sábado, 18 de noviembre de 2017

¡Y un día decidimos ir al Campamento Base del Everest! (1a parte de la larga crónica de una aventura que me cambió la vida)


Veterano atleta de Artigas en el Everest

Así se titula la noticia publicada por El País el domingo 5 de noviembre, y la verdad es que me sorprendió, no por lo de “veterano” -lo soy, no hay lugar a dudas, y con mucho orgullo- sino por el hecho de que haya sido noticia. Según me han señalado, sería el primer artiguense en llegar al Campamento Base del Everest, y eso es un motivo de particular satisfacción, pues en cierta forma me permite destacar la motivación que allí me llevó: honrar la memoria de mis padres y de mi hermana Estela.

Los posteriores ecos en medios de prensa, también me han sorprendido gratamente, pues en definitiva lo que hago -o intento hacer- me genera una particular satisfacción. Me considero afortunado de poder desarrollar estas actividades, sin mayores dificultades desde el punto de vista físico, y si ello es motivo de divulgación e interés para otras personas, el mimo para el alma cobra una particular dimensión.

“Uno mismo, ese es el gran asunto del viaje. Uno mismo, y nada más. O poco más. Hay pretextos, ocasiones, cantidad de justificaciones, ciertamente, pero, de hecho, nos ponemos en marcha movidos solamente por el deseo de partir a nuestro propio encuentro con la intención, muy hipotética, de volver a encontrarnos, cuando no de encontrarnos” (Teoría del Viaje, Michel Onfray)

“El Paraíso es un mito, pero Nepal es real”

Así reza una frase muy conocida entre los montañistas, que resume mucho de lo que se puede vivir en esa zona del mundo, para mí desconocida hasta esta experiencia. Hacia allí viajamos en un grupo de 9 uruguayos el pasado 22.10.2017, integrado por Alejandra Isabella, Andrés Silva, Dardo Parentini, David Vega, Gustavo Gorni, Jorge Xavier, Juan Olascoaga, Mabel Paiva y Sebastián Paulos. En el destino, nos esperaba Martín Olascoaga, el organizador de la propuesta junto a Pamela -quienes conforman DestinOriente-, y los guías nepalíes Krishna Rai, Purna y Assan. Además, nos acompañaron nuestros cuatro porteadores: Lakpha, Rupkaji, Milan y Prabin, unos verdaderos fenómenos que nos ayudaron con la carga de los sobres de dormir y algunas otras cosas, como forma de aliviarnos en algo el peso de nuestras mochilas.

Mis compañeros de viaje me pidieron una breve referencia a cada uno, tema complejo si los hay pues se mezclan cuestiones objetivas y subjetivas, que además se hacen públicas y que pueden merecer diferentes juicios. Prefiero la interpretación de cada lector, a partir de mis reflexiones, pero -como me gusta correr riesgos y en definitiva me hago cargo- aquí van algunas breves reflexiones (en orden alfabético, por el nombre, así evitamos interpretaciones), a las que le agregué comentarios sobre nosotros aportados por Martín (que llegaron en el momento justo).

- Alejandra: sin la parte femenina del equipo esto no hubiese sido lo mismo. Cargó su mochila durante todo el recorrido incluso luego de alguna torcedura y luego de eternas subidas siempre fuerte, elegante y con una sonrisa para seguir adelante. La dulzura, hecha persona. Una hermana que todos quisiéramos tener. Muestra una sensibilidad muy maternal para captar estados de ánimo y apoyar a quienes lo necesitan. Nuestra amistad nació en un momento justo.

- Andrés: un “loco” bravo, siempre hiperactivo (aunque de pocas palabras, las justas), hasta para decir las cosas más crudas. Apasionado por sus hijos -un verdadero tesoro- siempre se mostró muy humano y cálido, dueño de un sentido del humor muy ácido y particular, pilar fundamental para el positivismo del grupo. Generalmente cuidando que todo siguiese bien en la retaguardia. Siempre robando una sonrisa a quien caminaba a su lado y sensible a percibir el lado místico del camino.

- Dardo: la voz de mi conciencia, ese “otro yo” opuesto que todos tenemos, con el que podemos tomarnos el pelo en temas trascendentes sin perder el humor. En ocasiones, se transformó en mi “asesor”, compañero de largas caminatas en solitario como cuando llegamos al Campamento Base. Apodado "el montañes", gran deportista y con un organismo de otro planeta capaz de subir hasta los 5500m de altura en shorts y de motivar a todo un grupo de personas durante más de 10 días de marcha. Primero a la hora del mate en las madrugadas y último a la hora de descansar. Un amigo de fierro (pese a ser salteño e hincha de Nacional).

- David: mi hermano menor. Flor de tipo, siempre preocupado por todo lo que sucede a su alrededor, con un compromiso extraordinario. Cargó con el “sobrepeso” de las cosas que llevaba con Alejandra, sin chistar. El esfuerzo desplegado y su poca tolerancia a la altura, lo dejó fuera de la cumbre del Kala Pattar, pese a lo cual estuvo con nosotros en todo momento, con su conocimiento y capacidad.  "As strong as any porter" (Palabras de Krishna). Siempre atento para ayudar y compartir con quien lo precisaba. De esas personas que saben la inmensidad de lo que están viviendo y que detrás de su mirada profunda se encuentra un lago de sentimientos y comprensión hacia el compañero. 

- Gustavo: el menos conocido del grupo (menos para Juan, ya que fueron compañeros de estudios), pues vive en Juan Lacaze. El “Gato” se ganó a todos con sus comentarios y comportamientos algo “diferentes” al resto, que siempre tomamos con humor. Es el tipo que te hace alguna pregunta que te descoloca, en el momento menos indicado. Le hicimos algo de “bulling”, que se lo bancó con su gran sentido del humor. Desde Juan Lacaze hasta el campamento base del Everest entre otras muchas hazañas de este gran montañista. Amante de la naturaleza, reflexivo y de conclusiones profundas. Sabedor de los valores del camino y conocedor de los códigos de montaña.

- Jorge: flor de tipo, el mejor del grupo… Ah!, no , soy yo. Perdón, esta reflexión no va… Bueno, para no quedar “rengo” aprovecho los comentarios de Martín, que conmigo fueron muy generosos: Más conocido como "Jota": Uno de los principales impulsores para que el equipo se largue a realizar esta "locura". Con una personalidad única, lleno de energía y capaz de soltar un chiste en el momento menos esperado de una subida eterna. El narrador del equipo, siempre con block en mano y cada mañana listo para arengar al equipo.

- Juan: el otro “veterano” del grupo (¡Ojo, que el “veterano” soy yo!!!), con el cual tampoco habíamos compartido directamente. El papá de Martín corrió con esa ventaja… gran compañero de viaje, siempre de buen humor, buen tomador de mate, un tipo con el que podemos trazar objetivos de largo plazo que con seguridad la vas a pasar bien. Y esto va por cuenta de Martín: Gran deportista y mejor padre, amante del desafío que incluso con alguna que otra lesión física siempre fue encabezando el equipo. Gracias a la vida por haber podido compartir una nueva experiencia de vida padre - hijo.

