sábado, 4 de agosto de 2018
TRILHAS DO MORRO GAÚCHO - CGCTM
En el mes de julio de 2017 y a partir de la invitación de Douglas Hernández, un grupo de 7 uruguayos fuimos a correr la etapa del Campeonato Gaúcho Corrida Trilhas e Montanhas (CGCTM) en Arroio do Meio (Río Grande do Sul, a unos 100 kmts. al norte de Porto Alegre), sobre la distancia de 50 Km que otorga 3 puntos ITRA. Fue una preciosa experiencia, dado que en esa distancia se acumulan unos 2700 metros de desnivel positivo, en 7 ascensos no muy pronunciados ya que el mayor -el Morro Gaúcho- tiene 540 msnm, pero que se hacen sentir dado que se corre en una especie de permanente "serrucho".
Campeonato 2018
En esta ocasión, el campeonato cuenta con 7 fechas, siendo ésta la de distancia más larga. Los amigos de la Organización nos trataron tan bien, que decidimos volver. Brutus do Gaúcho es el responsable de esta fecha del campeonato -bajo la responsabilidad de Pedro Jung, siempre alegre y atento-, que cuenta con la dirección de LE Eventos -Luis Leandro Grassel-, y un enorme equipo de colaboradores (en su gran mayoría, corredores de trail, lo que se nota en el cuidado que nos brindan).
Douglas viajó el miércoles, el jueves me acompañaron Marianna Muzzio y Susana Castro (corrió los 32K), y nos alojamos en Hotel Zallon de Lajeado, coqueta ciudad ubicada a escasos 10 kilómetros de Arroio do Meio. También se hicieron presentes otros amigos uruguayos a quienes encontramos allá, según creo a partir de la iniciativa de Alexis Figueroa, con lo cual totalizamos 16 compatriotas que hicimos -una vez más- que esta fecha del CGCTM fuera internacional, hecho que fue destacado especialmente por los Organizadores y recogido en la prensa televisiva que cubrió el evento.
Un comentario especial hacia el precioso kit: dos camisetas -la del campeonato y la de la fecha- de excelente calidad, la de "finisher" para quienes completamos las distancias, más dos preciosas medallas, una cerveza con el logo de Brutus do Gaúcho, un sandwiche de jamón y queso, frutas, bebida isotónica...y los trofeos para los primeros 5 de cada categoría por edad.
La fecha contó con distancias para todos los gustos: 6Km, 17Km, 32Km y 50Km. Los competidores de la distancia más larga, largamos a las 7:00 AM con los primeros rayos del sol que pugnaban por salir, después de escuchar y cantar emocionados, las estrofas del himno (precioso detalle de los amigos gaúchos). Durante toda la semana, estuvo lloviendo en la zona, razón por la cual, cuando concurrimos a retirar el kit de carrera al Clube Uniáo, encontramos a Pedro Jung que -con una sonrisa de oreja a oreja- en su cuatriciclo, estaba cargando cuerdas para colocar en una "cascatinha" que se formó, para ayudarnos a subir. Es que la previsión del tiempo indicaba alguna tormenta durante la jornada, cosa que finalmente no sucedió.
El recorrido es muy interesante, ya que inicia por un terreno plano durante un kilómetro, para enseguida ingresar hacia una subida de 200 metros, bajar -alcanzamos los 5K de competencia- en general por zonas con algunas chacras, y retomar la subida que lleva al Morro Gaúcho, con tramos con mucho barro. Mucho barro. Mucho, mucho.
En un par de puntos del recorrido, estaba Pedro Jung en su cuatriciclo, alentándonos. "Vamo'lá Xavier!!!", me gritaba. Un fenómeno, que después corrió los 17Km y ganó en su categoría.
En general, encontramos senderos sucios, complicados por los resbalones y ramas que cierran el camino, para llegar a la cumbre del morro -Km 14- donde hay una vista espectacular, rodeada en esta oportunidad por una espesa niebla que impedía ver hacia abajo.
Fuimos bajando intercalando alguna subida, para llegar a los 18Km -en mi caso en 3 horas-, momento en el que estaban largando los corredores de la distancia de 32K. Allí encontramos el cartel que indicaba el inicio de la vuelta que debíamos dar, para volver a cruzar por ese punto a los 36 Kmts. Enfrentamos algunos tramos más limpios, por caminos de balastro firmes, pero con subidas y bajadas que recordaba del año pasado. Tuve la oportunidad de recoger tangerinas de algunos árboles de vecinos sobre el camino, deliciosas... ¿o sería el "sabor" de algunas aventuras de mi niñez?
Llegué al Km 22 en 3hs 28m, donde estaba un puesto de hidratación, unos 3 minutos más que en 2017, así que me sentía conforme con el desempeño. Comí algunas frutas, repuse bebida isotónica y después de conversar brevemente con Magda y Duda sobre la participación del uruguayo Pedro Silva en la Ultramaratón dos Carajás, retomé el camino. Me esperaban largas subidas y bajadas en general alrededor de los 400 metros, tramo en el que alcancé a Lucienne -brasileña, de Farroupilha- con quienes fuimos intercambiando posiciones, ya que me alcanzaba en subidas y se quedaba un poco en bajadas, al extremo que me preguntó qué calzado usaba pues notó que no resbalaba.
Después de algunos tramos bastante sucios, llegamos nuevamente al punto donde había alcanzado los 32K, registramos el paso identificándonos con una cinta de colores que nos entregaron en la primera vuelta, y continuamos hacia el Km 34, punto muy cercano al del puesto del Km 22. Allí estaban nuevamente Duda y Magda, quienes nos indicaron que se había cortado el ascenso al último cerro -muy cercano a la meta- por razones de seguridad, ya que estaba muy sucio y con mucha niebla, así que el recorrido total iba a ser 46Km.
Lucienne se me fue adelante y ya no la alcancé, pero empecé a superar a corredores de los 32K, e incluso a algún otro de los 50K, pues me sentía entero y podía sostener el paso, sobre todo en bajadas. En ese último tramo, nos esperaban tres ascensos y descensos concentrados en menos de 10 Km, así que era el momento de poner en juego la energía que quedaba. Alcancé el punto de corte de la carrera -muy cerca de la meta- en el K45, con 8hs 40m de competencia, cuando tenía margen hasta las 9hs 30m. Si no recuerdo mal, llevaba unos 10 minutos más que en 2017.
A partir de allí, nos quedaba doblar a la izquierda y encarar la última recta hacia la meta. Completé el recorrido en un total de 8:51:39, tiempo que me dejó muy satisfecho. Douglas y Marianna ya habían llegado, en tanto Susana completó sus 28Km (también les cortaron el último tramo) unos 40 minutos después de mi llegada.
¿Qué agregar? Sí, Douglas fue 4° en su categoría, Marianna 1a. en la suya, Susana 2a. en la suya al igual que yo, razón por la cual todos nos trajimos trofeos. Prometimos volver, con muchos más corredores uruguayos. El año próximo también se agrega la distancia de 75Km, así que tendremos un nuevo desafío.
"Eu sou Brutus", dice la enorme medalla de esta "baita prova, tche". Para ninguém botar defeito.
Fue mi competencia N° 59 de maratones y ultramaratones, completando 8.466 kilómetros. El 25/08 me esperan los 36 Km de Til Til a Lampa, muy cerca de Santiago (Chile).
"El deporte tiene el poder de transformar el mundo. Tiene el poder de inspirar, de unir a la gente como pocas otras cosas... ". Nelson Mandela
sábado, 30 de junio de 2018
URUGUAY - MUNDIAL RUSIA 2018
Hoy mi homenaje va a nuestra selección uruguaya de fútbol, que en un vibrante partido se ubicó entre las 8 mejores, tras derrotar a Portugal (sí, la de Cristiano Ronaldo) por 2 a 1. Muchos dicen que es un milagro, y posiblemente tengan algo de razón. "Cuando se gana hay que hacerlo sin estridencias, y cuando perdemos, hacerlo con dignidad", expresó el DT en su conferencia de prensa.
Uruguay ocupa el lugar N° 134 en el mundo por tamaño, 91 por su población (apenas 3:4 millones), 80 por PIB y 50 por PIB per cápita. En este deporte, al menos estamos entre los 8 mejores, y este sueño no tiene límites.
En su arenga, el gran capitán Diego Godín señaló: "Hoy jugamos por la madre, por el padre, por el hermano, por el amigo, hoy cualquier esfuerzo es poco".
Ya lo ha dicho el Maestro Oscar W. Tabárez: "Está muy bien festejar triunfos, pero no hay que quedarse con los resultados para valorar lo que se hace. El éxito no es sólo eso, sino las dificultades que se pasan para obtenerlo, la lucha permanente, el espíritu de plantearse desafíos y la valentía de superarlos. El camino es la recompensa".Y también en aquella afirmación erróneamente atribuida a Cervantes (en el Quijote no aparece, como tampoco en ninguna otra de sus obras...) por nada menos que Ortega y Gasset, "el camino es siempre mejor que la posada". Y este uruguayo ya lo dice hoy: "qué lindo camino, Uruguay"!!! Son ganadores, pues todo Uruguay se siente identificado con esta selección.
"Cielo de un solo color", canta NTVG.
Uruguay ocupa el lugar N° 134 en el mundo por tamaño, 91 por su población (apenas 3:4 millones), 80 por PIB y 50 por PIB per cápita. En este deporte, al menos estamos entre los 8 mejores, y este sueño no tiene límites.
En su arenga, el gran capitán Diego Godín señaló: "Hoy jugamos por la madre, por el padre, por el hermano, por el amigo, hoy cualquier esfuerzo es poco".
