jueves, 26 de mayo de 2011

A propósito de una maratón distinta: lectura de “El Quijote”

Me escapo de la temática que normalmente me inspira a escribir –correr- para ocuparme hoy de otra pasión, que a veces queda algo relegada: la lectura de libros. Es que hoy se conmemora el Día del Libro, y con ese motivo se desarrollan algunas actividades interesantes. Por ejemplo, en el Auditorio Adela Reta, en el marco de los festejos del Bicentenario de la Independencia uruguaya, se cumple una “maratón de lectura” de “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha” durante 24 horas.

Esta mañana, escuchando “En Perspectiva” en Radio El Espectador, comentó Cotelo que en varias capitales departamentales del país no hay librerías. Entrevistó al Director de la Biblioteca Nacional Carlos Liscano, lo que generó un muy interesante intercambio a propósito de la vigencia del libro tal como lo conocemos –en papel- y la creciente presencia de los libros digitales. Recordé entonces la maravillosa sensación que me generó la lectura de un precioso libro que me regaló Maite –mi hija- titulado “Nadie acabará con los libros”, con entrevistas a Umberto Eco y Jean-Claude Carrière, donde se plantea un debate similar, del cual en algún momento comenté pasajes que considero destacables. Uno de ellos dice algo así: “La creencia siempre es más fuerte que la razón; nos guste o no, pero es así”.

Citando a los grandes inventos de la humanidad, Eco dice que ninguno de ellos ha desaparecido: la rueda, las agujas, las escaleras, los libros ... evolucionan tecnológicamente, pero en esencia, se mantienen a lo largo de los siglos. Es interesante el planteo en relación con las evoluciones tecnológicas que afectan a los libros “de papel” (discos duros, CDs, pen drives ...), al extremo de que hoy en día es posible cargar en un dispositivo de muy escaso tamaño, prácticamente el contenido de una biblioteca. Y hacerlo de un modo “ecológico”, sin necesidad de cortar árboles para producir papel e imprimirlo. Pero no todo es tan simple. Si se pretende resguardar el saber, el conocimiento, la memoria de cara a las generaciones futuras ... nada como los libros en papel. ¿Imaginan el daño de un virus informático sobre los soportes tecnológicos actuales? ¿O la dependencia de la energía para su funcionamiento?

Carrière cuenta que un amigo suyo tiene almacenados distintos aparatos de lectura informática, para poder “leer” los diferentes soportes en los que ha ido almacenando información, imágenes y sonidos. Y es así. ¿Cuántos de nosotros tenemos por ahí diskettes (se acuerdan) con información que no podemos recuperar? ¿Y cassettes o videos con lo mejor de nuestros recuerdos? ¿Tienen idea las “nuevas generaciones” de lo que significa “revelar fotos”? ¿Tener que esperar una hora para verlas? No, el mundo “digital” nos ha cambiado radicalmente. Cada “avance” en la tecnología pone en riesgo los soportes que antes utilizábamos para conservar nuestros tesoros más preciados, así que debemos “reconvertirlos” y “reconvertirnos” rápidamente para no perderlos.

Así que, amigos, uno de los objetos más preciados en un futuro (¿cercano?) serán los libros en papel, que funcionan con “energía humana” (las ganas de leerlos). Se pueden “anotar” con comentarios que surjan durante su lectura, destacar párrafos, subrayar ... en fin, se pueden “humanizar”. ¿Me estoy poniendo viejo, no?

Permítanme compartir textualmente un párrafo del libro, a propósito de la imbecilidad.

Umberto Eco: En uno de mis libros hacía yo una distinción entre el imbécil, el cretino y el estúpido. El cretino no nos interesa porque es un individuo que en lugar de llevarse la cuchara a la boca se la lleva a la frente; no nos interesa porque es aquel sujeto que no entiende lo que le estás diciendo. Su caso es sencillo. Por el contrario, la imbecilidad es una cualidad social y, en lo que a mí respecta, también puedes llamarla de otro modo, dado que para algunos “estúpido” e “imbécil” son términos que se refieren a la misma cosa. El imbécil es aquel que siempre, llegado el momento, se le ocurrirá decir exactamente lo que no debería decir. Es el autor de metidas de pata involuntarias. Por el contrario, el estúpido es diferente; su déficit no es social sino lógico. A primera vista, tal parece que razona de una manera correcta; y resulta muy difícil darse cuenta, de inmediato, que esto no es así. Por eso es peligroso. (...) Te pongo un ejemplo. El estúpido dirá: “Todos los habitantes del Pireo son atenienses. Todos los atenienses son griegos. Por lo tanto, todos los griegos son habitantes del Pireo”. Te asalta la duda de que algo no está funcionando bien porque sabes que existen griegos de Esparta, por ejemplo. Pero eres incapaz de explicar, expeditamente, en dónde y por qué el estúpido se ha equivocado. Tendrías que conocer muy bien las reglas de la lógica formal. Eso es, creo que deberíamos ocuparnos específicamente del estúpido.


Jean-Claude Carrière: Yo creo que al estúpido no le basta con equivocarse. Afirma claro y fuerte su error, lo proclama a los cuatro vientos, quiere que todos lo escuchen. Es sorprendente ver lo estridente que es la estupidez. “Ahora sabemos por fuentes fidedignas que...”. Y le sigue una garrafal sarta de estupideces.

¡Con cuánta facilidad caemos en cualquiera de esas categorías! Es que ... somos humanos. Me he sentido "imbécil", "cretino" y "estúpido", pero trato de que no se me transforme en un "sello distintivo". Para ello, los libros son una muy buena ayuda. Siempre tengo alguno en mi mesa de luz, aunque a veces me cueste terminarlo.

Si tienen la posibilidad, les sugiero que inviertan parte de su tiempo a la lectura de esta maravilla. Y prometo que haré esfuerzos para dedicarme a escribir solamente sobre carreras ... ¿O no? Pues, pensándolo bien, se puede correr y también leer. Incluso algunos escriben y lo hacen muy bien; miren el ejemplo de nuestro querido Marciano Durán ("El Código Blanes", "La cuestión es darse maña", "Esos locos que corren"), actualmente Director de Cultura de la Intendencia de Maldonado.

3 comentarios:

Alain dijo...

Querido amigo, buenísima tu nota !! Yo participé anoche de esta maratón quijotesca, leyendo en francés a dúo con mi viejo. Fue una experiencia inolvidable.
Un abrazo,
Alain Mizrahi

Jorge Xavier dijo...

Buenísimo, Alain. Me imagino el placer de compartir una actividad así. Con mi viejo (81 años) viviendo en Artigas, es habitual que intercambiemos libros y comentarios sobre sus lecturas. A esta altura, me está "devolviendo" algunos sobre maratones que hace varios años le regalé. Un abrazo

Camila dijo...

Me encanta el tema del runnin y poder practicarlo a menudo. Gracias a las maratones me ha tocado recorrer el mundo. He logrado comprar mis apartamentos en rosario gracias a las ganancias que he tenido en diversos campeonatos