- Mabel: ¿Cómo ser objetivo con esta rompe…? Siempre está tomándose todo en broma, de boca fácil, primera a la hora de cantar, contar chistes o reírse a carcajadas. Atenta al doble sentido, alegre y sobre todo noble con los compañeros. Evidenciaba un perfil cálido, pues diariamente, le escribía a su hija en una especie de “diario” que habían pactado. Recuerdo su emoción cuando pudo ver a su hija despertándose, a través de imágenes en el celular. También recuerdo sus anotaciones en pleno Campamento Base, dirigidas a su Chiarita. Capaz de subir hasta los 5390m sobre el nivel del mar con todo su equipo, convicciones y creencias en la espalda. Fiel a su palabra, a su sentir y a su pensar. Ideal para compartir una grappamiel o un ron, y una carrera de larga distancia.

- Sebastián: el hijo “adoptivo” que muchos quisieran tener, con apenas 24 años. Renunció a concursar para mantener su trabajo, para hacer este viaje. Fue nuestro especialista tecnológico, “cuerpito latino, temporal de facha ambulante”, extrañó mucho las milanesas de su madre. No extrañó la Coca Cola ni las mentitas. Gran valor del equipo. Pura admiración a quien decidió embarcarse en esta aventura desconocida y porque no, un poco peligrosa. Gran aporte para el grupo, cargado de conocimientos y simpleza, llenó al viaje de complicidad, risas y frescura. Pese a ser el más joven, se integró con absoluta naturalidad a los demás. Lo espera un futuro brillante, por su don de gente.


DestinOriente y el equipo nepalí

Pame, Martín, Krishna, Purna, Asan, Prakbhin, Milan, Rukpha, Lakpha, son el equipo uruguayo, chileno y nepalí. Con todos ellos, podemos decir que conformamos una enorme familia. Es más, mi peluche fue bautizado "Purna"





















Ya en el largo viaje –nos llevó 36 horas entre vuelos y esperas en aeropuertos-, me sentí un poco “aislado” pues pese a que éramos 9, en cada tramo me tocó viajar bastante lejos del resto de los compañeros. Relato un par de anécdotas en la escala en Estambul. Un grupo de niños búlgaros de un equipo de clavadistas, jugaban a las cartas en el piso bajo la atenta mirada de su entrenador, y ninguno de ellos tenía celular… La otra: conseguimos agua caliente para el mate en una pequeña cafetería del aeropuerto Ataturk, gracias a nuestra condición de uruguayos, pues el encargado identificó a Fernando Muslera (el arquero de la selección), jugador desde hace años del Galatasaray de Turquía.

Simplemente decidimos hacerlo

Tom Hanks, interpretando al Comandante Jim Lovell en la película Apolo XIII (que relata la fallida misión lunar), en una conversación con su esposa -alcoholizado después de una cena donde rememoran la experiencia con sus compañeros-, recuerda la llegada del hombre a la Luna (Armstrong y Aldrin) en 1969, señalando “no fue un milagro; simplemente decidimos hacerlo”.

No puedo plantearlo como paralelismo con esa hazaña para la humanidad, pero para cada uno de los integrantes del “Equipo Uruguay 2017 – Everest Base Camp Trek” tuvo una cierta motivación, que en lo más íntimo puede considerarse similar (salvando las distancias). No somos “montañeros” habituales, aunque es indudable que nos atrapan los desafíos y nos apasionan las actividades de trail y aventura. Hace unos 10 meses, a partir de la previa experiencia con Jean Paul Beauvois, Alejandro Chabalgoity, Martín Zanabria, Paola Nande y yo en el Cordón del Plata (Mendoza),  en los intercambios con Juan Olascoaga surgió la posibilidad de pedirle a su hijo Martín -que conoce muchísimo de la zona y está la mayor parte del tiempo entre Nepal e India- que armara una propuesta para corredores de trail a efectos de hacer el ascenso al Campamento Base del Everest. “Decidimos hacerlo”, dijo Tom Hanks, con mucho más intuición y corazón que razón, y en este desafío nos juntamos personas que compartimos la pasión por los deportes de aventura, de diferentes edades (desde los 24 –Sebita- hasta los 57 años –yo-), profesiones, intereses y motivaciones, pero todos inspirados por el enorme sueño de poder conquistar una gran meta. Para varios de nosotros, significó postergar algunas decisiones trascendentes e invertir un monto de dinero interesante, pero también fue “el tren que muy posiblemente pasara una sola vez”.

Nos fuimos sumando, y el grupo se conformó. ¿Por qué Nepal? Es la meca del montañismo, y allí está la cordillera del Himalaya -con su mítico Everest, o mejor, Jomolugma como la conocen los nepalíes, el techo del mundo con sus 8.848 msnm-, en la frontera con China y muy cerca de India, y sus “hermanos” Lhotse, Nuptse y Ama Dablam. Aunque no se requiere un entrenamiento específico ni de alto rendimiento, los buenos hábitos de salud y la práctica constante del ejercicio, fueron una ayuda fundamental para acceder al campamento base sin mayores problemas.


El recuerdo de la tragedia vivida en 1996 en el Everest, excelentemente relatado en la película, estuvo presente en muchas de las conversaciones familiares, preocupaciones compartidas, explicaciones minuciosas y planificaciones detalladas. Nada quedó librado al azar, gracias al excelente asesoramiento y organización de Martín y Pamela. Por las dudas, me acompañó (como siempre) mi peluche de la suerte que traje del Mont Blanc, y que estoy convencido que es una ardilla. Hasta nombre tiene ahora, pues fue bautizada en esta experiencia.

Continúa en una próxima entrega...

viernes, 20 de octubre de 2017

Los 10 mandamientos del montañero (Fuente: www.cryosanabria.blogspot.com)

Los 10 mandamientos del montañero/a


“I. No emprenderás ninguna ascensión que esté por encima de tus fuerzas.  Te tienes que proponer retos en proporción a tus fuerzas, pero también tienes que saber renunciar y dar la vuelta a tiempo si hace falta. Te tienes que conceder mucho tiempo, y nunca pretender hacerle la competencia al cronómetro ni establecer records. No devores cumbres, no te pierdas ningún acontecimiento de las montañas. Es más importante el camino que la cima (es preferible comerse la tarta, es decir disfrutar del camino, que la guinda, es decir, la cima."

”II. Prepararás cada ascensión con los cinco sentidos, cuidadosamente, tanto si vas solo, como con amigos o con guías. Un ignorante o un desamparado que cuelga del regazo de una niñera montañera, produce una triste figura. Tu equipaje moral tiene que ser tan completo como tu equipo de montaña. Tienes que estar familiarizado con el mundo que te rodea; conocer y comprender sus manifestaciones.  Tu ideal montañero te tiene que permitir celebrar una pequeña excursión dominguera con la misma alegría con la que, la próxima vez, atacarás una difícil pared de roca. Tienes que saber estar por allá con la misma naturalidad que trepando por aquí. No te conviertas en uno de ésos que, entre tantas paredes de roca, no ven las montañas. Tampoco tienes que olvidar que las montañas están llenas de peligros, si bien has de saber que, con un poco de precaución, seriedad y experiencia, los puedes salvar.

”III. En la montaña, no olvidarás tu educación. Aspereza, grosería y dureza no son sinónimos de fuerza y alegría.  No consideres la cuerda y los crampones como un anuncio de los de tu gremio. No pongas en peligro los vestidos o los ojos del prójimo con tus trastos: esquís, piolet, crampones y otros enseres. Tampoco tienes que violentar sus oídos con palabrería o alboroto excesivamente sonoro. Saluda a los peatones solitarios que encuentres, y devuélveles el suyo".

