempre esperándome ya que podía ir más rápido que yo. El tramo se hizo largo, pues completamos ese recorrido en 2 horas 21 minutos, llegando a la meta a las 18:21 (13 horas 21 minutos de carrera, para los 55 kilómetros que me marcó el GPS). No puedo quejarme, ya que llegué con el cansancio lógico de la distancia y altura, pero entero físicamente, sin ninguna molestia.

“Tan fácil, fácil, no es
horizonte lejano, correr y correr
el día que no llega
dura es la noche en soledad
pero el hombre que mira lejos no aprende a ver”

Carretera Perdida (Buitres)



Nuestros compañeros de 42 Km –Alejandra, Marcela y Pedro- ya habían completado su desafío, y se habían ido a la cabaña en Uspallata, según nos indicaron en un mensaje al celular y una anotación dejada en una nota en el parabrisas del auto. Después de hidratarnos, decidimos esperar por la llegada de David, tratando de dormitar un poco en el auto. Me enfrié, así que en cuanto recibimos el mensaje de Alejandra señalando que David llegaba alrededor de 21:30 horas, decidimos volver a la cabaña. Entrando a Uspallata, nos cruzamos con los compañeros que salían a esperar a nuestro “corredor estrella”; conversamos brevemente y acordamos pedir pizzas para cenar, sin necesidad de salir.



Fue mi Maratón & Ultramaratón N° 70, sumando 10.150 kilómetros en competencias oficiales hasta el momento. Alcancé la 3a posición en mi categoría (Caballeros +60), pero me enteré recién el domingo de mañana, así que no participé de la entrega de premios (me perdí una botella de vino y la medalla). Nos enteramos después que también habían corrido 42K, nuestros amigos uruguayos Osmar Telis (2° en su categoría) y Nicolás González.

Los resultados de nuestro equipo, fueron:

Nombre
Dist.
Tiempo
Pos. General
Pos. Categ.
David Vega
100
18:19:32
13
6
Dardo Parentini
60
13:21:08
39
9
Jorge Xavier
60
13:21:08
40
3
Marcela Correa
42
6:37:18
19
2
Alejandra Isabella
42
7:56:16
48
13
Pedro Hernández
42
8:23:06
65
10

Aconcagua Ultra Trail se define como la máxima expresión del desafío, con un exigente circuito trazado en el Parque Nacional Aconcagua, y una altimetría que llega a 4200 msnm. La invitación de la carrera dice: “Más lejos, más alto”. El imponente Aconcagua con sus 6962 msnm, es el pico más alto de América y meca del andinismo, atrayendo a miles de andinistas cada año. Como parte de esta experiencia, me comentó Dardo que junto a nuestros amigos de la expedición al Campamento Base del Everest en 2017, estaban conversando sobre la posibilidad de intentar hacer cumbre en el Aconcagua en enero/2021.

“Prefiero el salto que esperar
A decidirme”

Caída Libre (La Trampa)



Me vine con la enorme satisfacción de haber hecho 55 kilómetros en un lugar mítico, mágico, con la compañía de Dardo –un “capo” que me aguantó en todo el recorrido- y de los amigos de viaje, en otra experiencia inolvidable. Y me traje mis 3 puntos ITRA.

¡Qué me van a hablar del sentido de “equipo”!

martes, 4 de febrero de 2020

Colón Cross Country Adventure (Entre Ríos), 6 a 8.12.2019


"Lucha por conseguir un objetivo, para conocerte mejor, esfuérzate para tratar de averiguar dónde está tu límite" (Josef Ajram)

Nunca había estado en Colón (Entre Ríos), pese a la cercanía con Uruguay. Uno siempre se forma una idea sobre los diferentes lugares que va a visitar, y en este caso debo confesar que estuvo fuertemente influido por el Río Uruguay, las características geográficas y esa sensación de que pudimos haber sido parte de un mismo país, y que los avatares llevaron a que hoy seamos países hermanos pero diferentes.

En realidad, en ocasión de la Declaración de la Independencia de Uruguay -25.08.1825- simultáneamente se aprobó la integración a las Provincias Unidas del Río de la Plata (duró poco, hasta la Convención Preliminar de Paz firmada entre el Imperio del Brasil y las Provincias Unidas en 1828, como resultado de la mediación del Reino Unido). Incluso un poco antes la Banda Oriental, como entonces se conocía a Uruguay, formó parte de la Liga Federal –el sueño de nuestro prócer José G. Artigas- junto a Entre Ríos (entre otras provincias argentinas). Ese origen común, con seguridad hace que nos sintamos parte de una misma comunidad, separada por autoridades de frontera y aduaneras, trámites y requisitos que debemos cumplir para atravesar los límites, que implican un elemento extraño en la vida diaria.

Buscando en mi imaginario, descubrí que también algunas de las aventuras vividas en mi niñez en la ciudad de Artigas (“uma terra pirdida nu Norte, que nao sai nos mapa”, diría Fabián Severo, poeta artiguense), trepando barrancas del Río Cuareim o de algunos arroyos cercanos, e incluso la cercanía con el Río Uruguay, me generaba una particular expectativa. En ocasión de la edición del año anterior -2018-, había hecho averiguaciones pero finalmente no pude concurrir, ya que me coincidía con La Misión en Villa La Angostura.

Por tanto, en esta oportunidad me inscribí con tiempo, y casi enseguida se sumó Adolfo (el “magistrado”) ya que no le coincidía con ninguna carrera de la Agrupación de Atletas del Uruguay. ¿Calor? Sí, claro, como sucede casi siempre en diciembre en esta zona. Disfrutamos de la tranquilidad de Colón, algunas cervezas artesanales y una buena cena, para ir a descansar temprano pues nos esperaba el viaje en taxi hasta nuestro lugar de largada. Ya destaco alguna característica de Colón: la siesta casi obligatoria de sus habitantes –típica de nuestras ciudades del interior- y la tranquilidad y seguridad reinantes, al extremo que cuando consulté por un estacionamiento para dejar mi auto, me respondieron que no hay y que lo dejara en la calle.

La competencia comprende tres distancias: 100, 50 y 15K. En su segunda edición, me inscribí a los 50K -al igual que “Adolfer Run”- ya que por razones laborales, pudimos viajar recién el día viernes 6 en la tarde, para llegar a Colón a las 18:00 horas. Los corredores de 100K largaron a las 17:00 desde el centro de la ciudad, en tanto nosotros largamos desde Termas de Villa Elisa (a unos 34 kilómetros de Colón) a las 9:00 AM del día sábado.

La Organización nos esperaba con un precioso kit. Además de la remera con el nombre a la espalda y la distancia, nos obsequiaron un termo, mate, tabla para asado, vaso térmico, gorro, buff...y una atención de primera, como si nos conocieran de toda la vida.