Ya lo ha dicho el Maestro Oscar W. Tabárez: "Está muy bien festejar triunfos, pero no hay que quedarse con los resultados para valorar lo que se hace. El éxito no es sólo eso, sino las dificultades que se pasan para obtenerlo, la lucha permanente, el espíritu de plantearse desafíos y la valentía de superarlos. El camino es la recompensa".Y también en aquella afirmación erróneamente atribuida a Cervantes (en el Quijote no aparece, como tampoco en ninguna otra de sus obras...) por nada menos que Ortega y Gasset, "el camino es siempre mejor que la posada". Y este uruguayo ya lo dice hoy: "qué lindo camino, Uruguay"!!! Son ganadores, pues todo Uruguay se siente identificado con esta selección.
"Cielo de un solo color", canta NTVG.
miércoles, 20 de junio de 2018
DESAFÍO CIDADE MARAVILHOSA - 21 + 42K (02-03/06/2018)
"Porque la carrera no censura nada, no evita nada: atraviesa tanto la derrota como la victoria, va al encuentro de la felicidad y del dolor, lleva sobre sí la carga de una amplia gama de emociones. Correr es como vivir, y cada cual tiene su vida: gloriosa, infeliz, larga, breve, solitaria, cuesta arriba o cuesta abajo. Sólo una cosa es cierta: a través de la carrera se busca siempre forzar el límite de las propias posibilidades, o profundizar un poco más con el conocimiento del propio cuerpo y de la propia mente"
Gaia de Pascale, Correr es una Filosofía
Las recomendaciones de los expertos en el tema, señalan que no se deberían correr más de dos maratones por año. La evidencia muestra que no es cierto.
Después de un rato de descanso, decidimos ir hasta la playa a completar la hidratación (caipirinha, en el Posto do Hulk, atendidos por Dona Janaína, quien prometió que iba a vernos pasar en la maratón). Durante la tarde, descansamos bastante para estar preparados para el día siguiente. A la noche, aprovechamos para disfrutar de un “buffet a kilo” a escasos 150 metros del hotel.
El domingo nos levantamos a las 4:00, para bajar a desayunar. Ahora sí, el hotel se portó muy bien ya que tuvimos todo a nuestra disposición. La madrugada estaba pesada, previéndose lluvia durante el recorrido de la maratón. Allá nos fuimos, hasta el Pontal do Tim Maia en la Praia Recreio dos Bandeirantes, donde encontramos a muchos de los uruguayos.
Largamos a las 7:00, con mucha humedad. Hicimos los primeros dos kilómetros por la zona del Pontal, para cruzar nuevamente por el lugar de largada, absolutamente empapado y sofocado por el calor pegajoso, momento en el cual aún había algunos corredores que estaban largando. Considerando el largo recorrido que debíamos hacer y el esfuerzo del día previo, salí con la intención de hacer un promedio de 6’/km, similar al de la media maratón, al menos durante los primeros 20 kilómetros. Lo pude mantener razonablemente, pues marqué 1:00:06 en los primeros 10 kilómetros y alcancé los 21 Km en 2:14:47. Llegando a la zona de largada del día anterior, disfruté de una orquesta a la izquierda que interpretaba “Fullgás” con un tono de voz muy similar al de Ivete Sangalo, y encontré a Macarena –compañera de Cantero Entrenamientos- que había corrido la media maratón y estaba alentando a los compañeros en ese punto. A partir de allí, me esperaba el mismo recorrido del día anterior, así que me dediqué a regular aún más el esfuerzo tratando de disfrutar del recorrido y las impresionantes vistas de la “cidade maravilhosa”. Ya estimaba llegar a la meta en un tiempo total entre 4:50 y 5:00 horas, considerando el lógico descenso en el desempeño durante la segunda parte de la prueba.
El largo tramo en subida al costado de la Favela Vidigal, me costó bastante al extremo que caminé durante parte de ese recorrido. Completé los 30K en 3:25:02, ya con un promedio pobre (6:50/km). A partir de allí, seguía el soñado recorrido por Leblon, Ipanema, Arpoador, Copacabana, Leme, Botafogo y Flamengo. En el km 36 estaba el único puesto de avituallamiento de comida, nuevamente bananas y galletitas, así que comí algo y continué. En el Km 37, un par de uruguayos de Diez Club que estaban alentando, tomaban mate...así que paré y disfruté de uno. ¿Qué pensarían los brasileños viendo a un corredor que para para conversar brevemente y tomar mate?
Por el km 38, me sentí mal…, mareado muy posiblemente por el calor y la humedad. Decidí caminar un poco, lo que me permitió recuperarme, y a partir de allí continué a ritmo suave. Alcancé el Km 40 en 4:41:46, con la preciosa vista del Pan de Azúcar coronando la bahía. Restaban los últimos dos kilómetros, a pleno goce. Completé el recorrido con la bandera uruguaya desplegada en un tiempo total de 4:56:56 (un pobre promedio de 7:02/km), ocupando la posición 4509 entre los 6492 caballeros que llegaron, y la 245 entre 405 de la categoría M5559. En esta distancia, corrieron además 2519 mujeres.
Andrés había completado la distancia en 4 hs 16 min., convirtiéndose en el mejor uruguayo en culminar el Desafío Cidade Maravilhosa, en tanto yo puedo decir que soy el de más edad en hacerlo… Siempre hay que buscar algo en lo cual ser único…
Después de recibir las medallas recordatorias, decidimos volver caminando hasta el hotel, para aprovechar y mover un poco los músculos. Lo hicimos por el mismo recorrido de la maratón, así que pudimos ver a varios compatriotas que llegaban. Finalmente no llovió durante la carrera, sino que recién lo hizo a partir de la tarde. Antes de ingresar al hotel, disfrutamos de una cerveza en el Bar Ferrari, para cumplir con el ritual y recordar al amigo Dardo Parentini (fanático de la marca del "cavallino rampante")
No puedo quejarme del desempeño, pese a que esperaba que fuera mejor -en particular durante la maratón- aunque la gran mayoría de los amigos también marcó más tiempo del estimado. Además, debo considerar que mantengo un ritmo de competencias fuerte –en particular de trail y no en calle-, sin espacios para el descanso, lo cual obviamente se hace sentir. De alguna manera, siento que le he perdido el respeto a la "distancia reina" -cosa que me consta no debería hacer-, pues prácticamente la encaro sin un entrenamiento específico para tamaño esfuerzo.
Fue mi competencia N° 448 totalizando 8.334 kilómetros (de ellas, 58 fueron maratones y ultramaratones). Y seguimos sumando, disfrutando de estos privilegios que la vida nos ofrece.
En su libro, Gaia de Pascale señala:
Quien corre lo hace para romper todo condicionamiento o límite: se enfrenta al destino, expresa la nostalgia por la infancia perdida o por un ideal de pureza y autenticidad al que rendirse, desfoga emociones o tensiones acalladas en el tiempo, supera las barreras que la vida le ha impuesto. En una palabra, correr es sinónimo de libertad.
Correr es la capacidad de llegar al fondo de nosotros mismos, de pensar lo impensable y, mientras nos olvidamos del dolor y la fatiga, descubrir que el secreto consiste en seguir corriendo, como si se soñara.
"No es más fuerte quien llega primero, sino aquel que goza haciendo lo que hace", dice Killian Jornet. Gana el que más disfruta. Al fin y al cabo, no se puede perseguir una felicidad más grande.
Gaia de Pascale, Correr es una Filosofía
Las recomendaciones de los expertos en el tema, señalan que no se deberían correr más de dos maratones por año. La evidencia muestra que no es cierto.
En el ya lejano invierno del año 2010, tuve el privilegio de
participar de la Maratona do Río en la ciudad maravillosa, más precisamente el 18
de julio. Fue mi 6ª maratón y marqué 4 hs 29m 30s para completar la distancia
reina, en una jornada húmeda, como habitualmente sucede en Río. Recuerdo
claramente el aliento que recibí de Las Saladas -en el momento en que divisaron la bandera uruguaya que llevaba-, cuando culminaba el cruce del
túnel que une Leme con Botafogo a falta de poco más de 2 kilómetros para la
meta, e iba realmente exhausto. "Vocé náo pode ir caminhando", me dijo una brasileña cuando escuchó ese aliento.
Mucha agua ha corrido bajo el puente, al extremo que ya no
me considero corredor de carreras de calle (trato de evitar competencias largas
sobre piso firme), sino que me he ido volcando paulatinamente al trail, en un
camino que no tiene retorno (como la droga o la mafia... cuando se entra, después no se puede salir). Sin embargo, los desafíos siempre tienen un
particular atractivo. Allá por octubre del año pasado, el compañero Andrés
Silva me invitó a correr la “maratona” y mi primera respuesta fue negativa: “Ya
corrí en Río, y prefiero no hacer maratones de calle”. Pero enseguida me dijo
que este año se hacía el “Desafío Cidade Maravilhosa”, consistente en correr la
media maratón el sábado 2 y la maratón el domingo 3 de junio. Cambié de
opinión, obvio, al extremo que en la fiesta de fin de año de Cantero Entrenamientos, el profe Mauricio Ramírez me comentó que estaban patrocinando el viaje, y mi respuesta fue: "ya me inscribí". Solucioné todos los aspectos logísticos, para volar
en LATAM el viernes 1 y ya retornar el lunes 4.
Viajamos sin ningún contratiempo en la fría y lluviosa mañana del viernes, junto a un buen número de competidores compatriotas que llenaban el avión. Dado el escaso margen de tiempo disponible, ya desde el
aeropuerto Tom Jobim (Galeáo) fuimos junto al "Pollito" Medina hasta el Centro de
Convenciones Sul-América a retirar el kit de carrera. Enfrentamos algunas
dificultades logísticas pues no aparecíamos en el listado de extranjeros, que
fueron solucionadas por un chico de la organización, con muy buena onda. Me
correspondió el N° 29.360 para la media maratón, y N° 13.838 para la maratón, oportunidad en la que recibimos además las camisetas recordatorias y las viseras. Nos alojamos en Windsor Copa, sobre Nossa Senhora de Copacabana a unos 100
metros de la playa, en una jornada bastante calurosa que contrastaba
fuertemente con el frío de Montevideo.