”IV. No deshonrarás el lugar que recorras, ni tampoco afearás la naturaleza  con botellas rotas, cáscaras de huevo,  trozos de papel, latas de sardinas y otras suciedades. No olvides que quienes vengan después, también querrán beber el agua fresca de la fuente que estás a punto de ensuciar sin pensarlo. No dejes ninguna verja de los prados abierta, porque puedes perjudicar mucho a una propiedad ajena, y porque así conviertes el montañismo en una actividad repugnante para la población rural. Por la misma razón, no saltes dentro de ningún vallado si no te lo piden, ni te introduzcas sin permiso en los cercados y cobertizos. Puedes cantar, si sabes y resulta oportuno, pero siempre con mesura. A menudo, los aullidos montañosos se suelen adaptar poco a las gargantas humanas, y todavía menos a los órganos auditivos de tus semejantes. Por regla general, en la montaña no llames mucho la atención ni hagas mucho ruido. No enciendas ningún fuego innecesariamente. No produzcas caídas de piedras desde las cumbres, ni siquiera por descuido, y evita que al subir o bajar rueden, ni aun por causas inevitables, o aunque las canales de abajo conduzcan a lugares supuestamente intransitados, puesto que puedes ocasionar graves daños. Cerca de los lugares habitados, sigue siempre las costumbres establecidas.




”V. Ten el compañerismo en gran estima. Si eres el jefe de un grupo, no seas autoritario ni obstinado, no quieras tener siempre la razón, y no mires a tus compañeros con superioridad: tienes que ser considerado y paciente, y ceder ante los otros sin mengua del ascendente que poseas moral y materialmente. La fuerza del más débil, debe dar la medida de tus decisiones. Abandonar a un ser humano en la montaña, puede constituir un asesinato. Si eres tú quien es dirigido, adáptate a quien vaya en cabeza, a quien tenga mayor experiencia, a quien dé el mejor rendimiento, y procura aprender allá donde puedas. No hay ningún maestro que haya caído del cielo, pero en la montaña, serían precisos muchos más de los que hay.  Tienes que saber que los buenos segundos son tan raros como los buenos primeros. Cualquier extraño que comparta contigo el amor por las montañas, es tu camarada, y mucho más cuando esté en problemas o necesite cualquier tipo de ayuda, aunque solo sea un trago de tu cantimplora o un vistazo en tu mapa. También tienes que ver un compañero y un amigo experto en el guía de montaña profesional".

”VI. Respeta el refugio como si fuera tu propio hogar. Sé humilde y no tengas exigencias .  No introduzcas en el comedor los piolets, los esquís, la lluvia, la mojadina, el frío, el hielo, la nieve y la suciedad, y si puede ser, tampoco el sudor. No rebajes la cabaña a la categoría de una tasca, puesto que es un lugar de descanso y de reposo para todos los montañeros. No ocupes todos los bancos o las mesas con tu mochila, piolet, provisiones, mapas o piernas.  Deja en paz los gramófonos, y no toques ningún instrumento si no es que realmente sabes. No embadurnes las libretas-registro con dichos obtusos, observaciones tontas o versos malos: escribe allí con claridad tu nombre, de dónde vienes y adónde vas, y antes de efectuar ascensiones de envergadura, deja datos con el fin de que, en caso de accidente, se te pueda llevar socorro, o que, en otros casos, nadie pase inquietud alguna por tu suerte. Las rocas y muros de los edificios no son material de escritorio. Puedes exigir un lugar para dormir, e incluso puedes escoger el mejor, si acabas de hacer o piensas emprender una ascensión, pero, en caso necesario, lo tienes que ceder con buena cara a las personas que lo necesiten (agotados, enfermos, personas de edad). No te introduzcas en las literas con los zapatos puestos y no te deslices como un loco con las suelas herradas escaleras abajo, especialmente por la noche y a primera hora del día. Si eres una persona que ronca, no elijas la habitación colectiva para efectuar tus dormidas y roncadas. Ten en cuenta la luz y el fuego en la cabaña. No te hagas ilusiones de ser el amo y señor del refugio, y piensa que el arrendador o guarda es el administrador de una institución para el bien del colectivo: tienes que seguir sus instrucciones, dado que es el responsable. Cada lugar y cada cosa que uses, déjalas tal y como te gustaría encontrarlas. Especialmente en refugios libres, tienes que extremar la consideración hacia tus semejantes, compañeros de refugio presentes y futuros, y no olvidar que el refugio y sus enseres son unos bienes que te han sido confiados. Economiza la leña, que a veces ha de ser transportada con grandes fatigas. Deja la cabaña limpia y ordenada al irte. Has de cerrarla cuidadosamente, sin olvidarte de pagar la cuota por la cabaña y por la leña.




”VII. No robes. Tampoco has de robarle a los demás la paz y la tranquilitad montañera, la soledad o la vista de las cumbres.  Ni tampoco la hierba para el lecho, recogida por otros con dificultad, ni la leña cuidadosamente traída. Además, procura siempre tratar con cuidado las flores y los campos, los árboles y la hierba de los prados, y no inquietes al ganado. No arranques ningún árbol para procurarte leña o por el gusto de desfogarte. No destruyas los hormigueros por curiosidad. Trata con respeto a la flora y fauna. Considera la montaña como un paraíso en el que Dios te ha puesto, y coopera para conservar su fisonomía y pureza.

”VIII. No mientas. No eses ningún mal tono, no seas fanfarrón. Hasta la más difícil ascensión montañosa, es cosa fácil comparada con otros hechos humanos. No seas pretencioso y deja que todo el mundo sea feliz a su manera, aunque sean personas de otra entidad. Tampoco tienes que renegar, ni maldecir del tiempo, ni del hospedaje. No traigas a la montaña ni la política ni las polémicas. No te mofes ni critiques las creencias, costumbres y usos de la gente de montaña. No olvides nunca que eres un huésped entre la gente de montaña, en la montaña, e incluso en este mundo.




”IX. Guarda el honor de tu club, no solamente el de dicha entidad, de ese escudo tras el cual marchas, sino el honor de toda la comunidad que te encaminó hacia las montañas, que sirve a los grandes ideales y no a tu comodidad personal, la que trabaja por el colectivo. El mero hecho de pertenecer a ella, constituye ya un honor. Has de estar orgulloso de ser un miembro de esa asociación, y de poder conservar semejante posesión. Cuida para no deshonrarla, ni tampoco a quienes la crearon, a esos precursores, los maestros de otros tiempos, que abrieron el primer camino hacia las cumbres, donde pusieron hitos, así como las últimas piedras en el edificio de la conquista de las montañas.

”X. No profanes las montañas con el afán de batir récords. Busca su alma. Respetarás la naturaleza,no dejando basuras ni enterrándolas, respetar las fuentes y no hacer fuego ni en los lugares preparados para ello, no cortar flores ni plantas, cerrar las puertas para evitar que el ganado se escape. Siempre dejar un lugar mejor que cuando lo encontramos y así disfrutaremos más del entorno.”.

sábado, 7 de octubre de 2017

“Todo corredor de trail que se precie de tal en Uruguay, tiene que correr la MATT”

Así culminé una nueva edición de la MATT Trail Run (mi 3ª participación), desafío organizado por Entrenador Rogelio Fernández que comprende: Milla Vertical (ascenso y descenso al Cerro Pan de Azúcar), 20.3 Km por Punta Ballena y 23 Km por Laguna del Sauce y Arboretum Lussich. Nuevamente conformé equipo con Sebastián Paulós –en esta ocasión, nos denominamos “Auténticos Decadentes”-, y lo tomamos como un entrenamiento (algo fuerte) para el desafío que nos espera en pocos días, cuando hagamos el ascenso al Campamento Base del Monte Everest.