En la previa, encontré a amigos de otras competencias -Fabián Gustavo De Simone (Peperina Videos, compañero en 4 Refugios - Bariloche y Ultra MacchuPichu - Perú) y Vivian (de Fiambalá) que habían largado los 100K, y que habían disfrutado de tramos en kayak y a caballo durante la jornada anterior, que para algunos terminó pasada la medianoche. A partir de esos relatos, ya me cuestioné no haber hecho el esfuerzo de estar en los 100K. Junto a Miguel (el "Boca", de Tacuarembó) fuimos los únicos corredores "extranjeros", así que hicimos que la carrera tuviera un toque internacional.

Después de entregar bolso y carpa a la organización, largamos por tramos largos de senda vehicular, con el sol a pleno como solamente se puede sentir en esas zonas del litoral. Avanzamos bastante bien, a ritmo interesante, aproximadamente hasta los 8 o 9 kilómetros, encontrando cada tanto un puesto de hidratación y frutas, que disfruté con calma ya que quedaba mucho recorrido por delante. A partir de allí, tomamos por dentro del monte, bordeando arroyos, atravesando tramos con bastante agua, y tratando de espantar a los mosquitos (no había tenido la precaución de ponerme repelente de insectos).

Atravesamos alguna zona de camping, con niños jugando en el agua e incluso algún perro nos acompañó durante ciertos tramos. Dado que éramos pocos corredores, en general avanzaba bastante solo, atravesando zonas sucias, con restos de plantaciones, terrenos resecos, vegetación y mucho calor. Gran parte del recorrido me hizo recordar al "Sendero de los Carros" que se corre en las costas del Río Santa Lucía, aquí en Florida.

Allá por los 25K, cuando salí a un puente después de atravesar una zona bastante sucia, veo a un competidor siendo atendido por la emergencia médica. Era Miguel, que se había desvanecido y estaba recibiendo suero. La verdad es que el calor era bastante insoportable, así que no me exigí en ningún momento limitándome a caminar a paso firme y trotar cuando se podía.

Por los 33K, me avisan que la distancia de ese día era un poco más larga, y no los 35K esperados. Maldije a los organizadores y así se lo hice saber a cuantos encontré en el camino, pero siempre en tono de broma. En los casi 10.000 kilómetros en competencias que llevaba, he aprendido a respetar a los que están contribuyendo con la seguridad de los corredores, y a esperar siempre un poco más de dificultades y distancias, así (si resultan menores a lo pensado) me quedará la satisfacción de llegar antes de lo previsto.

Fue efectivamente así. Los largos caminos vehiculares nos llevaron hasta el Camping del Balneario San José, donde llegué en 6 hs 55 minutos después de 41.2 kilómetros que me marcó el GPS.

Apenas llegué, encontré mi carpa ya armada y pude disfrutar de un riquísimo pollo al horno con arroz. Después de un buen baño y de disfrutar de una cerveza bien fría, fuimos invitados por la Organización a clases gratuitas de buceo en las piscinas del Balneario. Sí, hice buceo con tanque de oxígeno, y pude soportarlo sin mayores dificultades. A la noche, disfrutamos de un espectacular asado con cuero, y de videos con mensajes de algunos familiares de los corredores. Sin lugar a dudas, la Organización estuvo en todos los detalles para que pudiéramos disfrutar de una experiencia inolvidable. Ya acostado en la carpa, nuevamente vinieron los recuerdos de los campamentos a la orilla de algún río o arroyo durante la niñez y juventud, dejando los anzuelos esperando encontrar alguna captura a la mañana temprano.

Ya con los primeros rayos del sol, los cantos de los pájaros fueron la más dulce melodía que me despertó. Hubo tiempo suficiente para tomar unos mates, desayunar, desarmar las carpas y entregar los bolsos, para largar a las 9:00 rumbo a Colón. Se habían sumado los corredores de los 15K, así que ahora ya éramos un poco más. Miguel se había recuperado sin dificultades, así que también largó junto a nosotros. Hicimos una salida controlada rumbo a la costa del río, para tomar nuevamente el camino que habíamos hecho en su parte final, durante la jornada anterior. Ya apenas salimos a la zona de monte, atravesamos varios tramos con agua sucia, para posteriormente salir a zigzaguear por zonas con bastante vegetación, donde fui junto a Fabián (Peperina). Cuando encontramos la senda vehicular rumbo a Molino Aventura, nos pusimos a trotar y Fabián quedó un poquito atrás, razón por la cual nuevamente estuve corriendo en solitario (como en general me sucede).


Con 9 kilómetros de competencia, entramos al parque donde tuvimos un rato de mucha diversión. Hicimos tramos en equilibrio sobre tablas, cubiertas, cuerdas y nos tiramos en tirolesa. Fueron unos 50 minutos de preciosa actividad, donde a nadie le importaba el tiempo (que seguía corriendo). A partir de allí, seguimos por senderos bastante limpios, para salir a la costa del río. Lo atravesamos con ayuda de una cuerda, y emprendimos el tramo final ya en Colón, para llegar a la meta en el puerto con 16.1 kilómetros de recorrido en 2 hs 53 minutos.

Después de un buen baño y del almuerzo ofrecido por la Organización, participamos de la entrega de premios. El podio de 50K fue copado por los tres uruguayos, ya que Adolfo ocupó el primer lugar, yo fui segundo y Miguel quedó tercero. En resumen, completé 58 kilómetros en un tiempo total de 9 horas 48 minutos, alcanzando así los  9.977 kilómetros en competencia.

Fue una preciosa experiencia que me permitió conocer otro lugar de Argentina, con la atención de gente espectacular que nos hicieron sentir muy bien en todo momento: competencia de larga distancia, terrenos variados, diversión y sorpresas en cada etapa, excelente alimentación, descansos en preciosos lugares, “buena onda” y calidez humana. Como les dije: "volveremos, y llevaremos a varios más".

Vivimos en una permanente búsqueda de los puntos de nuestra vida que están un poco desconectados, y que en cada experiencia, nos aproximan a una mejor comprensión de los desafíos y misterios que buscamos desentrañar. Guardamos en nuestra mente y corazón, aquellos lugares y personas que nos hicieron sentir muy bien, y que nos permitieron –quizás inconscientemente- conectarnos con recuerdos que están algo ocultos, esperando la oportunidad para volver. De eso se trata.