En el hotel nos avisaron que tendrían desayuno a partir de
las 4:30 AM, pues había varias personas que competían. Debíamos estar en la
zona de llegada (Aterro do Flamengo) –de donde salían los buses a la largada- a las 4:50 como máximo, así que el
tiempo estaba algo ajustado, pero nos permitía solucionar la alimentación. No
fue así… bajamos y junto a varias personas, estuvimos esperando hasta 4:40 y el
desayuno no estaba, así que decidimos tomar un taxi y salir. El desayuno fue un
par de ticholos y agua… El largo viaje hasta Barra da Tijuca –Avenida do Pepé 500,
logo após o Batalháo dos Bombeiros- nos llevó casi una hora. El amanecer nos
permitió encontrar a varios uruguayos antes de la largada, y ya presagiar el
calor que haría durante el recorrido, matizado por el hecho de que culminaríamos bastante temprano. Venía de marcar 1h 56 min en la Media Maratón de Punta del Este hacía un par de semanas.
Largamos unos minutos después de las 6:30 junto a algo más de 10.000 corredores, para doblar enseguida hacia la izquierda y encarar el cruce del Túnel do Joá. Enseguida siguió el largo tramo bajo puentes y la subida sinuosa, permanente, apretada, a la altura de Sáo Conrado con la imponente vista del océano a nuestra derecha. En el Km 7 nuevamente cruzamos un largo túnel en la Avda Niemeyer, para cruzar al costado de la Favela Vidigal y Rosinha, y encarar la bajadita hacia Leblon. El tramo siguiente nos llevó por la impactante Ipanema, la punta de Arpoador y salir enseguida a Copacabana. Allí, ya había bastante más gente en el recorrido alentando, con grupos de asistencia a los corredores. En el km 15 encontramos el único puesto de avituallamiento con comida (bananas y galletitas con dulce), que vinieron muy bien para reponer (no habíamos desayunado…). Seguimos hasta la punta de Leme, doblamos a la izquierda y encaramos los Túneles Novo y do Pasmado, para salir a Botafogo a la altura del Shopping RíoSul, con la impactante vista del Páo de Azúcar y del Morro da Urca a la derecha, y el Cristo Redentor a la izquierda. Recorrimos Botafogo y encaramos el último tramo hacia Flamengo, donde identifiqué al Pollito que sacaba fotos a mi izquierda, así que tuve el privilegio de contar con un fotógrafo personal.
Largamos unos minutos después de las 6:30 junto a algo más de 10.000 corredores, para doblar enseguida hacia la izquierda y encarar el cruce del Túnel do Joá. Enseguida siguió el largo tramo bajo puentes y la subida sinuosa, permanente, apretada, a la altura de Sáo Conrado con la imponente vista del océano a nuestra derecha. En el Km 7 nuevamente cruzamos un largo túnel en la Avda Niemeyer, para cruzar al costado de la Favela Vidigal y Rosinha, y encarar la bajadita hacia Leblon. El tramo siguiente nos llevó por la impactante Ipanema, la punta de Arpoador y salir enseguida a Copacabana. Allí, ya había bastante más gente en el recorrido alentando, con grupos de asistencia a los corredores. En el km 15 encontramos el único puesto de avituallamiento con comida (bananas y galletitas con dulce), que vinieron muy bien para reponer (no habíamos desayunado…). Seguimos hasta la punta de Leme, doblamos a la izquierda y encaramos los Túneles Novo y do Pasmado, para salir a Botafogo a la altura del Shopping RíoSul, con la impactante vista del Páo de Azúcar y del Morro da Urca a la derecha, y el Cristo Redentor a la izquierda. Recorrimos Botafogo y encaramos el último tramo hacia Flamengo, donde identifiqué al Pollito que sacaba fotos a mi izquierda, así que tuve el privilegio de contar con un fotógrafo personal.
Completé el recorrido en un tiempo neto de 2:07:37 para los
21:35 Km que me marcó el GPS (5:59/km, prácticamente el promedio que quería
marcar), que consideré muy satisfactorio dado que al día siguiente me esperaba
la distancia reina. Andrés había llegado unos minutos antes, así que después de
identificarnos con la Organización para recibir la cinta del Desafío Cidade
Maravilhosa, nos tomamos un taxi y volvimos al hotel, donde pudimos desayunar
abundantemente. Ocupé la posición N° 2544 entre los 5187 caballeros que
corrieron la distancia, y la N° 147 entre los 364 de mi categoría (me mantengo
entre la primera mitad…). Un dato muy interesante: corrieron 5084 mujeres.
Después de un rato de descanso, decidimos ir hasta la playa a completar la hidratación (caipirinha, en el Posto do Hulk, atendidos por Dona Janaína, quien prometió que iba a vernos pasar en la maratón). Durante la tarde, descansamos bastante para estar preparados para el día siguiente. A la noche, aprovechamos para disfrutar de un “buffet a kilo” a escasos 150 metros del hotel.
El domingo nos levantamos a las 4:00, para bajar a desayunar. Ahora sí, el hotel se portó muy bien ya que tuvimos todo a nuestra disposición. La madrugada estaba pesada, previéndose lluvia durante el recorrido de la maratón. Allá nos fuimos, hasta el Pontal do Tim Maia en la Praia Recreio dos Bandeirantes, donde encontramos a muchos de los uruguayos.
Largamos a las 7:00, con mucha humedad. Hicimos los primeros dos kilómetros por la zona del Pontal, para cruzar nuevamente por el lugar de largada, absolutamente empapado y sofocado por el calor pegajoso, momento en el cual aún había algunos corredores que estaban largando. Considerando el largo recorrido que debíamos hacer y el esfuerzo del día previo, salí con la intención de hacer un promedio de 6’/km, similar al de la media maratón, al menos durante los primeros 20 kilómetros. Lo pude mantener razonablemente, pues marqué 1:00:06 en los primeros 10 kilómetros y alcancé los 21 Km en 2:14:47. Llegando a la zona de largada del día anterior, disfruté de una orquesta a la izquierda que interpretaba “Fullgás” con un tono de voz muy similar al de Ivete Sangalo, y encontré a Macarena –compañera de Cantero Entrenamientos- que había corrido la media maratón y estaba alentando a los compañeros en ese punto. A partir de allí, me esperaba el mismo recorrido del día anterior, así que me dediqué a regular aún más el esfuerzo tratando de disfrutar del recorrido y las impresionantes vistas de la “cidade maravilhosa”. Ya estimaba llegar a la meta en un tiempo total entre 4:50 y 5:00 horas, considerando el lógico descenso en el desempeño durante la segunda parte de la prueba.
El largo tramo en subida al costado de la Favela Vidigal, me costó bastante al extremo que caminé durante parte de ese recorrido. Completé los 30K en 3:25:02, ya con un promedio pobre (6:50/km). A partir de allí, seguía el soñado recorrido por Leblon, Ipanema, Arpoador, Copacabana, Leme, Botafogo y Flamengo. En el km 36 estaba el único puesto de avituallamiento de comida, nuevamente bananas y galletitas, así que comí algo y continué. En el Km 37, un par de uruguayos de Diez Club que estaban alentando, tomaban mate...así que paré y disfruté de uno. ¿Qué pensarían los brasileños viendo a un corredor que para para conversar brevemente y tomar mate?
Por el km 38, me sentí mal…, mareado muy posiblemente por el calor y la humedad. Decidí caminar un poco, lo que me permitió recuperarme, y a partir de allí continué a ritmo suave. Alcancé el Km 40 en 4:41:46, con la preciosa vista del Pan de Azúcar coronando la bahía. Restaban los últimos dos kilómetros, a pleno goce. Completé el recorrido con la bandera uruguaya desplegada en un tiempo total de 4:56:56 (un pobre promedio de 7:02/km), ocupando la posición 4509 entre los 6492 caballeros que llegaron, y la 245 entre 405 de la categoría M5559. En esta distancia, corrieron además 2519 mujeres.
Andrés había completado la distancia en 4 hs 16 min., convirtiéndose en el mejor uruguayo en culminar el Desafío Cidade Maravilhosa, en tanto yo puedo decir que soy el de más edad en hacerlo… Siempre hay que buscar algo en lo cual ser único…
Después de recibir las medallas recordatorias, decidimos volver caminando hasta el hotel, para aprovechar y mover un poco los músculos. Lo hicimos por el mismo recorrido de la maratón, así que pudimos ver a varios compatriotas que llegaban. Finalmente no llovió durante la carrera, sino que recién lo hizo a partir de la tarde. Antes de ingresar al hotel, disfrutamos de una cerveza en el Bar Ferrari, para cumplir con el ritual y recordar al amigo Dardo Parentini (fanático de la marca del "cavallino rampante")
No puedo quejarme del desempeño, pese a que esperaba que fuera mejor -en particular durante la maratón- aunque la gran mayoría de los amigos también marcó más tiempo del estimado. Además, debo considerar que mantengo un ritmo de competencias fuerte –en particular de trail y no en calle-, sin espacios para el descanso, lo cual obviamente se hace sentir. De alguna manera, siento que le he perdido el respeto a la "distancia reina" -cosa que me consta no debería hacer-, pues prácticamente la encaro sin un entrenamiento específico para tamaño esfuerzo.
Fue mi competencia N° 448 totalizando 8.334 kilómetros (de ellas, 58 fueron maratones y ultramaratones). Y seguimos sumando, disfrutando de estos privilegios que la vida nos ofrece.
En su libro, Gaia de Pascale señala:
Quien corre lo hace para romper todo condicionamiento o límite: se enfrenta al destino, expresa la nostalgia por la infancia perdida o por un ideal de pureza y autenticidad al que rendirse, desfoga emociones o tensiones acalladas en el tiempo, supera las barreras que la vida le ha impuesto. En una palabra, correr es sinónimo de libertad.