El viernes a la noche, tuve la fiesta de 10 años de Cantero Entrenamientos -el grupo donde entreno- así que me acosté ya cerca de las 2:00 de la madrugada, para levantarme poco después de las 6:00 e ir a buscar a Seba. Durante la noche estuvo lloviendo bastante, así que presumíamos que podría suspenderse la etapa inicial, por los peligros que supone un terreno mojado en una zona tan técnica como la del Cerro Pan de Azúcar. Llegamos poco después de las 8:00, para encontrar a 24 amigos del grupo “KM Running” de Las Piedras, lo que motivó ya algún desafío entre nosotros, recordando instancias anteriores. Retiramos kit –N° 170 y 171- y nos indicaron que se iba a computar exclusivamente el tiempo de ascenso, para evitar riesgos en la bajada (inteligente decisión). La mañana se presentaba muy nublada, aunque no amenazaba con lluvia.

La largada se hizo en grupos de 3 equipos (nos tocaba el turno 6) cada un minuto, pero no fuimos llamados, y notamos que empezaban a largar los grupos de mujeres… Nos hicieron largar un poquito más tarde, e iniciamos el ascenso –duro, complicado, como me gusta-, tramo en el que nos superaron algunos de los que largaron después (Lali Moratorio nos pasó como parados…), y superamos a otros que habían largado antes, entre ellos, algunos de los amigos de KM. 

Cuando alcanzamos a Alvarito Belza –que estaba recostado en una enorme piedra- le pregunté si estaba esperando a Rosario o Mabel (que venían más atrás), pero me respondió sonriendo (¿o lloraba?): “Me estoy esperando a mí”, reflejando así el cansancio fruto del esfuerzo. Con Seba, pusimos 27 minutos y monedas para el ascenso, unos 3 minutos más que el año pasado, bastante lógico considerando las condiciones del terreno (y que prácticamente todos pusieron más tiempo). Completada esa etapa, bajamos todos juntos a diferentes ritmos, ocasión que aproveché para sacar algunas fotos ya con más tranquilidad. Aceptando la invitación de los KM que estaban en Las Flores, fuimos hasta allí para comer un excelente asado preparado por Hebert Prado (sobre las bebidas, nada digo… pues empezó a asomar un “Sol Chico”, y Seba tuvo que manejar hasta Punta Ballena para evitar problemas).

Después de una siesta reparadora y unos mates, se largó la lluvia mientras esperábamos para la largada de la etapa nocturna programada para las 18.40 (“así ven el anochecer en Punta Ballena”, dijo Rogelio…), muy cerca del lugar donde nos alojamos. Si algo no vimos, fue el anochecer, como consecuencia de la lluvia. Tuve el placer de encontrar a David Vega, que había ido a acompañar a sus alumnos (en realidad, creo que teme que le "robe" el protagonismo de KM Running, y lo transforme en XS Running & Fun...). Lo cierto es que la largada se hizo alrededor de las 19.00, y enseguida paró la llovizna así que no nos complicó mayormente. 
En esta ocasión, largamos desde el estacionamiento frente a Las Grutas, para encarar enseguida hacia el denominado “lomo de la ballena”, trotar por el costado de la carretera panorámica y tomar por la calle que corre paralela a la Interbalnearia, hacia el Oeste. En ese tramo, nos superaron –entre otros- Los Picapedreros (Álvaro y Marcelo), instancia en la que nuevamente nos lanzamos desafíos. Después de trotar por esa zona, cuando llevábamos 4.6 Km bajamos a la playa, para correr por la arena rumbo a Playa Chihuahua. Llevábamos apenas un kilómetro por arena, cuando al cruzar una bajada de agua, cambié la pisada y sentí un fuerte dolor que me recorrió todo el gemelo de la pierna izquierda… “desgarro”, dije, y caminé un poquito para tratar de recuperarme. Conversamos brevemente con Seba y decidí seguir a ritmo lento, aunque pensaba si no sería más conveniente abandonar y retornar a la largada, ya que nos esperaba un largo recorrido hasta el kilómetro 11 aprox., instancia en la que recién íbamos a emprender el retorno. Con esa duda en la cabeza y bajando notoriamente el ritmo, seguimos avanzando en la noche, con ese dolor persistente (aunque no se agravaba). Con esfuerzo, en el Km 9 salimos de la playa para tomar nuevamente por las calles interiores de Chihuahua, girar a la izquierda e ingresar a una zona nueva de montes (¡excelente recorrido, Rogelio!) por unos dos kilómetros, y emprender el retorno nuevamente por la arena, ahora durante unos 6 kilómetros. Estuvimos algo perdidos pese a las instrucciones de quien nos indicaba el retorno ("tienen 400 metros de calles y después salen a la playa") pues no vimos señales en más de 600 metros, así que encaramos rumbo a la arena pues sabíamos que por allí debíamos volver, hasta que identificamos pisadas y luces de linternas adelante y atrás.

Casi enseguida, sentimos pasos… cuando giro, veo a la preciosa perra de Rogelio (creo que se llama Chocolata), que nos acompañó durante todo ese tramo. Recordé a mi “Juno”, una Golden Retriever con apenas un año, que en ocasiones me siento tentado a llevarla a trotar por el Prado. Cada tanto, nos dábamos vuelta para ver qué tan cerca venían quienes nos seguían, en tanto el dolor en la pierna izquierda se mantenía. Al principio de ese camino de retorno, enfrentamos tramos con arena bastante suelta, pero ya llegando a la altura en la que habíamos salido de la playa en el camino de ida, el terreno estaba bastante más firme. Intercalando trotes y caminatas firmes, seguimos avanzando, hasta que nos alcanzó Daniel Marti. Me puse a su ritmo, en tanto Sebita se demoró un poquito, pero en cuanto llegamos al duro ascenso por escalera al final de la playa, nos juntamos nuevamente para encarar los últimos dos kilómetros rumbo a la meta. Con Daniel pudimos mantener el ritmo, en tanto Sebita se quedó unos metros, así que a falta de unos 50 metros lo esperé para llegar juntos a la meta, donde muchos de los amigos ya habían llegado y nos esperaban.

Después de un baño reparador, me hice masajes con crema Átomo sobre la zona dolorida. Esa noche hubo cena de pastas –como corresponde a todo corredor- y un muy buen descanso. En la madrugada me desperté un par de veces, y seguía sintiendo dolor en la pierna, pero al levantarme a las 6:45, me sentía bien. Nuevamente me hice masajes y me vestí para la última etapa –los 23 Km en el Arboretum Lussich y Laguna del Sauce- hacia donde fuimos después de desayunar y tomar mate.
Mirando los resultados acumulados de las dos primeras etapas, notamos que Picapedreros (Marcelo y Álvaro) nos llevaban unos 20 segundos de ventaja, ya que en la noche habían absorbido los más de 7 minutos que les sacamos en el ascenso al Pan de Azúcar. Por tanto, fue un buen tema para “tomarnos el pelo” y volver a desafiarnos: “A éstos nos los morfamos en dos panes”, le decía a Seba. “En el 2015 le ganamos a Martín y Paola, en el 2016 a Larry y Mabel, y ahora nos toca el Chelo y Alvarito”, agregó Sebita.