“La vida istá cosida con pequeños momento y uno intenta encontrar dónde istá la punta del hilo que descosió el resto” (Fabián Severo, Viralata).

sábado, 1 de febrero de 2020

OBJETIVO CONSEGUIDO: VOLCÁN LANÍN, 3776 MSNM



En ocasión de mi cumpleaños N° 60, entre tantas demostraciones de cariño y obsequios, recibí algunos libros de amigos que conocen mis gustos, entre ellos “El Zambullidor” del también artíguense  Luis Do Santos, nacido en Calpica (muy cerca de Bella Unión, sobre el Río Uruguay, en zona de caña de azúcar. Además, vino con una dedicatoria del autor, que textualmente dice “A Jorge Xavier, estas historia de río”.

En ocasión del reciente viaje a San Martín de los Andes para hacer el ascenso al Volcán Lanín, decidí llevarlo para disponer de una lectura amena. Podría decir que lo “devoré”, pues comencé a leerlo en el vuelo de ida, y prácticamente no pude parar. Me trasladó a mi niñez en la ciudad de Artigas, cuando después de cumplir con los deberes y mandados, me iba junto a algunos amigos a las barrancas del Cuareim a disfrutar de tardes calurosas como solamente en el norte del país puede haber, o a alguna cañada a pescar o cazar algún bicho extraño, mezclando aventura con investigación, la mejor forma de aprendizaje que puede imaginarse. “Conecta los puntos de tu vida”, pregonaba Steve Jobs, y vaya si lo he tratado de hacer. Nunca sabemos en qué momento aparecerá alguna situación donde pondremos en juego experiencias ya vividas, casi con algo de magia, pero alcanza con estar atentos y abiertos a disfrutar de los diferentes desafíos que vamos enfrentando.

¿A qué viene toda esta introducción? Hace un año fracasaba en mi intento de hacer cumbre en el volcán Lanín, cuando debimos bajar a falta de unos 300 metros de altura para llegar, como consecuencia de la fuerte tormenta de viento que azotaba la zona. Recuerdo que en esa ocasión, le dije a Luis Fabra –el excepcional guía- que no pensaba volver a intentarlo. Duró poco mi frustración, pues cuando empecé a pensar en las opciones de carreras y desafíos para este año, contacté a Luis para que me pasara el cronograma de ascensos que había previsto.
Cuando fuimos a correr a Cochrane – Chile, Jorge Melgarejo se sumó al desafío, ya que viene arrastrando una lesión y no ha podido correr, así que se volcó a ascensos en montaña. Allá fuimos los “Jorges uruguayos”, los únicos dos integrantes del grupo que iba a intentar hacer cumbre los días 25 y 26/01/2020. En la reunión para chequear el equipo, Luis nos sugirió hacerlo los días 26 y 27/01, pues estaba prevista una madrugada con algo de vientos fuertes en la noche del 25, propuesta que aceptamos inmediatamente pues teníamos un día de margen.

Nos alojamos en el Hostel Alhue Patagonia, donde pudimos disfrutar del clima que se vive en ese tipo de alojamientos, tan lleno de jóvenes aventureros. En la mañana del sábado 25 y ante el cambio de planes, decidimos ir hasta la cumbre del Cerro Bandurrias a disfrutar de unas excepcionales vistas del Lago Lacar, en la zona de la reserva mapuche Curruhuinca en el paraje Trompul, para bajar hasta La Islita, lugar de una particular belleza donde hay un pequeño camping.
En la mañana del 26, Luis pasó a buscarnos a las 7:00 en su camioneta, para ir hasta el ingreso al volcán, muy cerca de la frontera con Chile donde había estado en ocasión del Cruce Columbia de los Andes en 2013. Nos registramos en el puesto de control con los guardaparques, preparamos el equipo y comenzamos el ascenso a las 09:00, desde los 1080 metros sobre el nivel del mar que me registró el GPS. Encontramos varios expedicionarios en el lugar, lo cual presagiaba algo de “tránsito” en el trayecto. No teníamos certeza sobre el refugio, pues el sistema informático había estado con dificultades, pero nos señalaron en la base que habría lugar suficiente. El día se presentaba bastante nublado y algo ventoso, con previsión de mejoría a partir del mediodía.

Pudimos hacer el ascenso a buen ritmo, al extremo que llegamos al refugio CAJA (Club Andino Junín de los Andes) ubicado a 2600 msnm, a las 13:10. En el camino encontramos a un Jano, su señora y una amiga, que subían hasta el refugio de Gendarmería Argentina con su hijito de un año y medio… Estuvimos conversando un ratito, sobre la maravilla de poder hacer esa actividad con un niño tan chico, y el futuro que con seguridad tendrá. Nos comentó Luis sobre la cervecería artesanal de Jano en San Martín –Crux-, así que lo registramos para hacerle una visita.

Finalmente en el refugio, fuimos 8 personas y dos más –una pareja francesa- en una carpa armada al lado. Varios expedicionarios bajaban de hacer cumbre, en un mediodía que se presentaba totalmente despejado, soleado y casi sin viento. Mientras descansábamos, recibimos la visita de un zorro que se acercaba al refugio, buscando comida. Después de unos buenos mates gracias a las provisiones que tiene nuestro guía depositadas en un lugar “secreto” cerca del refugio, a las 19.00 disfrutamos de una cena preparada por Luis –un riquísimo risotto- y nos fuimos a dormir a las 20:00 horas.

A la 01:45, Luis nos despertó y comenzamos a preparar el equipo para continuar el ascenso, mientras tomábamos café y comíamos algo. A las 02:20 nos pusimos en marcha, con las linternas encendidas bajo una noche absolutamente estrellada y prácticamente sin viento, condiciones perfectas para el desafío. Salimos delante de todos los que estaban en el refugio, seguidos muy de cerca por una pareja. Enseguida de salir, llegamos a la primera lengua de nieve, momento en el que nos pusimos los grampones para poder subir sin dificultades. Una vez culminado ese tramo, seguimos por zonas de mucha piedra suelta y arena volcánica, en algunos tramos con la protección de un pequeño muro de piedras, por donde habíamos decidido volver en ocasión del intento de 2019.

Lentamente empezábamos a ver las primeras luces del sol que asomaban, mientras las linternas de quienes nos seguían permitían tener una idea de quiénes estaban haciendo el ascenso. Cuando estábamos llegando al tramo final, donde nuevamente hay nieve, le pregunté a Luis si era la cumbre. “Es una falsa cumbre”, pues desde ahí, hay que seguir subiendo un poquito más por zona de nieve hasta el punto más alto, sin necesidad de ponernos nuevamente los grampones, ya que la inclinación cambiaba bastante. Llegué a ese lugar con remera térmica, campera micropolar y cortaviento, sin necesidad de ponerme la campera de plumas.