Correr es la capacidad de llegar al fondo de nosotros mismos, de pensar lo impensable y, mientras nos olvidamos del dolor y la fatiga, descubrir que el secreto consiste en seguir corriendo, como si se soñara.
"No es más fuerte quien llega primero, sino aquel que goza haciendo lo que hace", dice Killian Jornet. Gana el que más disfruta. Al fin y al cabo, no se puede perseguir una felicidad más grande.
jueves, 22 de marzo de 2018
Kumen Aconcagua Ultra Trail y Ushuaia Trail Race Fin del Mundo
Entre Mendoza y Ushuaia, hay una distancia aproximada a los 3.300
kilómetros –casi de una punta a otra de Argentina-, y bastante diferencia en
términos de geografía. Con cinco semanas de diferencia, tuve el privilegio de
formar parte de Kumen Aconcagua Ultra Trail 70K el 11.02.2018 y Ushuaia Trail
Race Fin del Mundo 42K el 17.03.2018.
Canta Buitres, en "Condenado el corazón"
Malditos tus ojos tienen condenado el corazón al juego de su luz
Sus ojos miran como los de un animal sin lugar a donde escapar que lame sus heridas y vuelve a correr sin pensar que habrá una ultima vez Corrí una noche alejándome y sin embargo hoy estoy aquí otra vez
Kumen Aconcagua Ultra Trail
En oportunidad del ascenso al Cordón del Plata en noviembre de 2016,
llegamos también hasta Confluencia en el Parque Nacional Aconcagua, y me quedó
la “espina” de intentar subir a una mayor altura, en lo posible hasta Plaza
Francia o Plaza de Mulas. En cuanto surgió la opción de esta competencia, me
inscribí en los 70K, a la que se sumaron David Vega y Alejandra
Isabella. Un mes antes, Jonatan Torena –en un entrenamiento por el Cerro de
Montevideo- me preguntó si podía sumarse con nosotros, así que completamos el
equipo que viajamos en mi camioneta. Unos días antes, Alejandra se hizo un
esguince de tobillo al final de un entrenamiento, así que viajó con la
convicción de que –en el mejor de los casos- podría intentar correr los 15K.
Luego de un largo viaje con tormentas cerca de nuestro destino inicial,
llegamos a ciudad de Mendoza a las 23.00 horas del jueves 8 de febrero. Sobre
los gustos musicales de Jonatan, no corresponde que emita opinión, limitándome
a decir que en el largo viaje, descubrí a algunos intérpretes y aprendí algunos
temas, que no caen dentro de mis predilectos… Eso sí, junto a las largas
sesiones de mate, sirven muy bien para mantenernos despiertos.
El viernes 9 viajamos hasta Penitentes, donde llegamos a mediodía,
momento en el que se iniciaba el retiro del kit de competencia. De allí,
seguimos hasta Las Cuevas –muy cerca de la frontera con Chile- donde nos alojamos
en el Hostal Refugio del Viento.
El día sábado en la mañana subimos en el vehículo hasta el Cristo
Redentor, desde donde se disfruta de excelentes vistas de la Cordillera de los
Andes, junto a Harvey, un estadounidense que viaja por el mundo en solitario, y
que había estado en enero en Uruguay. Las conversaciones con este personaje,
quedan en el mejor de los recuerdos. A la tarde, fuimos a la charla técnica,
instancia en la que encontramos a la otra uruguaya que competía, Lali Moratorio,
además entrenadora de Jona.
Aconcagua Ultra Trail se define
como la máxima expresión del desafío. Con un exigente circuito trazado, con el
marco del cerro Aconcagua y una altimetría que llega a algo más de 4300 msnm,
este circuito de ultra trail puede convertirse en un ícono del deporte de
aventura en la región. Escenarios naturales no faltan, así que este uruguayo
tenía que estar. Cuenta con certificación de ITRA (International Trail Runinng
Association) y con tres distancias acordes a los niveles de los distintos
corredores: 15K, 38k y 70K (este último, con puntaje oficial de ITRA).
La invitación de la carrera dice:
“Más lejos, más alto”. El imponente Aconcagua con sus 6962 msnm, es el pico más
alto de América y meca del andinismo, atrayendo a miles de andinistas cada año.
Entre ellos, íbamos a encontrar a otro de los “Hermanos de la Montaña” en plena
aclimatación, intentando hacer cumbre: Alejandro “Caroteno” Chabalgoity, con
quien coincidimos en los senderos entre Confluencia y Plaza Francia. Los
sentidos, la adrenalina y el desafío, se complementaban con el privilegio de
compartir esta carrera con amigos.
En la charla previa, el
organizador detalló las condiciones que íbamos a encontrar en el recorrido,
además de los cortes horarios: 4 horas para llegar a Confluencia (PC2) y 9
horas para el Valle de Horcones (PC5) a la salida del Parque Nacional. En
particular, destacó que debíamos guardar energías para enfrentar el último de
los ascensos duros –pese a que en la altimetría sería casi descartable- a falta
de 12 kilómetros, en la denominada Quebrada de Vargas. Es más, señaló que
podíamos no hacer ese tramo y continuar hasta la meta, figurando después de
quienes hicieran el recorrido completo.
Largamos con linternas encendidas
a las 5:00 AM con un frío tolerable, para recorrer los primeros 12 kilómetros
que nos llevaron desde Penitentes por el Cementerio de Andinistas y Puente del
Inca, hasta el ingreso al Parque Aconcagua, donde llegamos ya con las primeras
luces del amanecer. Después de comer algo, continuamos ascendiendo hasta
Confluencia (3400 msnm), recorrido que conocía de mi aventura en 2016. Llegué
junto a un competidor brasileño que iba con dificultades de visión, en 3 horas
25 minutos, y por tanto con margen razonable para el corte. “Estoy en carrera”,
me dije, pues mi objetivo principal era poder llegar a Plaza Francia, y haber
superado ese corte, me lo aseguraba. A partir de allí, continuó el ascenso por
senderos con mucha piedra y tierra suelta, cada vez con menos temperatura, en
ascenso casi permanente, en un entorno mágico rodeado por las imponentes
montañas. Aproximadamente a mitad de ese tramo, ya empezaron a pasar quienes
lideraban la prueba en su descenso, instancia en la que identifiqué a Jona,
David y Lali (2ª entre las damas, a esa altura).
¡Llegué al Mirador de Plaza Francia! El paisaje es realmente
imponente, con una vista de la pared sur del Aconcagua realmente impactante. El
colega brasileño estaba en la carpa de la Organización, y señalaba que no veía
bien, al extremo que no lo dejaron continuar pese a que los controles de salud
que le hicieron estaban bien. Me abrigué, alimenté y repuse líquidos, para
emprender la bajada, ya con la satisfacción de haber conseguido mi meta.
En ese primer tramo de descenso,
identifiqué a Caroteno que subía junto a otros andinistas, en su proceso de
aclimatación. Obviamente, nos dimos un fuerte abrazo, conversamos brevemente y
nos tomamos fotos, para posteriormente continuar mi camino. Un poco después, me
alcanzaron Eliana y Carlos, argentinos que venían bajando fuerte pues temían no
llegar a tiempo al corte en Horcones, a la salida del Parque.
Ya a falta de 2 kilómetros para
ese punto, con el organizador que venía “barriendo” el sendero muy cerca de
nosotros, noté que no llegábamos antes de las 9:00 horas de competencia, sino
que lo hicimos en 9:10. Igualmente, nos permitían seguir y definir en el
ingreso a Quebrada de Vargas, qué hacer… En tanto mis compañeros ocasionales
señalaron que aunque fuera arrastrándose, pensaban hacer todo el recorrido, yo
ya señalé que seguía hasta la meta.
Continuamos por el largo tramo
rumbo a Penitentes, con Eliana y Carlos que se fueron adelante. Pero cuando
llegaron a la bifurcación para encarar la Quebrada, decidieron continuar hacia Penitentes. Un poquito
después, alcancé y superé a Carlos, que iba bastante cansado. Con un tiempo
total de 11 horas 29 minutos, completé los 58 kilómetros de distancia. Jona y
David habían llegado un poquito antes en un excelente desempeño, pues
completaron todo el recorrido. Es más, me señalaron que hice bien en no ir a
Quebrada de Vargas, diciendo que era “matador”, y que me iba a llevar no menos
de 3 horas hacer ese tramo. Lali Moratorio estuvo detenida un buen tiempo en
ese trayecto, decidida a abandonar, pero finalmente se repuso y pudo completar
los 70 kilómetros, a una semana escasa de haber competido con singular éxito en
Vuriloche Ultra Trail. ¡Y pensar que no está en la selección uruguaya de trail!
Por tanto, pese a no haber
completado todo el recorrido, me vine con la enorme satisfacción de haber hecho
58 kilómetros en un lugar mítico, mágico, con la compañía de mis duendes en la
soledad de las imponentes montañas, y de haber alcanzado el Mirador de Plaza
Francia a 4300 msnm.
A partir de esa experiencia y
como parte de la preparación para Ushuaia Trail Race, corrí los 30 Km de
Lobizón Race el 04.03.2018 en la zona de Las Brujas (Canelones) y los 20 Km de
Punta Ballena Night Trail Run el 10.03.2018.
Ushuaia Trail Race Fin del Mundo
Nos fuimos a Tierra del Fuego,
bien al sur del sur, junto a Dardo Parentini y
David Vega a correr los 42 Km, en tanto Alejandra Isabella y Hebert
Prado corrieron 10 Km, ya que están en proceso de recuperación de lesiones.
Salimos del calor de Montevideo, para encontrarnos con sensaciones térmicas de
-8°, lluvia y nieve, rodeados por un entorno que parece salido de películas
como El Señor de los Anillos o Crónicas de Narnia. Las montañas son bastante
más bajas que en los Andes centrales, con una fisonomía quizás más
deslumbrante.