La mañana estaba bastante linda, con un cielo nublado pero sin amenazas de lluvia. Casi todos los compañeros de Las Piedras estaban ya en la zona de largada, al costado del Hotel del Lago en Laguna del Sauce. Después de algunas conversaciones y fotos de rigor, decidí cambiarme el calzado y volver a ponerme los Salomon que había usado el día anterior, pese a que estaban totalmente mojados. Es que tienen mucho mejor agarre que los Hoka que pensaba usar, y con seguridad nos esperaban tramos con mucho barro, subidas y bajadas. Largamos aproximadamente a las 9:15 y a los pocos metros, ya empecé a sentir el dolor en el gemelo, así que aflojamos el ritmo y decidimos no correr riesgos. Los primeros 5 kilómetros fueron por la zona de Laguna del Sauce, para encarar después el Arboretum Lussich, donde en el ascenso hacia el Mirador Aconcagua –aproximadamente a los 8K- encontramos a los Picapedreros, cuando ya el dolor se me había ido. Me sentí mucho más tranquilo, pues era señal de que no se trataba de un desgarro sino de una contractura. En todo el recorrido, con muchas subidas y bajadas, agua, barro y piedras resbaladizas por zonas de monte, pude disfrutar muy razonablemente del entorno, sintiéndome bastante mejor y pudiendo sostener un ritmo digno.

Los tramos con agua y barro, estuvieron muy buenos, e incluso me pegué flor de golpe con un tronco en la cabeza por ir mirando hacia abajo… ayer me di cuenta que me había hecho un corte, al sentir la “cascarita” de la herida en la cabeza. En el km. 12 cruzamos al costado de unas casas ahí en la ladera, desde donde se sentía un espectacular aroma a comida de olla (el aroma a ajo y cebolla fritos hizo que los jugos gástricos se pusieran a full…), lo que fue motivo de conversación. En el Km 15, cruzamos al lado de la casona de Lussich, donde pudimos reponer agua, y casi enseguida nos controlaron el equipamiento obligatorio. 
Ya con 19 Km de recorrido, nos alcanzó nuevamente Daniel Martí (al igual que la noche anterior), y fuimos tirando juntos durante un ratito, tramo donde Sebita se quedó un poco más atrás. Salimos del parque en el Km 20, cuando sentí que el equipo femenino Anita’s venía cerca, en tanto Seba las acompañaba durante unos pocos metros al costado de la Ruta 12. Ingresamos a la zona de Laguna del Sauce, tramo donde las chicas me superaron y me comentaron que mi compañero se había quedado un poco atrás. 
Decidí retomar el ritmo, para ingresar a ritmo firme a la zona de llegada y sentarme a esperar a Seba durante unos 5 minutos, hasta que lo vi llegar caminando con alguna dificultad. Finalmente, marcamos 3 horas 28 minutos en estos 23 km, y nuestros rivales Picapedreros llegaron unos 5 minutos después, lo cual –nuevamente- fue motivo de bromas. Completamos las tres etapas (45 kilómetros, sin contar el descenso del Cerro Pan de Azúcar sin control de tiempos) en un total de 6:56:59.

Apenas llegamos, Rogelio Fernández grabó mi “declaración” diciendo que todo corredor de trail en Uruguay que se precie de tal, tiene que correr la MATT. Recibimos la taza recordatoria de la competencia, y después de cambiarnos, emprendimos el retorno a Montevideo, ya que me esperaba una jornada extensa.

¿Qué agregar, para destacar esta excelente competencia, que merece otorgar puntos ITRA? La carrera se desarrolla en preciosos lugares de la zona Este del país, con un organizador “corredor y entrenador” que asegura una competencia con todos los cuidados, con gente “diferente” como sin dudas somos quienes abrazamos estas disciplinas en contacto con la naturaleza, a lo que se agregó en esta oportunidad, el clima inhóspito que le dio un toque especial. Si a eso se le suma que varios de los amigos recibieron premios por sus ubicaciones en las diferentes categorías puedo señalar que fue un fin de semana redondito.

Fue mi competencia N° 427 totalizando 7.671 kilómetros (121 de ellas, fueron carreras de trail, con un total de 4.025 kmts.). 

Por eso, lo del principio: no pueden perderse la MATT del año próximo. De lo contrario, dedíquense a correr carreras de calle. Ustedes se lo pierden.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Kumen Aconcagua Ultra Trail 70 km - Primer gran desafío del 2018

El domingo 11 de febrero de 2018, enfrentaré el primer gran desafío del año, los 70 Km de Kumen Aconcagua Ultra Trail en el Parque Aconcagua, Mendoza (Argentina), llegando a Plaza de Mulas con algo más de 4300 msnm.

Y si todo sale bien, también participaré de La Misión en San Martín de los Andes a escasos días (donde debuté en esta carrera en el año 2011): del 22 al 25/02/2018, con la opción de optar por una de las tres distancias (110 Km, 160 Km y 200 Km). En principio, estaría eligiendo los 160 Km, ya que tendría la compañía de algunos de los Hermanos de la Montaña, pero dependerá de las condiciones físicas. De lo contrario, podría optar por los 110 Km.

¿Será 2018 el año de Fiambalá Desert Trail? Muy posiblemente.

jueves, 27 de julio de 2017

Trilhas do Gaúcho 2017 - 50 Km en Arroio do Meio, RS, Brasil


Yuval Noah Harari en "Homo Deus" cita a Jorge Luis Borges en su cuento "Un problema", que versa sobre Don Quijote de la Mancha y su creación de un mundo imaginario en el que él es un campeón legendario que está dispuesto a luchar contra gigantes (los molinos de viento) y salvar a Doña Dulcinea del Toboso (en realidad, Aldonza Lorenzo, una ordinaria muchacha pueblerina). ¿Qué ocurriría, se pregunta Borges, si a partir de su creencia en tales fantasías don Quijote atacara y matara a una persona real? Se plantea así una pregunta fundamental acerca de la condición humana; ¿qué ocurre cuando los relatos que teje nuestro "yo narrador" nos causan gran daño o lo causan a los que nos rodean?

Me detengo solamente en una de las opciones planteadas por Borges, cuando expresa que cuanto más sacrificios hacemos para construir un relato imaginario, tanto más fuerte se vuelve el relato, porque deseamos con desesperación dar sentido a esos sacrificios y al sufrimiento que hemos causado.

¿A qué viene esa referencia a Harari y Borges?

Es que muchas veces pienso que quienes abrazamos estos desafíos, estamos dispuestos a hacer enormes sacrificios personales y familiares (con un toque egoísta indudable), y terminamos construyendo un "relato" que en general tiene poco de real a partir de ciertas (escasas) certezas. En la búsqueda de darle credibilidad, los resultados a los que me referiré en esta crónica, vienen muy bien para darle una pequeña cuota de "racionalidad" a esta pasión. Si es que ello es posible.