Luis se adelantó un poquito, para poder filmar y tomar fotos de nuestra llegada a la cumbre. Fue un momento con algo de magia, pues alcanzamos el punto más alto -3.776 msnm- exactamente a las 06:40, cuando comenzaba a amanecer. Soplaba un viento fuerte –en la cumbre, siempre sucede- así que tuvimos que abrigarnos rápidamente, después de los saludos de rigor, los festejos y el recuerdo de nuestros seres queridos.
Luis había llevado un termo con té, así que pudimos disfrutar de una bebida caliente. Intenté prender el celular para registrar algunas imágenes, y se apagó por el frío reinante, así que volví a la cámara fotográfica y a la GoPro. Estuvimos exactamente 25 minutos en ese lugar, y a las 07:05 comenzamos a descender, cuando llegaba la pareja de franceses y casi pegados, la otra pareja que estaba en el refugio.

El descenso fue también bastante rápido, aunque la pareja francesa nos superó con holgura. En la zona de nieve, con Jorge nuevamente nos pusimos los grampones en tanto Luis bajaba “esquiando” sobre sus botas… un fenómeno. Llegamos al refugio en 3 hs. 10’, a las 10:15 de la mañana. Disfrutamos nuevamente de unos mates, y después de comer queso y dulce (un “Sarmiento” como dijo Luis, confundiéndolo con el “Martín Fierro” que usamos nosotros para denominar a esa combinación, comentario que fue motivo de diversión).
Preparamos el equipaje que habíamos dejado allí, y después de dejarle la comida sobrante al zorrito que nos había visitado en la tarde anterior, comenzamos el descenso a las 11:25. En el refugio de Gendarmería –llegamos en 30 minutos- estuvimos conversando un ratito con quienes allí estaban, y comentamos sobre el desafío con Luis para tomar unas cervezas en la base si llegábamos antes de 14:30.

Y llegamos a las 14:10. Es cierto que al menos yo, bajé en “automático” pues los cuádriceps me “estallaban”. Cuando noté que no veníamos por el sendero de mulas, bastante limpio, sino por la canaleta que se forma entre las partes más altas del descenso con mucha piedra suelta y arena volcánica, se lo comenté a Luis. “Es que vengo con los Jorges que están picantes”, me respondió.
Después de registrar el descenso en la base, estuvimos disfrutando de la cerveza prometida mientras mojábamos los pies en un arroyito con agua muy fría que baja de la montaña, en el camping Tromen. A las 16:25 ya estábamos en el hostel, así que pudimos dejar la ropa sucia para lavar, bañarnos y salir a disfrutar de unas buenas pizzas y cervezas en Pizzería Cala. A la noche, cumplimos con la propuesta de ir a la Cervecería Crux, a disfrutar de las bien ganadas cervezas.

Nos volvimos con la enorme satisfacción de haber alcanzado la cumbre, en tiempo y condiciones muy buenas, así que el “objetivo conseguido” estuvo en todos los mensajes que enviamos. En la mañana del martes, tempranito, también envié fotos y reporte a En Perspectiva (Radiomundo) ya que así lo había prometido, noticia que fue leída por Emiliano Cotelo y Romina Andrioli en el programa.
La satisfacción por el logro, nos llevó a comenzar a planificar futuros ascensos. En principio, además de los desafíos para este año 2020, parece interesante intentar la cumbre del volcán Domuyo (4707 mnsm), el más alto de la Patagonia, también en Neuquén cerca de Zapala, expedición que lleva 4 días (3 noches). Es un “estratovolcán” del que nace la Cordillera del Viento. En principio, manejamos la posibilidad de hacerlo en enero o febrero de 2021.

“Nadie nos dijo que fuéramos, nadie nos dijo que lo intentáramos, nadie nos dijo que sería fácil; alguien dijo que somos nuestros sueños, que si no soñamos, estamos muertos” (Kilian Jornet)

sábado, 28 de diciembre de 2019

Columbia Race Ánimas, Correcaminata Los Arenales y Colón Cross Country Adventure

Después de un cierto tiempo sin escribir crónicas, aquí retomo la práctica que durante varios años me tuvo ocupado enseguida de la participación en alguna carrera. En esta oportunidad, referiré a tres competencias que tuve el placer de disfrutar en este mes de diciembre: Columbia Race Ánimas 15K (en las sierras de Minas) y Correcaminata Los Arenales 10K (Arenales, Canelones) el domingo 1, y Colón Cross Country Adventure (Colón, Entre Ríos, Argentina) 50K los días sábado 7 y domingo 8.

Columbia Race Ánimas
A partir de la preciosa experiencia vivida en la comuna de Cochrane, sur de Chile (02.11.2019) sobre 50K, Jorge Melgarejo (organizador de Race Ánimas) -con quien llegamos juntos a la meta- me invitó a participar de esta competencia, optando por inscribirme en los 15K ya que en la tarde había asumido el compromiso con Yovanna Barreto de participar en Los Arenales.
No retiré kit, así que en la noche previa envié un mensaje a Jorge consultando si la largada de mi distancia se hacía a las 9:00 (como originalmente estaba previsto). Cuando el despertador sonó, leí la respuesta que decía: "no, largamos a las 8:00", así que podrán imaginar lo que fue mi viaje de ida... No tengo claro si cometí alguna infracción, pero lo cierto es que llegué unos 15 minutos antes de la largada, para retirar el kit (fui el último en recibirlo) y dejarle mi mochila y llave del auto, a Martha Wertnig.

Largamos desde la cumbre de un cerro, hacia abajo, para trotar por zonas forestadas y salir hacia un sendero de tierra, tramos en los que fui perdiendo a Marta Santana, Valeria Méndez y Andrés Montero, después de alguna charla breve. A los 2.5K encontramos el primer puesto de hidratación, para tomar por una servidumbre de paso hacia la derecha en leve ascenso.
Avanzaba bastante bien, a ritmo bien controlado. Alcanzamos los 306 msnm aproximadamente a los 3 kilómetros, para bajar y volver a subir hasta los 267 msnm con 7 kilómetros de competencia, trotar por zonas de las sierras con subidas y bajadas, alcanzar el punto más alto del recorrido (315 msnm) a los 11 km, y encarar el tramo final hacia la meta con dura subida.

El recorrido total marcó 14 kilómetros exactos, que completé en 1:57:50 (8:25/km), con 445 metros de desnivel acumulado positivo. Es indudable que en Uruguay tenemos recorridos preciosos, con desniveles interesantes y con capacidad de organización como la demostrada por los amigos de Trail Running Uruguay, que no tienen nada que envidiar a carreras de la región. El resultado me dejó plenamente satisfecho.

Una vez culminada la competencia, disfrutamos del nuevo gazebo inflable de Cantero Entrenamientos, y compartimos un almuerzo entre los compañeros. Recibimos un reconocimiento por parte de la Organización, por ser el 2° equipo en cantidad de corredores presentes.