Este desafío –que fue por su 2ª edición- nació
con la idea de crear una de las carreras más duras, técnicas y atractivas de la
región. Los senderos de montaña que rodean a la ciudad, le otorgan todos los
condimentos que una gran carrera de trail debe tener. Me hizo recordar a los
senderos que recorrimos en ocasión de nuestra participación en Ultrafiord, en
el relativamente cercano Parque Torres del Paine (Chile).
La carrera se disputó el 17.03.2018 en Ushuaia, la ciudad más austral
del mundo, sobre el canal Beagle que fuera objeto de disputa hace varios años entre Argentina y Chile. Dada su ubicación, las condiciones meteorológicas son bastante
inestables, con temperaturas muy bajas aún en esta época del año. Por ello, la
Organización puso mucho énfasis durante el control previo y la charla técnica,
en los elementos obligatorios que debíamos llevar.
Se corrió en tres distancias: 10K, 25K y 42K. En las dos jornadas
previas, pudimos disfrutar de recorridos por el Parque Nacional Tierra del
Fuego –llegamos hasta Bahía Lapataia, punto donde termina la Ruta 3- y por Puerto
Almanza, zona de pescadores frente a la Isla Navarino (Chile), donde almorzamos
en el Parador La Sirena y el Capitán, de dueño uruguayo.
En la charla previa, encontré a la gran Elisa Forti, que a sus 83 años sigue corriendo y que participó en los 10 Kilómetros. Otro de los privilegios de esta vida, que con seguridad alegrará a mi hija, que la tiene como ejemplo (y así se lo hice saber a Elisa).
Nos alertaron que muy posiblemente se hiciera un
corte en el ascenso al Cerro del Medio, ya que las condiciones de clima llevaban
a limitar la subida por razones de seguridad. La nieve caída en la tarde hacía
que el recorrido fuera peligroso, razón por la cual íbamos a subir y bajar por
el mismo camino, para cortar por zonas de turba hacia el Glaciar Martial. Las fotos
que nos exhibieron mostraban unos 30 centímetros de nieve acumulada, con los
caminos absolutamente tapados.
La carrera de 42K largó a las 7:00 AM, cuando recién se empezaba a
iluminar la mañana, así que iniciamos la competencia ya en subida con linternas
frontales encendidas. Se definieron dos puntos de corte por tiempo; el primero
de ellos a las 5 horas de carrera en el Km 20 –PC2- en la base del Glaciar
Martial (desde donde largaban los 25K), y el segundo a las 9 horas de carrera –PC4- en el Tren del Fin del
Mundo (donde largaban los 10K).
En tanto David salió a ritmo
fuerte, con Dardo salimos bastante controlados, buscando evitar cualquier tipo
de problemas. El ascenso del Cerro del Medio fue bastante tranquilo,
cuidándonos para evitar golpes o lesiones en las zonas de ascenso y descenso,
por dentro del monte. A mitad de la subida, ya bajaban los punteros de la
competencia, encabezados por los argentinos Gustavo Reyes y Sergio Trecaman,
múltiples ganadores de competencias de ultra trail. Marcamos nuestro pasaje por
el punto más alto y emprendimos el retorno. Culminamos la bajada por zonas con
mucho barro, para tomar hacia el Glaciar Martial por zonas de turba, donde el
frío se hacía sentir en los pies permanentemente mojados.
Llegamos a la base del Glaciar, con el camino ya estaba absolutamente cubierto de nieve, mostrando un
panorama encantador. Con precaución, iniciamos la subida para tomar hacia el
PC3 y retornar por el mismo camino llegando nuevamente casi hasta la base,
donde tomamos la subida sostenida hacia el Glaciar. La larga fila serpenteante
de corredores dibujaba el camino que debíamos recorrer, absolutamente cubierto
de nieve, en tanto a nuestra espalda quedaba la vista de Ushuaia y el Canal
Beagle.
Llegamos al PC ubicado a unos 850
msnm, nos tomamos fotos, conversamos brevemente con el personal de la
Organización y emprendimos la bajada, con las alertas sobre el cuidado que
debíamos tener. Varios bajaban haciendo “culipatín”, en tanto decidí bajar
rápido por la zona de nieve acumulada al costado del camino, aprovechándola para frenar un poco. El único
riesgo que corría era engancharme en alguna piedra bajo la nieve, pero por fortuna,
ello no sucedió. Llegando a la base con unas 3 horas 50 minutos de competencia –teníamos
5 horas como límite-, ya los corredores de 25 Km habían largado desde ese
punto. Nos esperaba nuevamente un descenso por zona de monte, donde me llevé un
buen golpe al caerme como consecuencia de un resbalón en un tronco mojado. En algunos
momentos, me enterraba en el barro hasta cerca de la rodilla y temía perder
algún calzado. Un poco después, empezamos a superar a corredores de los 25K,
así que sentía que avanzábamos a buen ritmo.
El terreno era bastante más
amigable. Llegamos a la base de la legendaria pista de esquí Wallner,
comparativamente más corta pero bastante pronunciada, donde costaba avanzar.
Llegamos al punto más alto e iniciamos la bajada a buen ritmo, por una zona
bastante limpia.
Llegando a los 32K, ya en la zona
del Tren del Fin del Mundo, me detuve a sacarme la campera y guardarla en la
mochila. Llegamos al PC aproximadamente a las 6 horas 15 minutos de carrera,
cuando hacía 45 minutos que habían largado desde ese punto, los corredores de
10 Km. Nos esperaba el último ascenso, al Monte Susana. Bien nos habían
alertado en la charla previa sobre el grado de dificultad. No era un ascenso de
mucha altura, pero sí complicado, tortuoso, que nos hacía sufrir. Llegando al
punto más alto, Dardo se fue adelante. La vista de toda la ciudad y el canal
Beagle, desde la cima, resultaba un regalo para los sentidos.
Emprendí el descenso a buen
ritmo, para llegar a la base sobre la costa del canal, en la zona de playas. “Ya
estás; quedan 1.500 metros”, me indicaron. Era el último recorrido, sobre la
playa atravesando algunas zonas con piedras. Finalmente, con un tiempo total de
8 horas 32 minutos alcancé la meta. Mi estimación inicial era hacerlo entre 9 y
10 horas, así que me sentí plenamente satisfecho con el desempeño. Dardo había
llegado unos 9 minutos antes, en tanto David nos sorprendió con un tiempo de 6
horas 16 minutos. En 10 km, Hebert ocupó la 2ª posición en su categoría, en
tanto Alejandra pudo completarlo en 2 horas 29 minutos, pese a la lesión de la
que se viene recuperando.
En resumen, los resultados fueron
mejores de lo esperado para todos, así que nos volvimos con la enorme fortuna
de haber cumplido con otro desafío, en condiciones más complicadas de las
imaginadas. Tuvimos además el privilegio de haber podido disfrutar de
recorridos inolvidables, con una nevada en la tarde previa que engalanó gran
parte del trazado y nos permitió vivir en contacto con la naturaleza en
condiciones absolutamente inesperadas para nosotros. Ya en la noche y durante
todo el domingo, estuvo lloviendo “como en Macondo”, así que también en este
sentido el clima se comportó muy bien con nosotros durante la carrera.
En lo personal, fue mi carrera N°
439 completando 8.153 kilómetros en competencias. De ellas, 57 fueron maratones
y ultramaratones, así que no puedo menos que considerarme afortunado.
A los compañeros de aventura -Jonatan, David y Alejandra, en Aconcagua, y Alejandra, Gabriela, David, Hebert y Dardo en Ushuaia-, un
enorme “gracias” por los momentos compartidos. ¡Por muchos sueños más!
Y no se olviden: #NoMeEmpujenMeVoySolo.
Y no se olviden: #NoMeEmpujenMeVoySolo.
"Vuelve a correr, sin pensar que habrá una última vez", canta Buitres.
viernes, 5 de enero de 2018
domingo, 19 de noviembre de 2017
Crónica completa del ascenso al Camp. Base del Everest y KalaPatthar. Un sueño hecho realidad
Veterano atleta de Artigas en el Everest
Así se titula la noticia publicada por El
País el domingo 5 de noviembre, y la verdad es que me sorprendió, no por lo de
“veterano” -lo soy, no hay lugar a dudas, y con mucho orgullo- sino por el
hecho de que haya sido noticia. Según me han señalado, sería el primer
artiguense en llegar al Campamento Base del Everest, y eso es un motivo de
particular satisfacción, pues en cierta forma me permite destacar la motivación
que allí me llevó: honrar la memoria de mis padres y de mi hermana Estela.
Los posteriores ecos en medios de prensa,
también me han sorprendido gratamente, pues en definitiva lo que hago -o
intento hacer- me genera una particular satisfacción. Me considero afortunado
de poder desarrollar estas actividades, sin mayores dificultades desde el punto
de vista físico, y si ello es motivo de divulgación e interés para otras
personas, el mimo para el alma cobra una particular dimensión.
“Uno mismo, ese es el gran asunto del
viaje. Uno mismo, y nada más. O poco más. Hay pretextos, ocasiones, cantidad de
justificaciones, ciertamente, pero, de hecho, nos ponemos en marcha movidos
solamente por el deseo de partir a nuestro propio encuentro con la intención,
muy hipotética, de volver a encontrarnos, cuando no de encontrarnos” (Teoría
del Viaje, Michel Onfray)
“El Paraíso es un mito, pero Nepal es
real”
Así reza una frase muy conocida entre los
montañistas, que resume mucho de lo que se puede vivir en esa zona del mundo,
para mí desconocida hasta esta experiencia. Hacia allí viajamos en un grupo de
9 uruguayos el pasado 22.10.2017, integrado por Alejandra Isabella, Andrés
Silva, Dardo Parentini, David Vega, Gustavo Gorni, Jorge Xavier, Juan
Olascoaga, Mabel Paiva y Sebastián Paulos. En el destino, nos esperaba Martín
Olascoaga, el organizador de la propuesta junto a Pamela -quienes conforman
DestinOriente-, y los guías nepalíes Krishna Rai, Purna y Assan. Además, nos
acompañaron nuestros cuatro porteadores: Lakpha, Rupkaji, Milan y Prabin, unos
verdaderos fenómenos que nos ayudaron con la carga de los sobres de dormir y
algunas otras cosas, como forma de aliviarnos en algo el peso de nuestras
mochilas.