El grupo de uruguayos que hicimos internacional esta primera edición de Trilhas do Gaúcho, estuvo conformado por Carlos Douglas Hernández -generador de la iniciativa-, Andrea Montans, Andrea Molinari, Marianna Muzzio, Martín Zanabria, Paola Nande y yo. Viajamos en dos vehículos el día jueves 20, para alojarnos en el Zallon Hotel, en la preciosa ciudad de Lajeado, unos 120 kilómetros al noroeste de Porto Alegre. Resultó una preciosa y muy prolija ciudad, con unos 80.000 habitantes, considerada entre las mejores ciudades para vivir de Brasil, con un crecimiento ordenado y sostenido.

Después del descanso nocturno y un buen desayuno en la mañana del viernes, con Martín, Paola y Marianna salimos a trotar suavemente durante unos 45 minutos por un precioso parque ubicado muy cerca del hotel, y sus calles cercanas. Ya en la tarde, fue el momento de preparar las cosas para la carrera, después de una visita -para conocer el camino- a la zona de largada y llegada en Arroio do Meio, ubicado a unos 15 kilómetros de Lajeado.

En la mañana del sábado y tras un generoso desayuno temprano y de disfrutar unos mates, partimos a la zona de largada, donde llegamos unos minutos antes de las 9:00, con una niebla que cubría las zonas más bajas pero que se disipó totalmente cuando llegamos a la largada, para dar paso a un día soleado y claro. Los "morros" -pese a que no superan los 540 msnm- se ofrecían en todo su esplendor. Conversando con uno de los organizadores que tuvo a su cargo el marcado del terreno, nos estuvo comentando sobre sus características, y en particular alertando sobre las sucesivas subidas y bajadas. Disponíamos de 4 horas para llegar al Km 22 -donde había un primer corte-, un total de 8 horas 30 minutos para alcanzar el Km. 45 donde estaba el 2° corte, y 10 horas para completar todo el recorrido de 50 kmts. con 2500 metros de desnivel acumulado positivo. En particular, nos alertaron sobre los cuatro últimos ascensos -a modo de "serrucho" ubicados a partir del kilómetro 34.

La presencia de "uruguaios" fue motivo de atención, razón por la cual fuimos objeto de muchas fotografías y de una entrevista para la televisión. No deja de ser placentero que nos reciban tan bien en estos destinos, y que permanentemente nos estén agradeciendo por la presencia y participación en estos desafíos. Es cierto que puede llamar la atención que un grupo de corredores haga 900 kilómetros de ida y otro tanto de vuelta, para participar de estos desafíos, pero estos uruguayos estamos acostumbrados (somos "Esos locos que corren", como escribió Marciano Durán).

Destacó un corredor brasileño: "La organización de Brutus do Gaúcho hizo un gran esfuerzo para tener una prueba de nivel nacional en tierras gaúchas. Lo consiguieron. Una carrera barata, con buena estructura. Pero, principalmente, una prueba con trillos extremadamente técnicos. Los corredores con poca experiencia en este tipo de terrenos, sufrieron mucho. Hubo trechos en caminos de tierra, pero solamente como conexión para entrar a otros trillos". Lo único que le corrijo: fue una prueba de nivel internacional.

A lo que vinimos

Unos 6 minutos antes de las 10.00 AM, se hizo la largada por un camino de tierra durante 1,5 km en leve bajada, donde algunos salieron a ritmo fuerte, en tanto yo -como ya es característico- me puse a trotar suave para no quedar muy atrás, pero también para no ahogarme ya a la salida. Tomamos un sendero a la izquierda con rumbo al monte, para comenzar un ascenso hasta los 220 msnm, y enseguida volver a bajar. Douglas, Martín, Marianna y Paola se fueron adelante, en tanto las dos Andreas venían más atrás. Por el Km 5 retomamos nuevamente el ascenso, ahora ya fuerte y pronunciado, combinando caminos de tierra y "trilhos" algo sucios, hasta alcanzar el primer puesto de hidratación (PH) en el Km 7 con 370 msnm. Bebí algo de agua y seguí mi camino, para bajar hasta los 200 msnm y nuevamente ascender -ya rumbo al punto más alto- rumbo a la cima del Morro Gaúcho, tramo en el que alcancé a Paola que avanzaba sintiendo el cansancio.

Ya llegando a la cima y en un camino bastante sucio, Pao se enganchó en una raíz y pese a que no llegó a caer, tuvo una fuerte torcedura que la dejó con dolor en el tobillo. Me dijo que siguiera pues ib a esperar a recuperarse para seguir, y no quería retrasarme. Dado que teníamos corte por tiempo, decidí continuar y esperarla en el puesto de abastecimiento (PA) del Km 22. Llegué a la cima con 540 msnm -km 14 de carrera- con una vista espectacular de toda la zona, que aproveché para tomar fotos. Dimos un amplio giro a una pequeña laguna que hay en la parte alta, para posteriormente subir por una zona muy escarpada con piedras, y volver a girar para emprender la bajada. En ese momento, identifiqué a Paola que estaba cruzando por el PH ubicado ahí en el Km 14, así que me dejó tranquilo que había podido seguir.

La bajada por zona bastante sucia, la hice a un buen ritmo, con permanente zigzag dentro del monte y cuidando no caerme o engancharme en alguna raíz o piedra. Llegamos a la bifurcación donde los corredores de 30 Km tomaban a la izquierda, en tanto los de 50 Km lo hacíamos a la derecha, para cumplir con una muy larga vuelta por los morros, y volver a pasar por ese punto cuando hubiésemos alcanzado los 39 Km. Después de llegar a los 270 mnsm en el Km 19, nuevamente nos tocó subir hasta los 400 metros, para posteriormente encarar una larga bajada por una carretera de tierra, que nos llevó al PA del Km 22, donde llegué en 3hs 25 minutos (3:19 de acuerdo con el tiempo oficial, pues habíamos largado 6 minutos antes). Allí me detuve brevemente a descansar, tomé una guaraná, comí algo de fruta y repuse Gatorade, cuando vi llegar a Andrea Molinari. Me comentó que Andrea Montans venía más atrás, y a Paola la vi bajar por la carretera cuando retomaba mi camino por un sendero de tierra hacia la izquierda, en franca subida.

Llegamos al primer corte, pero esto recién empezaba

A partir de este punto y después del breve descanso y recuperación en el PA, disponía de 5 horas para los siguientes 23 kilómetros de carrera, razón por la cual me quedé bastante más tranquilo pues había hecho los primeros 22 km en algo menos de 3 horas 30 minutos. De cualquier forma, recordaba el comentario sobre la dificultad de los últimos cuatro ascensos, así que no podía "dormirme" en los laureles. Nuevamente enfrentamos una subida pronunciada y sucia hasta los 450 msnm, para posteriormente transitar por un permanente sube y baja hasta el Km 31, donde salimos a una carretera de tierra. Serían las 15 horas aproximadamente, y me empecé a sentir terriblemente cansado, en ese tramo en subida hasta el PA del km 35. Un poquito antes, me alcanzó Andrea Molinari quien me comentó que Paola muy posiblemente hubiese abandonado en el Km 22 pues venía cansada y prefería esperar al "corte por tiempo". El encuentro llegando al PA me cambió a partir de ese punto. Me recuperé después de tomar bastante agua, comer frutas y algunas galletitas, y encaramos juntos tirando en las subidas y largándonos al trote en las bajadas.