Correcaminata Los Arenales
Después de descansar un rato, preparé el mate y salí por rutas de los departamentos de Lavalleja y Canelones hacia el Paraje Arenales, muy cerca de Migues, donde llegué alrededor de las 16:00 horas. La carrera organizada por Yovanna Barreto y el equipo de la Soc. Fomento de Los Arenales, largaba a las 17:00, así que pude inscribirme con tiempo y esperar la llegada de Pablo Lapaz, su hijo Mateo, y el "magistrado" Adolfer Run, que también fueron a correr.

Recuerdo que el año anterior, habíamos disfrutado de un recorrido muy entretenido y sucio, así que decidí usar la misma ropa de carrera de la mañana. Ya sé, algunos dirán que debería haberme cambiado... pero las condiciones que enfrentamos, lo justificaron.
En esta ocasión, el recorrido nos llevó a atravesar una cañada (será realmente así? pues el agua no corre allí...) durante algo así como 150 metros, con agua sucia hasta el pecho, cuando el año pasado la atravesamos de un lado a otro. También tuvimos el pasaje por piletas de agua para el ganado, chapoteando, para atravesar un campo, y finalmente salir a un sendero vehicular bastante limpio. Ya allí se veía la meta después de una leve subida de una extensión de aproximadamente 600 metros, donde llegué en 1h 02m 24s para los 9.5 kilómetros que me marcó el GPS (6:33/km).

Mateo y Pablo ya habían llegado (en ese orden...), así que después de cambiarme, emprendí el retorno, con la satisfacción de haber podido contribuir con los amigos de Arenales y disfrutar de una preciosa competencia. La ocasión también fue propicia para ultimar los detalles del viaje con Adolfo el siguiente viernes a Colón.

Colón Cross Country Adventure (Colón, Entre Ríos)
Esta competencia comprende tres distancias: 100, 50 y 15K. En su segunda edición, me inscribí a los 50K -al igual que el "magistrado" Adolfer Run- ya que viajamos el día viernes 6 en la tarde, para llegar a Colón a las 18:00 horas. Los corredores de 100K largaron a las 17:00, desde el centro de la ciudad, en tanto nosotros largamos desde Termas de Villa Elisa (a unos 34 kilómetros de Colón) a las 9:00 AM del día sábado.
En el año 2018 -en ocasión de la primera edición- me había quedado con las ganas de participar de esta competencia, ya que fui a correr La Misión a Villa La Angostura. Por tanto, en esta oportunidad me inscribí con tiempo, y casi enseguida se sumó Adolfo. ¿Calor? Sí, claro, como sucede casi siempre en diciembre en esta zona. Disfrutamos de la tranquilidad de Colón, algunas cervezas artesanales y una buena cena, para ir a descansar temprano pues nos esperaba el viaje en taxi hasta nuestro lugar de largada.
La Organización nos esperaba con un precioso kit. Además de la remera con el nombre a la espalda y la distancia, nos obsequiaron un termo, mate, tabla para asado, vaso térmico, gorro, buff...y una atención de primera.
En la previa, encontré a amigos de otras competencias -Fabián (Peperina Videos, de 4 Refugios - Bariloche y MacchuPichu - Perú) y Vivian (de Fiambalá) que habían largado los 100K, y disfrutaron de tramos en kayak y a caballo durante la jornada anterior. Junto a Miguel (el "Boca", de Tacuarembó) fuimos los únicos corredores "extranjeros", así que hicimos que la carrera tuviera un toque internacional.

Después de entregar bolso y carpa a la organización, largamos por tramos largos de senda vehicular, al rayo del sol. Avanzamos bastante bien, a ritmo interesante, aproximadamente hasta los 8 o 9 kilómetros, encontrando cada tanto un puesto de hidratación y fruta. A partir de allí, tomamos por dentro del monte, bordeando arroyos, atravesando tramos con bastante agua, y tratando de espantar a los mosquitos. Dado que éramos pocos corredores, en general avanzaba bastante solo, atravesando zonas sucias, con restos de plantaciones, terrenos resecos, vegetación...y mucho calor. Gran parte del recorrido me hizo recordar al "Sendero de los Carros" que se corre en las costas del Río Santa Lucía, aquí en Florida.
Allá por los 25K, cuando salí a un puente después de atravesar una zona bastante sucia, veo a un competidor siendo atendido por la emergencia médica. Era Miguel, que se había desvanecido y estaba recibiendo suero. La verdad es que el calor era bastante insoportable, así que no me exigí en ningún momento. Por los 33K, me avisan que la distancia de ese día era un poco más larga, y no los 35K esperados...
Fue efectivamente así. Los largos caminos vehiculares nos llevaron hasta el Camping del Balneario San José, donde llegué en 6 hs 55 minutos después de 41.2 kilómetros. Los tramos junto al río, me hicieron recordar a mi infancia -con mucha nostalgia-, cuando disfrutaba de las costas del Río Cuareim en mi querida ciudad de Artigas.
Encontré mi carpa ya armada, y disfruté de un riquísimo pollo al horno con arroz. Después de un buen baño y de disfrutar de una cerveza bien fría, fuimos invitados por la Organización a clases gratuitas de buceo en las piscinas del Balneario. A la noche, disfrutamos de un espectacular asado con cuero, y de videos con mensajes de algunos familiares de los corredores.

El domingo a la mañana, disfrutamos del desayuno ofrecido por los organizadores. Desarmamos las carpas y entregamos los bolsos, para largar a las 9:00 rumbo a Colón. Se habían sumado los corredores de los 15K, así que ahora ya éramos un poco más. Miguel se había recuperado sin dificultades, así que también largó junto a nosotros. Hicimos una salida controlada rumbo a la costa del río, para tomar nuevamente el camino que habíamos hecho en su parte final, durante la jornada anterior. Ya apenas salimos a la zona de monte, atravesamos varios tramos con agua sucia, para posteriormente salir a zigzaguear por tramos con bastante vegetación, donde fui junto a Fabián (Peperina). Cuando encontramos la senda vehicular rumbo a Molino Aventura, nos pusimos a trotar y Fabián quedó un poquito atrás.
Con 9 kilómetros de competencia, entramos al parque donde tuvimos un poco de diversión, Hicimos tramos en equilibrio sobre tablas, cubiertas, cuerdas y nos tiramos en tirolesa. Fueron unos 50 minutos de preciosa actividad, donde a nadie le importaba el tiempo (que seguía corriendo). A partir de allí, seguimos por senderos bastante limpios, para salir a la costa del río. Lo atravesamos con ayuda de una cuerda, y emprendimos el tramo final ya en Colón, para llegar a la meta en el puerto con 16.1 kilómetros de recorrido en 2 hs 53 minutos.