Mis compañeros de viaje me pidieron una
breve referencia a cada uno, tema complejo si los hay pues se mezclan
cuestiones objetivas y subjetivas, que además se hacen públicas y que pueden
merecer diferentes juicios. Prefiero la interpretación de cada lector, a partir
de mis reflexiones, pero -como me gusta correr riesgos y en definitiva me hago
cargo- aquí van algunas breves reflexiones (en orden alfabético, por el nombre,
así evitamos interpretaciones), a las que le agregué comentarios sobre nosotros
aportados por Martín (que llegaron en el momento justo).
- Alejandra: sin la parte femenina del equipo
esto no hubiese sido lo mismo. Cargó su mochila durante todo el recorrido
incluso luego de alguna torcedura y luego de eternas subidas siempre fuerte,
elegante y con una sonrisa para seguir adelante. La dulzura, hecha
persona. Una hermana que todos quisiéramos tener. Muestra una sensibilidad muy
maternal para captar estados de ánimo y apoyar a quienes lo necesitan. Nuestra
amistad nació en un momento justo.
- Andrés: un “loco” bravo, siempre hiperactivo
(aunque de pocas palabras, las justas), hasta para decir las cosas más crudas.
Apasionado por sus hijos -un verdadero tesoro- siempre se mostró muy humano y
cálido, dueño de un sentido del humor muy ácido y particular, pilar fundamental
para el positivismo del grupo. Generalmente cuidando que todo siguiese bien en
la retaguardia. Siempre robando una sonrisa a quien caminaba a su lado y
sensible a percibir el lado místico del camino.
- Dardo: la voz de mi conciencia, ese “otro yo” opuesto que
todos tenemos, con el que podemos tomarnos el pelo en temas trascendentes sin
perder el humor. En ocasiones, se transformó en mi “asesor”, compañero de
largas caminatas en solitario como cuando llegamos al Campamento Base. Apodado
"el montañes", gran deportista y con un organismo de otro planeta
capaz de subir hasta los 5500m de altura en shorts y de motivar a todo un grupo
de personas durante más de 10 días de marcha. Primero a la hora del mate en las
madrugadas y último a la hora de descansar. Un amigo de fierro (pese a ser
salteño e hincha de Nacional).
- David: mi hermano menor. Flor de tipo, siempre preocupado
por todo lo que sucede a su alrededor, con un compromiso extraordinario. Cargó
con el “sobrepeso” de las cosas que llevaba con Alejandra, sin chistar. El
esfuerzo desplegado y su poca tolerancia a la altura, lo dejó fuera de la
cumbre del Kala Pattar, pese a lo cual estuvo con nosotros en todo momento, con
su conocimiento y capacidad. "As strong as any porter"
(Palabras de Krishna). Siempre atento para ayudar y compartir con quien lo
precisaba. De esas personas que saben la inmensidad de lo que están viviendo y
que detrás de su mirada profunda se encuentra un lago de sentimientos y
comprensión hacia el compañero.
- Gustavo: el menos conocido del grupo (salvo para Juan, ya que fueron compañeros de estudios), pues vive en Juan Lacaze. El
“Gato” se ganó a todos con sus comentarios y comportamientos algo “diferentes”
al resto, que siempre tomamos con humor. Es el tipo que te hace alguna pregunta
que te descoloca, en el momento menos indicado. Le hicimos algo de “bulling”,
que se lo bancó con su gran sentido del humor. Desde Juan Lacaze hasta el
campamento base del Everest entre otras muchas hazañas de este gran montañista.
Amante de la naturaleza, reflexivo y de conclusiones profundas. Sabedor de los
valores del camino y conocedor de los códigos de montaña.
- Jorge: flor de tipo, el mejor del grupo… Ah!, no, soy yo.
Perdón, esta reflexión no va… Bueno, para no quedar “rengo” aprovecho los
comentarios de Martín, que conmigo fueron muy generosos: Más conocido como
"Jota": Uno de los principales impulsores para que el equipo se
largue a realizar esta "locura". Con una personalidad única, lleno de
energía y capaz de soltar un chiste en el momento menos esperado de una subida
eterna. El narrador del equipo, siempre con block en mano y cada mañana listo
para arengar al equipo.
- Juan: el otro “veterano” del grupo (¡Ojo, que el “veterano”
soy yo!!!), con el cual tampoco habíamos compartido directamente. El papá de
Martín corrió con esa ventaja… gran compañero de viaje, siempre de buen humor,
buen tomador de mate, un tipo con el que podemos trazar objetivos de largo
plazo que con seguridad la vas a pasar bien. Y esto va por cuenta de Martín:
Gran deportista y mejor padre, amante del desafío que incluso con alguna que
otra lesión física siempre fue encabezando el equipo. Gracias a la vida por
haber podido compartir una nueva experiencia de vida padre - hijo.
- Mabel: ¿Cómo ser objetivo con esta rompe…? Siempre está
tomándose todo en broma, de boca fácil, primera a la hora de cantar, contar
chistes o reírse a carcajadas. Atenta al doble sentido, alegre y sobre todo
noble con los compañeros. Evidenciaba un perfil cálido, pues diariamente, le
escribía a su hija en una especie de “diario” que habían pactado. Recuerdo su
emoción cuando pudo ver a su hija despertándose, a través de imágenes en el
celular. También recuerdo sus anotaciones en pleno Campamento Base, dirigidas a
su Chiarita. Capaz de subir hasta los 5390m sobre el nivel del mar con todo su
equipo, convicciones y creencias en la espalda. Fiel a su palabra, a su sentir
y a su pensar. Ideal para compartir una grappamiel o un ron, y una carrera de
larga distancia.
- Sebastián: el hijo “adoptivo” que muchos
quisieran tener, con apenas 24 años. Renunció a concursar para mantener su
trabajo, para hacer este viaje. Fue nuestro especialista tecnológico, “cuerpito
latino, temporal de facha ambulante”, extrañó mucho las milanesas de su madre.
No extrañó la Coca Cola ni las mentitas. Gran valor del equipo. Pura admiración
a quien decidió embarcarse en esta aventura desconocida y porque no, un poco
peligrosa. Gran aporte para el grupo, cargado de conocimientos y simpleza,
llenó al viaje de complicidad, risas y frescura. Pese a ser el más joven,
se integró con absoluta naturalidad a los demás. Lo espera un futuro brillante,
por su don de gente.
DestinOriente y el equipo nepalí
Pame, Martín, Krishna, Purna, Asan,
Prakbhin, Milan, Rukpha, Lakpha, son el equipo uruguayo, chileno y nepalí. Con
todos ellos, podemos decir que conformamos una enorme familia. Es más, mi
peluche fue bautizado "Purna"
Ya en el largo viaje –nos llevó 36 horas
entre vuelos y esperas en aeropuertos-, me sentí un poco “aislado” pues pese a
que éramos 9, en cada tramo me tocó viajar bastante lejos del resto de los
compañeros. Relato un par de anécdotas en la escala en Estambul. Un grupo de
niños búlgaros de un equipo de clavadistas, jugaban a las cartas en el piso
bajo la atenta mirada de su entrenador, y ninguno de ellos tenía celular… La
otra: conseguimos agua caliente para el mate en una pequeña cafetería del
aeropuerto Ataturk, gracias a nuestra condición de uruguayos, pues el encargado
identificó a Fernando Muslera (el arquero de la selección), jugador desde hace
años del Galatasaray de Turquía.
Simplemente decidimos hacerlo
Tom Hanks, interpretando al Comandante Jim
Lovell en la película Apolo XIII (que relata la fallida misión lunar), en una
conversación con su esposa -alcoholizado después de una cena donde rememoran la
experiencia con sus compañeros-, recuerda la llegada del hombre a la Luna
(Armstrong y Aldrin) en 1969, señalando “no fue un milagro; simplemente
decidimos hacerlo”.
No puedo plantearlo como paralelismo con
esa hazaña para la humanidad, pero para cada uno de los integrantes del “Equipo
Uruguay 2017 – Everest Base Camp Trek” tuvo una cierta motivación, que en lo
más íntimo puede considerarse similar (salvando las distancias). No somos
“montañeros” habituales, aunque es indudable que nos atrapan los desafíos y nos
apasionan las actividades de trail y aventura. Hace unos 10 meses, a partir de
la previa experiencia con Jean Paul Beauvois, Alejandro Chabalgoity, Martín
Zanabria, Paola Nande y yo en el Cordón del Plata (Mendoza), en los
intercambios con Juan Olascoaga surgió la posibilidad de pedirle a su hijo
Martín -que conoce muchísimo de la zona y está la mayor parte del tiempo entre
Nepal e India- que armara una propuesta para corredores de trail a efectos de
hacer el ascenso al Campamento Base del Everest.
“Decidimos hacerlo”, dijo Tom
Hanks, con mucho más intuición y corazón que razón, y en este desafío nos
juntamos personas que compartimos la pasión por los deportes de aventura, de
diferentes edades (desde los 24 –Sebita- hasta los 57 años –yo-), profesiones,
intereses y motivaciones, pero todos inspirados por el enorme sueño de poder
conquistar una gran meta. Para varios de nosotros, significó postergar algunas
decisiones trascendentes e invertir un monto de dinero interesante, pero
también fue “el tren que muy posiblemente pasara una sola vez”.
Nos fuimos sumando, y el grupo se
conformó. ¿Por qué Nepal? Es la meca del montañismo, y allí está la cordillera
del Himalaya -con su mítico Everest, o mejor, Jomolugma como la conocen los
nepalíes, el techo del mundo con sus 8.848 msnm-, en la frontera con China y
muy cerca de India, y sus “hermanos” Lhotse, Nuptse y Ama Dablam. Aunque no se
requiere un entrenamiento específico ni de alto rendimiento, los buenos hábitos
de salud y la práctica constante del ejercicio, fueron una ayuda fundamental
para acceder al campamento base sin mayores problemas.