A partir de ese km 35, nos quedaban los ya famosos últimos cuatro ascensos y descensos. Como nos habían dicho, resultaron duros, exigentes y peligrosos, con tramos con muchas piedras y barro pegajoso. En el Km 39 nos controlaron las linternas frontales, antes de ingresar nuevamente a la zona de monte. La larga sucesión de subidas y bajadas se hizo interminable, pues además notamos que estábamos muy cerca de la meta, ya que el sonido de los parlantes de la Organización se escuchaba con mucha claridad. Exactamente en el Km 45 -donde estaba el último PH- superamos el último corte por tiempo con 8 horas de carrera, prácticamente el mismo margen que teníamos cuando llegamos al corte del Km 22 (30 minutos).

Tomamos a la derecha por unos escasos 300 metros, para nuevamente iniciar el ascenso -el último- hasta los 320 msnm, ya con la oscuridad de la noche, lo que nos hizo dudar en algún tramo pues no veíamos bien las señales. El descenso también fue peligroso, pues a la dificultad del terreno, se le sumaba la escasa visibilidad. En el tramo final, superamos a algunos corredores, para llegar a la meta en un tiempo total de 9 hs 08 minutos (mejor de lo esperado), donde nos esperaban nuestros compañeros que ya habían arribado.

Terrible paliza para el cuerpo, una fiesta para el alma.

Recibimos dos preciosas medallas y -con el frío reinante- aguardamos a la entrega de premios, ya que nos llevamos muy agradables sorpresas:

- Martín Zanabria - 7 hs 07 min - 4° en su categoría
- Douglas Hernández - 7 hs 18 min - 2° en su categoría
- Marianna Muzzio - 8 hs 22 min - 1a. en su categoría
- Andrea Molinari - 9 hs 08 min - 1a. en su categoría
- JX (yo) - 9 hs 08 min - 2° en la categoría

Los cinco recibimos preciosos trofeos y nos tomamos muchas fotos. Luis Leandro Grassel -el Organizador- comentó durante la entrega de premios, que "os uruguaios vieram para arrebentar...". En la distancia de 50 Km ("Brutus", como la apodaron), completamos el recorrido 74 corredores. Paola -como ya señalé- había quedado fuera en el corte por tiempo del Km 22 (pese a que llegó con margen, pero decidió esperar), en tanto Andrea Montans tuvo algún inconveniente con el recorrido ya que se perdió y llegó a un punto de control por otro lado.

En lo personal, me sorprendí con el buen resultado, lo que además es mi mejor tiempo en la distancia, en un recorrido con mayor grado de dificultad que los anteriores. Fue mi "maratón y ultramaratón" N° 53, completando un total de 7.560 kilómetros en competencias.


"Es mucho más fácil vivir con la fantasía, porque la fantasía da sentido al sufrimiento", concluye Harari en su libro Homo Deus citado al comienzo. "Algunas personas viven una tragedia, otras habitan en un drama religioso inacabable, aún otras abordan la vida como si se tratara de una película de acción, y no son pocas las que actúan como si de una comedia se tratara. Pero, al final, todas son solo relatos".

sábado, 15 de julio de 2017

Trilhas do Morro Gaúcho - 50 Km

 El próximo sábado 22 de julio, estaré disputando los 50 Km de "Trilhas do Morro Gaúcho", en Arroio do Meio, Río Grande do Sul, Brasil, junto a Douglas Hernández -quien encontró esta carrera- Andrea Montans, Andrea Molinari, Marianna Muzzio, Martín Zanabria y Paola Nande. Como señaló el Organizador, hicimos "internacional" esta carrera, ya que no habían previsto que asistieran extranjeros, al extremo que seremos los únicos. Todo un privilegio.


A escasas tres semanas de los 75 Km de la Ultra Trail Amanecer Comechingón, voy por un nuevo desafío, con la intención de completarla dentro del tiempo previsto. Con eso, para mí será más que suficiente.
Prometo crónica y fotos. ¡Vamos que vamos!

lunes, 10 de julio de 2017

ULTRA TRAIL AMANECER COMECHINGON- 75 Km de pura mística


Hace ya cuatro años, disputé los 60 Km de UTACCH - Ultra Trail Amanecer Comechingón en Yacanto de Calamuchita (Córdoba), oportunidad en la que viajé junto al entrañable Rubito Beledo, Pablo Lapaz, Víctor Trillas, Alejandro “Highlander” Scuoteguazza, Carlos Douglas Hernández y Sebastián Paulós, instancia que encaré como parte del entrenamiento para la CCC en Mont Blanc que corrí en 2013. Recuerdo que esa instancia fue mi carrera N° 254, donde completé 4066 kilómetros en competencias, 1430 de ellos en Trail (35% del total). Con mucha más experiencia, el pasado 01 de julio fue mi carrera N° 417 completando 7475 kilómetros, 3915 de ellos de Trail (ya el 52%), y la N° 52 de 42 kilómetros o más.

La página Web de UTACCH expresa que es una aventura, una experiencia única y mágica para cada corredor que experimenta andar por tierras de los Comechingones, antiguos habitantes de las Sierras Grandes de Córdoba. “La mística”, dice la camiseta, y sin dudas ha ido construyendo esa sensación, al extremo que se han agregado nuevas distancias (13, 22, 35, 50 y 75 Km), se ha incrementado notoriamente la cantidad de participantes (se registraron 2307 llegadas a la meta, un 60% de hombres y un 40% mujeres), y se otorgan puntos ITRA a las dos distancias “ultra” (4 puntos a los 75 K y 3 a los 50 K).

Es ineludible recordar a Les Luthiers en su espectáculo "Mastropiero que nunca", en particular su “Cantata del Adelantado Don Rodrigo Díaz de Carreras, ...”:
“Somos Comechingones, muy renombrados,
joyas, collares, mantas, vendemos en el mercado
y a los que no nos compran, nos los comemos asados”.

Sin dudas, es un recorrido precioso, agreste, duro, propio de las sierras cordobesas, bastante distinto a lo que normalmente encontramos en la zona patagónica del sur o en las sierras de Uruguay.

"Culmina Rodrigo dura travesía" (El viaje y la previa)

En esta ocasión, el viaje fue bastante distinto ya que organizamos la ida con tiempo, junto a algunos de los “Hermanos de la Montaña” y de la vida: Martín Zanabria, Paola Nande, David Vega, Alejandra Isabella y Jorge Nin, Federico Sanguinetti y Eiko Senda, los hijos de Martín, Paola, Federico y Eiko, y se nos agregó el amigo argentino Federico Sivila. Tengo mucho para contar sobre las anécdotas del viaje, pero prefiero mantener la amistad... Les dejo solamente el momento en que llegamos a Migraciones, en el Puente Fray Bentos - Puerto Unzué: Federico -excelente barítono- baja el vidrio y le canta al funcionario "Fígaro, Fígaro, Fígaro, Fígaro... ", y Martín que le dice algo así como "acabamos de sacarlo ayer". Sobre las discusiones en relación con la ruta, el GPS o el tiempo de detención en ruta por un pasajero que viajaba sin cinturón de seguridad, no cuento nada.
  
Nos alojamos en Santa Rosa de Calamuchita -a 30 Km de Yacanto-, donde llegamos en la noche del jueves 20. El viernes 21 lo dedicamos a retirar el kit (me correspondió el N° 3125) y preparar todo lo necesario para la carrera. Dado que largamos a las 5:00 AM, el despertador sonó a las 3:00, para desayunar rápidamente gracias a la enorme gentileza de la gente del Hotel Gloria.