Después de un buen baño y del almuerzo ofrecido por la Organización, participamos de la entrega de premios. El podio de 50K fue copado por los tres uruguayos, ya que Adolfo ocupó el primer lugar, yo fui segundo y Miguel quedó tercero.
Fue una preciosa experiencia, con la atención de gente espectacular que nos hicieron sentir muy bien en todo momento. Como les dije: "volveremos, y llevaremos a varios más".

Año 2019, solamente superado por el 2013 en cantidad de kilómetros corridos
Este año 2019 me permitió disfrutar de 37 competencias y 982 kilómetros. Desde que comencé a correr allá por un lejano 2006, llevo 9.893 kilómetros en 514 competencias oficiales, con el privilegio de haber corrido en Uruguay, Argentina, Chile, Brasil, Perú, Estados Unidos, España, Portugal, Francia, Inglaterra, Alemania, Austria, Suiza, Italia, y de haber trepado montañas en Nepal (Campamento Base del Everest -5368 msnm- y Kala Patthar -5.550 msnm-). De esos casi 10.000 kilómetros en competencias, 5.760 Km. son de trail y 4.133 Km. en calle. Y en 2020, vamos por Mera Peak (Nepal) a 6.476 msnm junto a Andrés Silva, Dardo Parentini y Pablo Lapaz, en la excursión organizada por DestinOriente.

¿Afortunado, verdad?

domingo, 26 de mayo de 2019

Fiambalá Desert Trail (Catamarca). La gran carrera del desierto argentino

A partir de las experiencias vividas entre 2017 y 2018, con algunos compañeros empezamos a madurar la idea de correr en desierto. Lo más similar había sido el Raid de los Andes en 2013 (Tumbaya-Purmamarca y Salinas Grandes en Jujuy - Argentina, y Desierto de Atacama en Chile). El recuerdo de lo duro que me ha resultado Ultra Trail Cabo Polonio operaba como un freno, pero la mística y la proeza que se aprecian en videos de Marathon des Sables (Sahara), o en sus versiones "half" en el Desierto de Ica (Perú) y Fuerteventura (Islas Canarias), hacían que el sueño estuviera siempre presente. Es más, con Andrés "Pato" Silva, llegamos a manejar alguna fecha tentativa.

Y en octubre del año pasado llegó el día en que presenté "De la penillanura al Himalaya. Un corredor del montón convertido en ultramaratonista" en la Feria del Libro de Montevideo, donde se hicieron presentes varios amigos corredores. Recuerdo que entre sonrisas, me comentaron que habían resuelto ir a correr Fiambalá Desert Trail en su versión de 165 Km (4 etapas) en este 2019, conformándose un grupo con Mariana Quiñones, Mauricio Acosta -debutante en ultramaratones-, Andrés y Dardo Parentini, previéndose inicialmente ir en nuestros vehículos para tener libertad de desplazamientos allá. Mi respuesta fue casi instantánea. Tenía un atractivo adicional: iba a conocer las enormes dunas utilizadas por el Rally Dakar, cuando se corría por el norte argentino.

En Semana de Turismo -del 13 al 19.04.2019- tuve el privilegio de correr Peneda-Gerés Trail Adventure (135 Km) en Portugal, razón por la cual la carga física venía siendo importante. Finalmente, Dardo y Andrés fueron a correr a Ushuaia, y decidieron bajarse de Fiambalá, en tanto se sumaron Robert Acosta, Fernando Bonino y Andrés Montero. Después de analizar opciones de viaje, decidimos cruzar a Buenos Aires en Buquebús el domingo 5, para tomar el bus de Chevallier a las 16:15 en Estación Retiro con destino a La Rioja, llegando después de un muy largo viaje alrededor de las 11:00 del lunes 6. Anécdotas de ese viaje hay varias, pero no me extiendo. Nos esperaba un "transfer" de la Organización, que pasó por el aeropuerto donde levantamos a Milton Rodríguez Ponmerenck y Gabriela Fariña (Diego, su hijo, no viajó pues continuaba con su lesión de Cabo Polonio, y se está recuperando para correr un Ironman).

Llegamos a la pequeña Fiambalá (Catamarca), una preciosa ciudad en la precordillera a unos 1700 msnm, rodeada de enormes dunas y montañas, para instalarnos en "La Casa de Juan" a escasos 100 metros de la plaza principal (donde además se hacía la llegada de la carrera). Esta anécdota vale la pena: Cuando preguntamos en la plaza por nuestro destino, tres chicas nos preguntan "¿Qué Juan?"...obviamente, en esa pequeña ciudad, todos se conocen. Ante nuestra sonrisa, siguió un "Ah, sí! Aquí a la vuelta". Después de instalarnos, seguimos la recomendación de Juan, quien llamó por teléfono a un restaurante para que nos esperaran a almorzar, ya que eran las 15:30 horas. En la plaza, nuevamente estaban las chicas, a quienes les preguntamos por el restaurante. "Estamos aquí hasta las 16:00, así que hasta esa hora aceptamos consultas", nos dijeron entre risas. Robert llegó unos minutos después, sumándose a la mesa (viajó en solitario desde Tacuarembó).

A la tarde, fuimos hasta las Termas de Fiambalá donde pudimos disfrutar de un buen baño y relajar bastante los músculos. Fernando empezó a sentirse algo mal, muy posiblemente fruto de la altura y de los cambios de temperatura en el largo viaje en ómnibus. El día martes almorzamos junto a Milton y Gabriela, retiramos el kit de la carrera -me correspondió el N° 064- y asistimos a la charla técnica en la Disco La Morocha. En la tarde, visitamos el Museo del Hombre, donde hay dos momias de antepasados de la zona.

Etapa 1 - Punta del Agua a Las Papas - 33.7 Km en ascenso, en 6 hs 22 min.

Nos trasladamos en buses de la organización hasta Punta del Agua, un pequeñito pueblo en el desierto, desde donde largamos en ascenso hacia Las Papas. El camino se hizo algo largo, dado que permanentemente fuimos por arena y piedras, para hacer innumerables cruces del arroyo que baja de la montaña en la segunda mitad del recorrido. Solamente se puede circular en esa zona, en vehículos 4 x 4 o en cuatriciclos o motos todoterreno. Hice todo el camino marchando junto a Mauricio, previendo la necesidad de reservar energías para los días siguientes.