El recuerdo de la tragedia vivida en 1996
en el Everest, excelentemente relatado en la película, estuvo presente en
muchas de las conversaciones familiares, preocupaciones compartidas,
explicaciones minuciosas y planificaciones detalladas. Nada quedó librado al
azar, gracias al excelente asesoramiento y organización de Martín y Pamela. Por
las dudas, me acompañó (como siempre) mi peluche de la suerte que traje del
Mont Blanc, y que estoy convencido que es una ardilla. Hasta nombre tiene
ahora, pues fue bautizada en esta experiencia.
“Todas sus
emociones, sus sensaciones, sus percepciones, todas sus historias singulares
maduran en su alma fantasiosa y desembocan un día en un texto corto que ofrece
la quintaesencia de las sinestesias caprichosas: oler colores, saborear
perfumes, tocar sonidos, oír temperaturas, ver ruidos. Practicar estos
ejercicios confirma que viajar supone el desajuste de todos los sentidos, y
luego su reactivación y capitulación en el verbo” (Teoría del Viaje, Michel
Onfray)
Llegamos a Kathmandu
el 24 y pudimos ya percibir el caótico tránsito de esa ciudad (pese a lo cual,
no vimos ningún accidente ni discusión entre conductores). Después de un rápido
desayuno, dedicamos el día a terminar de aprovisionarnos con los equipos
faltantes (que conseguimos a muy buenos precios) y el 25 emprendimos el viaje
en dos vehículos todo terreno rumbo a Phaplu (2.480 msnm) en un viaje por
caminos absolutamente intransitables -salvo para las Mahindra Bolero- que
alcanzaron los 2900 msnm, y que nos llevó 12 horas para hacer no más de 250
kilómetros. Además, nos permitió comenzar el período de aclimatación a la
altura, fundamental para este tipo de experiencias, que algunos ya sufrieron
durante este viaje.
Soy náufrago
en el mar, y en tierra no paro de caminar (Náufrago - Cuatro Pesos de Propina)
Al día siguiente,
iniciamos el trekking desde Ringmo -muy cerca de Phaplu- cruzamos por
Taxshindu-lá (majestuosa puerta de entrada a los Himalayas, 3050 msnm), bajamos
a Nunthala (2400 msnm) -donde almorzamos en casa de familiares de Krishna- y
continuamos hasta Jublin (1650 msnm). Ese muy importante ascenso y descenso ya
en el primer día, hizo que algunos de nosotros sufriéramos las consecuencias
del esfuerzo, pues llegamos recién a las 18.00 horas al refugio donde nos
alojamos (propiedad de un primo de Krishna). El camino estuvo plagado de cruces
con caravanas de mulas cargadas (que tienen preferencia de paso, incluso en los
innumerables puentes colgantes que al principio nos parecían peligrosos), niños
trabajando en tareas rurales, olores y aromas novedosos.
“Táctica y
Estrategia” (poema de Mario Benedetti)
Entre tantas
conversaciones durante el trekking, con Juan fuimos conversando sobre mis
cursos de Estrategia en el Centro de Posgrados, recordando el poema de Benedetti
“Táctica y Estrategia”, y lo comprometí a que nos visite en alguno de los
cursos a contar su experiencia en el ámbito empresarial. Conversamos sobre el
impacto que tienen estas actividades de trekking en la montaña y las deportivas
en general, sobre nuestras profesiones y actividades laborales, destacando la
complementariedad y el aporte que muchas veces encontramos, y en particular la
forma como se despierta la creatividad.
El 2° día de
trekking, nos llevó hasta Karikhola, después de un ascenso constante. En un
descanso, pudimos visitar un templo budista y conocer las innumerables estupas
con sus “ojos de Buda” que todo lo observan. Subimos hasta los 3000 msnm en
Karilá, para bajar a los 2700 msnm hasta Paiya, donde nos alojamos. En mi
arenga inicial, recordé la frase del Gral Máximo (Gladiador), diciendo “Lo que
hacemos en la vida, hace eco en la eternidad. Imaginen dónde estarán en una
semana, y se hará realidad”.
“Los caminos
de la vida” (Vicentico)
En el camino, cruzamos
por una casa donde unos monjes (lamas) nos obsequiaron una bolsa con alimentos
a cada uno. Se trataba de una ceremonia religiosa, pues cuando fallece alguien,
hacen ese tipo de ofrendas a los caminantes. ¿Verdad que debemos considerarnos
privilegiados? Fuimos protagonistas de una expresión pura de la religiosidad de
este pueblo, de un modo para nosotros absolutamente inesperado.
En la escala, Seba
disfrutó de un partido de fútbol con niños de la zona, además de Milan (uno de
nuestros porteadores), y en la cena, un francés nos invitó con queso de la
región en la que vive. Magia pura.
Otra anécdota, se dio
en un almuerzo en Bupsa, ocasión en que pedí una cerveza. Cuando Dardo me vio,
se levantó y le pidió a la cocinera nepalí, en perfecto español: “Deme una
cerveza, en lo posible bien fría”… ¡Y lo entendió!!!
“Emoción,
afecto, entusiasmo, asombro, interrogación, sorpresa, alegría y estupefacción,
todo se mezcla en el ejercicio de lo bello y lo sublime, del cambio de hábitos
y de la diferencia” (Teoría del Viaje, Michel Onfray)
En cada ocasión en
que algún tema musical venía a mi mente, me ponía a cantar. Así, recorrí “Mi
Revolución” y “Náufrago” (Cuatro Pesos de Propina), “Isla Patrulla” y “Orejano”
(Los Olimareños), “La hermana de la Coneja”, “Durazno y Convención” y “Amor
profundo” (Jaime Roos), “Los caminos de la vida” (Vicentico), "Carretera
Perdida" (Buitres), “Mi lista negra”, “Así soy yo” y “Breve descripción de
mi persona” (Cuarteto de Nos) e incluso algún tango. Las largas jornadas de
trekking y la nostalgia hacen que estas vetas artísticas florezcan… Aunque con
seguridad, mis compañeros preferían que me callara la boca (salvo algún
ocasional acompañamiento cantando). Hablamos también de películas (Apolo XIII y
la frase ya referida), Gladiador, 300, y nos detuvimos bastante en “Antes de
partir” (“The bucket list”) con Jack Nicholson y Morgan Freeman, ya que –entre
otras cosas- al final las cenizas de ambos son depositadas en el Everest “para
disfrutar de la mejor vista”.
En una de estas
jornadas, duras desde los sentimientos, de recogimiento y profunda reflexión
recordando a mi hermana, Alejandra lo notó y me acompañó, ayudándome a “salir”
con su pregunta ¿“Qué pasa, Jotita”?, su comprensión silenciosa y su abrazo
cálido y maternal.
“Porque al
final no recordarás el tiempo que permaneciste en la oficina o arreglando tu
casa. Ve y escala esa maldita montaña” (Jack Kerouac)
Los siguientes días
de trekking nos llevaron por continuos ascensos con algún descenso, más un par
de días de aclimatación, cuando salimos de la zona conocida como “Solo” e
ingresamos al valle de Khumbu. El ingreso a la zona budista tibetana se notó en
los rasgos de las personas, a lo que se sumó la enorme cantidad de montañistas
de todas partes del mundo, sherpas y porteadores cargados a más no poder,
trasladando enormes cantidades de productos de todo tipo sobre sus espaldas y
sujetados en la cabeza, más caravanas de mulas y yacs, y una enorme
proliferación de símbolos religiosos (Mani) en piedras alladas y pintadas.
Resham firiri
(canción nepalí)
A mitad de camino en
el ascenso, llegamos a un lugar mítico: Namche Bazaar (3420 msnm). Fue un
momento de especial recogimiento, de satisfacción plena y de profunda emoción.
Es el último lugar típicamente comercial, donde pueden solucionarse todos los
temas pendientes antes de emprender la parte más dura del ascenso (incluso
lavandería de ropas, servicios financieros, panaderías y cafeterías). Antes de
partir, como casi todos los días, estuve encargado de la arenga al grupo, que en
esta oportunidad fue breve: “Compañeros, somos privilegiados, venimos de
Uruguay, país con 3.4 millones de habitantes y seremos los únicos uruguayos en
el Campamento Base del Everest. Disfruten intensamente el presente y recuerden
que la gloria nos espera”.
Fue un momento de
emoción, lágrimas, abrazos y recogimiento, que quedará en nuestros corazones
por siempre. Dice Reinhold Meissner en “Mi vida al límite” –libro que terminé
de leer durante esta expedición-, que un buen compañero de montaña es alguien
con quien compartir el miedo y la alegría, y con seguridad las sensaciones que
compartimos, fueron un muy buen ejemplo de compañerismo. También debo destacar
-como se lo señalé a Mabel- que en esos momentos extrañaba especialmente la
compañía de Martín (Zanabria) y Paola (Nande), con quienes hicimos el ascenso
al Cordón del Plata.
“No estamos
haciendo deporte. No estamos jugando. No se trata de religión. Pero somos
deportistas. Nos jugamos y vivimos a pleno. Nos encomendamos a nuestros dioses,
o duendes, como quieran llamarlos. No corremos peligro de muerte, pero es una
posibilidad, y por eso nos cuidamos. Nos responsabilizamos entre nosotros.
Todos para uno, uno para todos. Nuestra vida ya no es la misma. Somos hermanos.
Nos espera un sueño. Allá vamos. ¡U-u-u-Uruguay!”