En algunos tramos, solamente hacía falta el "Halcón Milenario" o alguna otra nave de Star Wars, para que fuera una perfecta escena de la zaga. Los puestos de hidratación estaban perfectamente ubicados a distancias razonables, lo que nos permitió comer algo y reponer líquidos. En el tramo final de la etapa, Mariana -una colega argentina- avanzaba con bastante malestar, fruto de los efectos de la altura, ya que llegamos a 2.650 msnm. MQ había llegado un rato antes, en tanto Robert y Milton llegaron un poco después que nosotros. Fernando Bonino había sido llevado desde el Km 20 con hipotermia, y había recibido un inyectable, lo cual nos asustó un poco. Al día siguiente, fue llevado por la Organización a Fiambalá.

Las Papas es un pequeñito poblado con 80 habitantes -en su gran mayoría, familiares- 24 de ellos en edad escolar, que esperan ansiosos la visita durante dos días al año de este grupo de "locos que corren". Abren sus muy humildes casas de adobe y nos ofrecen todo lo que tienen, para que pasemos lo mejor posible. El agua caliente se genera con calentadores a leña, donde algún lugareño está pendiente de que el fuego no se acabe mientras haya algún corredor esperando para bañarse. En conversaciones con algunos, me señalaban que durante dos meses al año quedan totalmente aislados fruto de las lluvias. "Nos preparamos y esperamos que el tiempo pase", me respondieron ante mi consulta sobre qué hacen ...

Un aspecto de enorme destaque: la Organización y corredores, llevan mochilas con útiles escolares y juguetes para los niños. Es impresionante ver el agradecimiento de estos chicos, y la forma como disfrutan de las cosas más elementales. Acompañan a los corredores que llegan durante los últimos metros, hacen una preciosa fiesta, juegan en la única callecita hasta altas horas...

Un rato después de llegar, subimos con Mauricio hasta el Santuario de la Pachamama, una elevación al lado del pueblito, donde los pobladores se reúnen a honrar a la madre tierra y realizan ofrendas. me traje algunas piedritas de recuerdo de ese lugar místico, que además tiene una vista a 360 grados, espectacular. ¡Qué frío que hizo en la noche!, pues me tocó dormir en una especie de salón comunal con techo de paja y sin puertas...pese a que pusimos carteles de la Organización para cerrarlo un poco, el viento los tiraba.

Etapa 2 - Las Papas - Lagunilla - Las Papas. 42.8 Km en 10 hs 10 min.

El desafío en esta instancia, estaba planteado tanto por el largo recorrido como por la altura a la que debíamos llegar. Los primeros 15 kilómetros fueron de ascenso fuerte, donde fui junto a Mauricio y Milton, hasta que empezaron a quedarse un poco. Nos avisaron que iban a cortar parte del recorrido en la parte más alta, previéndose unos 38.5 kilómetros. No fue así...

Ascendimos hasta los 3690 msnm. en la zona de Lagunilla, una laguna en la parte más alta de la montaña, donde nos indicaron que debíamos hacer el recorrido por su alrededor hasta un puesto que se veía del otro lado, durante unos 5 kilómetros. Juro que si encontraba a R2-D2 y a BB8 en el largo tramo de arena antes de llegar a la laguna, no me hubiese llamado la atención (incluso una enormes piedras me parecieron los vestigios de alguna nave espacial...). El viento hacía de las suyas en algunos tramos, pero el día seguía presentándose bastante despejado. Sentí que mis duendes me acompañaban en ese recorrido. Una vez completada esa vuelta (que, según parece, era la parte que no debíamos hacer...y por eso los 38.5 K "anunciados"), subimos un poco más por zona con muchas piedras, hasta alcanzar los 3710 msnm -el punto más alto-, y empezar a bajar hacia unas termas en construcción en la zona. Me sentía bastante bien, pese a la altura. Con 28 kilómetros ya cumplidos, llegué al puesto de hidratación que en el camino de ida me había marcado 15K, así que ya me dí cuenta que iban a ser 43K.
Dado que tenía hasta las 19:00 para completar la etapa, aprovechaba las bajadas para trotar un poco más rápido. Finalmente, con bastante cansancio pero sintiéndome entero físicamente, completé el recorrido a las 18:10, cuando ya el sol bajaba. Robert, Mauricio, Mariana y Milton llegaron un poco después, aunque esa espera se hace interminable pues el deseo de ver pronto a los compañeros que la montaña y el desierto "devuelven", genera ansiedad y nerviosismo. ¿Llegarán antes del corte horario? ¿Estarán enteros? ¿Cómo habrán soportado los efectos de la altura? Apenas me fui a bañar -me estaba congelando- llegó Mariana y no pude verla, al extremo que pensé que aún venía en ruta cuando me dijeron que ya estaba esperando para cenar...

Alrededor de las 22:00, con Robert disfrutamos de unas cervezas que conseguimos en el único comercio del pueblito, propiedad del cacique/autoridad municipal/padre y abuelo de varios, bien fría y a un módico precio de $ 60. Parece que tan aislados están, que ni siquiera llegan los efectos de la inflación. Ante la situación vivida durante la noche anterior, con Mauricio decidimos mudarnos a la casita de adobe donde había descansado Fernando, y que tenía dos lugares libres.

Etapa 3 - Las Papas a Punta del Agua - 33.7 Km en descenso, en 5 hs 48 min.

El recorrido fue el mismo del primer día, aunque ahora en sentido inverso. Pese a que me propuse hacerlo a ritmo bien controlado guardando energía para la larga etapa final, salí un poco más rápido que mis amigos. Alrededor de los 4 Km, me superó Robert que iba a muy buen ritmo. Recogí un buff y una visera de corredores que los habían perdido, a quienes encontré un poquito más adelante... ni siquiera se habían dado cuenta. Seguí avanzando hasta que aproximadamente a los 16 Km sentí un grito "Jota". Me doy vuelta, y eran Mariana, Milton y Mauricio, que venían cruzando el arroyo, así que los esperé y seguimos juntos durante un buen rato, hasta el último puesto de hidratación a unos 7 kilómetros de la meta.

A partir de ese punto, Milton se fue adelante con un ritmo de marcha realmente envidiable, en tanto Mariana y Mauricio quedaron un poquito atrás. Nos esperaba un muy leve ascenso con mucha arena suelta y piedras, para finalmente llegar a la meta. Estuvimos un largo rato esperando por el traslado a las Termas de Fiambalá, unos 60 Km de Punta del Agua, ya que tuvimos algunas dificultades logísticas con los vehículos de la organización.
Los vecinos prepararon un fueguito y mate, así que pudimos conversar bastante mientras esperábamos. Finalmente, en camionetas e incluso en la ambulancia, fuimos trasladados hasta el lugar donde dormiríamos esa noche, en la zona municipal de las Termas.

Después de instalarnos, con Mauricio y Robert preparamos el mate y decidimos ir hasta las termas, con un ascenso bastante pronunciado a una distancia de unos 800 metros. Hicimos "dedo", así que una camioneta que subía nos llevó hasta la entrada. Después de un buen rato conversando y aprovechando para relajar los músculos, volvimos al salón municipal. Ahí, Milton nos sugirió ir a cenar a un pequeño restaurante ubicado al lado, cosa que hicimos para evitar la enorme cantidad de corredores que compartían el salón. Sabia decisión, ya que pudimos además disfrutar de unas cervezas, y recibir el ya famoso "sandwiche de bondiola" preparado por Milton.

Poder descansar a la noche, fue algo complicado dada la enorme cantidad de gente y la existencia de un solo baño para caballeros y dos para damas, así que muy temprano en la mañana, ya estábamos levantándonos para ir a desayunar nuevamente al mismo lugar de la cena. Los corredores que largaban los 80K se habían sumado al contingente, pues también salían desde el mismo lugar, razón por la cual empezamos a ver "caras nuevas". En la previa, circuló la versión de que se iba a cortar parte del recorrido para "compensar" en algo lo que habíamos hecho de más en la segunda etapa, pero largamos sin ninguna confirmación.

Etapa 4 - Termas de Fiambalá a Fiambalá - 62 Km en 12 hs 56 min.

Temprano a la mañana, Mariana nos comentó que pensaba abandonar pues no se sentía bien. Muy posiblemente, fuera más la fatiga mental que física, como suele suceder en este tipo de competencias tan duras por etapas. Por suerte, la insistencia -en particular, de Milton- hizo efecto y decidió cumplir con todas las etapas. Largamos a las 8:00 en bajada, para tomar por senderos de arena durante unos 8 kilómetros. Robert enseguida me superó a muy buen ritmo. Llegamos al primer puesto de hidratación, ubicado al ingreso al lecho seco del río, por donde debíamos seguir hacia la derecha, rodeados por las enormes barrancas, en la más clara evidencia de lo que crece el río en época de lluvias. Durante ese largo tramo, avancé junto a un grupo de corredores argentinos, hasta que -llegando al 2° puesto de hidratación- empezó a bajar algo de agua (muy posiblemente, abrieron alguna compuerta) que generaba un barro bastante pegajoso.

Seguimos unos kilómetros más, para salir del lecho y empezar a subir hacia el tercer puesto de hidratación, ubicado en el Km 26. Cuando salía, veo llegar a Milton, así que estuvimos conversando brevemente. Seguí subiendo hacia la zona de minas a cielo abierto durante un buen trecho, complicado por las enormes piedras, arena suelta y el ascenso permanente por zonas peligrosas. Alcancé el punto más alto, y comencé a bajar para llegar al 4° puesto de hidratación, donde estaban haciendo un asado...para la gente del staff!

Seguí bajando, para salir finalmente a la ruta que lleva a las Termas, muy cerca del punto de largada de la etapa. Hice aproximadamente un kilómetro, para llegar al punto donde los corredores de 165K, 80K y 50K, ingresábamos a la izquierda para subir nuevamente por un enorme cañadón con barrancas y grandes piedras. Tenía un margen de 2 hs 15 minutos en relación a la hora de corte, y según me indicaron, debía hacer unos 6 kilómetros entre ida y vuelta (una especie de "rulo"). Avancé, para ver bien a mi derecha, al otro lado de la enorme grieta o cañadón, a los corredores que bajaban, divisando entre ellos a Robert. Lo saludé a la distancia, pero según me confesó después, no me identificó.

Subiendo siempre, llegué al punto más alto de ese tramo, donde me indicaron que debía comenzar a bajar. Consulté si registraban mi paso, y recibí respuesta negativa... No hubo ningún control, así que eventualmente alguien podría haber cortado camino y bajar antes. En fin, cosas a corregir. En ese tramo en bajada, alcancé a Jorge (otro uruguayo, fernandino) que venía bajando con bastante malestar, y a otro corredor que también venía haciendo arcadas y preocupado por el límite horario, pues se había quedado sin carga en el reloj. 45 minutos tenemos, para hacer no más de 3 kilómetros, le dije. En ese tramo, sentí que Mauricio me gritó desde el otro lado. Además de la alegría de saber que venía en carrera, le pregunté por Mariana y Milton. "Quedaron atrás", me gritó.

Fuimos bajando, para finalmente llegar al puesto con 5 minutos de margen ("en el anca de un piojo") a las 18:55. Quedaban los últimos 8 kilómetros de arena y piedras rumbo a Fiambalá, en bajada, con horario límite a las 21 horas. Enseguida encendí la linterna frontal. Pese a que siempre se veían las luces de la ciudad a lo lejos, costaba encontrar muchas de las señales, pues las cintas rojas se enredaban en las ramas y ocultaban los adhesivos reflectivos. Encontré a Mónica -la esposa de Víctor, que venía con Milton- y Gerardo -que se había quedado sin baterías en su frontal-, que conocían muy bien el recorrido, así que avanzamos en conjunto.

Finalmente, llegamos a la meta a las 20:56. Robert había llegado un rato antes, en tanto Mariana no había hecho el último tramo de 6 kilómetros en el cañadón, siendo derivada directamente a la meta, y Mauricio llegó un poquito después pues había sido cortado en el último control, al no llegar al límite horario. Andrés Montero había completado sus 30 kilómetros (que fueron 32), y Fernando continuaba en recuperación. Dado que habían solucionado su alojamiento allí en Fiambalá, decidieron quedarse en tanto los demás nos fuimos a Tinogasta -50 kilometros- donde nos alojamos en el Hostal Sisabel.
Carrerón, para todos. Con mucho aprendizaje, resulta particularmente grato seguir descubriendo estos lugares mágicos, místicos, y con gente tan especial. "La gran carrera del desierto argentino recorrió senderos de montaña y desierto, transitando por el paso de San Buenaventura, Las Papas, la denominada Ruta del Adobe, termas de Fiambalá y las altas cumbres entre caminos mineros, atravesando valles, cruzando arroyos de deshielo, ascendiendo altas montañas, cruzando un desierto de interminables obstáculos y durmiendo en pequeños poblados al pie de la Cordillera de los Andes. Puedo considerarme muy afortunado, pues no he sentido efectos de la acumulación de competencias tan duras, donde el entrenamiento consistente en Cantero Entrenamientos tiene mucho que ver. En esta oportunidad, tengo el privilegio de decir que completé una competencia en desierto sobre un total de 172 kilómetros con un desnivel acumulado positivo de 5100 metros, en un tiempo total de 35 horas 19 minutos (54° posición en la general, 14° en la categoría).

¡Salud, compañeros! Y hasta el próximo desafío.