Seguimos ascendiendo
a Portshe (3850 msnm), un milenario pueblito agrícola, que se mantiene casi sin
cambios ubicado en una altiplanicie protegida de los vientos por las montañas
que la rodean. El siguiente paso fue Pangboche, Somare y Dingboche (4330 msnm),
sintiéndonos todos bastante bien, pero ya sintiendo el frío reinante, al
extremo que a partir de las 15.00 horas se vuelve muy difícil permanecer al
aire libre. El día siguiente fue nuevamente de aclimatación, ya que subimos
hasta los 5076 msnm (Dingboche Ri) para volver a bajar.
En la siguiente
etapa, cruzamos por Thukla (4620 msnm), llegamos al Memorial que recuerda a
quienes perdieron la vida en la tragedia de 1996 -un momento mágico,
sobrecogedor- , donde cada uno de nosotros nos sentimos en paz y armonía. Las
fotos obligadas con los grandes nombres de la expedición al Everest, ocuparon
gran parte del tiempo: Scott Fischer, Rob Hall … El camino nos llevó a
Pyramid, 5050 msnm, donde nos alojamos en el lodge con forma de pirámide que
fue centro de investigación italiano. A las 14.30 empezó a nevar.
Ya estábamos muy
cerca de la meta tan ansiada, así que en el aire se palpaba la emoción y
alegría. A la mañana siguiente, salimos rumbo a Gorak Shep (5170 msnm), escala
previa al Camp. Base. Salvo algunas molestias puntuales, la gran mayoría nos
sentíamos bien. Nos alojamos, preparamos la "mochila de ataque" con
el abrigo e hidratación necesarios, y salimos al asalto del Campamento Base.
“No vinimos
al campamento base del Everest o al Kala Patthar. Vinimos a hacer el camino al
campamento base. Vinimos a cumplir un sueño. Pues la vida trata de eso,
plantearnos desafíos y tratar de cumplirlos. No por ser mejores que otros, sino
para ser mejores personas. Como dijo alguien: ¿Qué es la vida, sino un breve
paréntesis entre dos largas muertes? Por tanto, en ese paréntesis tenemos la
obligación de hacer aquello que nos hace plenos, que es la mejor forma de
honrar a la vida, a nuestras familias, a nuestros seres queridos. Estamos
haciendo una larga peregrinación cobijados por Jomolugma, en perfecta sintonía
con la madre naturaleza. Nuestro deber es respetarla y promover su cuidado. Nos
acompañan nuestros duendes, que también nos protegen. Honremos su compromiso y
tolerancia. La meta está cerca, pero sigue siendo un objetivo complicado. Por
eso, sigamos siendo un equipo, en particular en los momentos difíciles que nos
esperan. ¡Allá vamos! ¡Esto es Uruguay!”
Junto a Dardo, nos
fuimos adelante… fueron momentos con un cierto toque egoísta, pues quería que
ese momento fuera mío, personal, íntimo. Pleno de emoción, atravesé las enormes
piedras que separan el camino del campamento, y llegué exactamente a las 12.00
del sábado 4 de noviembre de 2017. Intenté sobreponerme a la magia del lugar,
pero fue imposible. Abrí mi mochila, retiré las banderitas nepalíes que
llevaba, las até a las piedras bien a la derecha (para que pudieran diferenciarse
de alguna forma de las demás), me incliné y estuve unos 5 minutos en solitario.
Fue un momento místico, incluso para quienes nos identificamos como agnósticos,
que significó la culminación de una especie de diálogo introspectivo, íntimo,
que en cierta forma me permitió comunicarme a mi manera con mis seres queridos.
Enseguida llegaron
mis compañeros, y una vez culminadas las sesiones de fotos y festejos (hasta
tomamos unos sorbos de vino), cada uno se dedicó a rendir sus homenajes. Hubo
mensajes y dibujos dejados en el campamento, calcomanías, inscripciones en
piedras, cartas escritas a nuestras familias desde ese mítico lugar… ¿Puede
haber mayor dicha? ¿Cómo no sentirnos afortunados?
“Si me voy
antes que vos” (Jaime Roos)
Después de unos 45
minutos y dado que comenzaba a nevar muy levemente, encaramos el retorno,
llenos de energía. Al llegar a Gorak Shep, tanto David como Alejandra sentían
el mal de altura, en tanto Andrés y Sebastián también tenían alguna molestia.
Al día siguiente, fue
la “yapa” ya que los 6 que nos sentíamos bien, encaramos el ascenso del
KalaPatthar, 5545 msnm, cima que se encuentra muy cerca del refugio. El muy
duro ascenso nos llevó 1 hora 15 minutos, y nos ofreció vistas inolvidables de
los Himalayas, con 360° grados de visibilidad. Encaramos la bajada que hicimos
muy rápido, juntamos nuestras mochilas y emprendimos el largo descenso hasta
Pheriche.
De todo el tramo de
bajada -que hicimos en tres etapas- destaco un par de aspectos: en Tengboche
coincidimos con un festival de música y danzas en un monasterio (absolutamente
indescriptible, milenario, espectacular), y desde Lukla tomamos un vuelo en
avioneta (16 pasajeros) en el más peligroso aeropuerto del mundo, pista de 450
metros ubicada en la ladera de una montaña en subida/bajada, rodeada de muros
de piedra.
Entre los enormes
aprendizajes de esta experiencia inolvidable, destaco que tuvimos el placer de
compartir algunas prácticas religiosas -la religión mayoritaria es el
hinduismo, aunque el budismo y sus prácticas también son muy
trascendentes, en particular en las zonas más altas y cerca de la frontera con
China. La vida de las comunidades está fuertemente imbuida por la religión, y a
cada paso se respira y vive la maravillosa espiritualidad, con las piedras
“mani” y las estupas bajo la atenta mirada de Buda, con sus ojos
pintados por todos lados.
Otro capítulo
especial es la cocina nepalí. El plato típico por excelencia es el dal
bhat (un poquito, lo extraño…), compuesto por arroz, una sopa de lentejas y
verduras salteadas con curry (incluso, lo comimos usando las manos). En el
desayuno, recuerdo especialmente el “pan nepalí” con miel o jaleas, una
verdadera “torta frita” dulce, el “sampa” (¿gofio con leche y miel?) e
innumerables platos a base de papas y huevos.
“… y a toda esa gente linda que quiso un
camino nuevo pa’su pago, pero que no precisa un camino nuevo para entrar a mi
memoria” (“Isla Patrulla”, Los Olimareños)
¿Qué decir de los nepalíes? Gente honesta,
cálida, humilde, que te brindan todo lo que está a su alcance y siempre con una
sonrisa de agradecimiento. Podemos decir que nos sentimos en familia, rodeados
por los amigos que conseguimos en nuestra aventura. Como parte de estas
amistades, Krishna se volvió tomador de mate, así que le dejamos mate, bombilla
y yerba. “¿Mate time?” nos preguntaba en el desayuno y a la tarde, cuando nos
sentábamos a compartir. Eso sí, los compañeros hinchas de Nacional
–increíblemente en esta ocasión, fueron mayoría- lo hicieron hincha de ese equipo.
Con seguridad, Krishna no entiende de qué se trata…
El clima tuvo con nosotros un
comportamiento ejemplar, ya que prácticamente todos los días tuvimos sol y un
cielo bastante despejado, que nos permitió disfrutar del recorrido y de
espectaculares vistas, sin sentir demasiado el frío salvo en la noche y cuando
ya estábamos en los refugios. En la única ocasión en que lloviznó un poco, ya
habíamos arribado al lodge y no nos afectó en lo más mínimo. Los días que hubo
una tenue nevisca, hasta lo podemos considerar un mimo para el cuerpo, pues es
algo a lo que no estamos acostumbrados.
Otro destaque, fue el inolvidable festival
de música y danzas, pleno de coloridos, que pudimos disfrutar en nuestro
descenso, en un monasterio en Tengboche. Historia, geografía, religión, música,
colorido… todo perfectamente amalgamado.
En la última arenga
durante el día “D” (cuando alcanzamos el Campamento Base), expresé:
“Dice Yuval
Harari en “Homo Deus”, que algunas personas viven una tragedia, otras habitan
en un drama religioso inacabable, aún otras abordan la vida como si se tratara
de una película de acción, y no son pocas las que actúan como si de una comedia
se tratara. Pero, al final, todas son solo relatos. Pues bien, nosotros estamos
culminando nuestro relato.
Señala Kilian
Jornet que en la montaña las personas perdemos el nombre, la edad, los títulos.
Con la altura, las máscaras desaparecen y se refleja la verdadera persona que
somos cada uno. No hay fuerzas para ser ninguna otra persona que la que
llevamos en las entrañas, y que en muchas ocasiones ni siquiera conocemos.
Josef Ajram
se pregunta “Dónde está el límite?”, para responder: “No sé dónde está, si sé
dónde no está”.
Este sueño
iniciado hace tiempo, hoy se convierte en realidad. Todos vinimos con diferentes
motivaciones y todos debemos sentirnos más que satisfechos del logro. Pero no
solamente por decir “lo hice”, sino fundamentalmente porque lo construimos a
nuestra manera, según nuestras condiciones, usando nuestras fortalezas y
minimizando nuestras debilidades, aprendiendo día a día de nuestras diferencias
y fortaleciéndonos como equipo. No es poca cosa.
Vivimos la
montaña con los cinco sentidos, en comunión con el entorno y respetando a las
comunidades por las que pasamos, honrando los lugares sagrados y conviviendo
con los lugareños y otros caminantes, aprendiendo y dejando en alto el nombre
de Uruguay.
Somos
privilegiados, felices privilegiados, a quienes nadie les regaló nada, lo
hicimos nosotros. Disfrutémoslo con responsabilidad, humildad y compromiso.
Jomolugma nos cobija, nos espera. Allá vamos. A la cuenta de tres: U-U-Uruguay”
220
kilómetros del más puro y duro trekking y unos 13.000 metros de desnivel
acumulado, en 13 días por un lugar soñado, y el cumplimiento de muchas
promesas. Sin lugar a dudas, nuestra vida ya no es la misma.
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