"... de sus hazañas en tierras de Indias..." (La carrera)

El clima estaba frío pero absolutamente despejado, lo que hacía presumir que íbamos a tener un día espectacular. Decidí largar con la remera “segunda piel” y la de carrera por encima, sin campera cortaviento, con calzas cortas y medias de compresión (esas blancas, marca Sox, con mi nombre y apellido bordado). 

Después de las fotos de rigor, largamos a la hora indicada. Como era previsible, Jorge Nin, Martín, David y Paola salieron a ritmo fuerte, en tanto yo lo hice junto a Alejandra. Avanzamos más lentamente, con las linternas frontales encendidas y optamos por caminar en los tramos en subida, en tanto trotamos en los planos y bajadas. Después de 7.5 Km, llegamos al primer puesto de abastecimiento (PA), en el denominado “cortafuego”, donde tomamos a la izquierda para ingresar a una zona con bastante desnivel, trillos de pasto y algo de barro. Cruzamos el primer arroyo, donde ya nos mojamos -el frío hacía que “dolieran” los pies- pero seguimos a ritmo sostenido. En la zona de bajadas, Ale se quedaba un poquito atrás, pero enseguida me alcanzaba en cuanto enfrentábamos terreno plano. Allá por los 12 kilómetros, nos superaron los punteros de la distancia 50 Km, en una zona de larga subida (habían largado a a las 6:00). Ya llegando al puesto del Negro Pereyra -Km 16- el sol asomaba por la sierra, pintando el horizonte con colores espectaculares.

Le comenté a una de las chicas del Puesto, que tenía cara conocida. "Si, soy una de las Pereyra, que siempre está en el puesto", me respondió, con mucho humor. Comimos algo, disfrutamos de una sopa caliente y emprendimos el ascenso hacia el Cerro Agustín. En el recorrido, ya volvían los punteros de la distancia, donde vimos bajar a Jorge, David, Martín y Paola, en ese orden. A falta de unos 2 kilómetros para llegar al punto más alto, cruzamos el arroyo donde en el año 2013 me esperaba Víctor Trillas. Seguimos avanzando, para finalmente hacer cumbre donde alcanzamos casi 2300 msnm y unos 27 kilómetros de carrera, con un sol que brillaba fuerte haciendo muy placentera la mañana pese al frío invernal. En ese momento, decidimos parar para ingerir algún alimento y descansar un poco.

"... de los singulares acontecimientos en que se vio envuelto..."

En la bajada, Ale insistió en que no la esperara pues en general va más lenta que yo. Me fui adelante, para llegar nuevamente al PA (km. 30.5), donde estuve unos 10 minutos descansando, comiendo frutas y tomando un caldo caliente, mientras esperaba a Alejandra. Conversé un ratito nuevamente con las chicas del PA, que aprovecharon para "tomarme el pelo" nuevamente con gran sentido del humor. Me preguntaron si iba a seguir o abandonaba..., cuando dije muy firmemente que seguía y les pregunté si se habían registrado abandonos, una de ellas me dijo: "Sí, aquí murió uno -perdón- abandonó uno". Dado que Ale no llegaba, decidí seguir pues temía por los cortes por tiempo. La misma chica me dice: "Qué mal, le prometió que la esperaba y se va". "Sí, tenés razón, la espero", le respondí. "No, es una broma", remató. Y cuando ya había hecho unos metros, me grita: "allá viene". Dí vuelta, y las tres chicas, riéndose, me dicen: "No, es mentira, no viene nadie...". 

A partir de allí, en general el terreno iba en leve descenso, tramo en el que fui intercalando posiciones con otros corredores. Alcancé el PA ubicado en el Km 42,5 en “Los Corrales”, con 9 hs 50 minutos de carrera (algo más de lo esperado, pero con un margen razonable para el corte), donde había un buen número de corredores alimentándose con el asado preparado por quienes atendían el puesto. Disfruté de una buena cantidad de Coca Cola, comí algo y decidí seguir (con algo de culpa, ya que mi compañera de carrera no llegaba).

A partir de ese punto, los corredores nos distanciamos y ocasionalmente encontrábamos a alguno. Fabián (colega de La Misión y Machupicchu, de Santa Rosa, La Pampa), y un nuevo colega Gabriel Dubini (Buenos Aires), que venía con algún dolor fruto de un leve esguince al inicio de la carrera.

Después de un largo recorrido, llegamos a una bifurcación donde los corredores de 75 Km doblamos a la derecha para emprender un camino en leve subida hacia Capilla El Carmen, Km 51.5 Km. Hicimos una especie de “gota” de unos 5 kilómetros, para retornar por el mismo camino que habíamos tomado, tramo en el que Gabriel se quedó atrás. Llegué nuevamente a la bifurcación, donde consulté al bombero que estaba allí ubicado sobre el eventual pasaje de Alejandra (haciendo referencia a la banderita uruguaya que llevaba en su mochila… pero después me enteré que la había perdido), y a partir de allí encaramos rumbo a El Durazno. Aún podía trotar en zonas de bajada y planas, pero ya sentía el esfuerzo y una molestia en la planta de los pies, maldiciendo por haber llevado un calzado bastante “castigado”.

En el Km. 60.5 llegamos al Cruce de la Chaqueña, donde estaba el sexto PA. Después de tomar un poco de líquido y comer maníes y frutas, emprendimos una fuerte bajada hacia un camino de tierra. Empezaba a bajar el sol, así que me coloqué la linterna frontal, y un poco más adelante la tuve que encender, ya a las 19:30 horas. El cruce de un arroyo -peligroso por lo profundo y la fuerza de la corriente- fue sencillo gracias a la excelente colaboración de los bomberos que allí se encontraban, que nos ayudaban a cruzar entre las enormes piedras.

Cuando salimos del camino de tierra para ingresar nuevamente a trillos de campo y un tramo en fuerte subida, me pegué a una pareja de jóvenes argentinos, y decidí seguir con ellos. Veía a lo lejos, tres corredores que se acercaban a buen ritmo, e incluso escuchaba sus voces. En determinado punto, mis compañeros ocasionales no veían señales -ni yo tampoco- así que les sugerí volver hasta la última marca y buscar el camino correcto. Nos alcanzaron los tres que venían más atrás, y cuando les dijimos -en la oscuridad de la noche- que no veíamos señales, identifiqué la voz de Alejandra. "¿Ale?", le digo; "¡Jota!" me respondió. El reencuentro fue muy propicio para rápidamente ponernos al tanto de nuestros ritmos y “desventuras”, en particular el malestar estomacal de Ale durante gran parte del recorrido. Mis dos acompañantes, eran además compañeros de los dos que venían con Alejandra, así que decidimos seguir todos juntos.

En la noche, divisamos a lo lejos el 7° PA -Puesto de Ortiz-, en una carpa iluminada y con fuego encendido, con música cordobesa que se escuchaba desde muy lejos, y una onda increíble. Después de una fuerte bajada, llegamos a ese puesto. Sentía el estómago bastante revuelto, así que no pude comer nada, pese a que había un asado espectacular. Descansamos un poquito e ingerí tres pedacitos de naranja, que me permitieron sentirme mejor. A partir de allí, nuevamente nos esperaba una subida pero ya en un terreno bastante más limpio y por caminos de tierra, divisando algunas casas de la zona cercana a Santa Rosa de Calamuchita.

"... y de cómo se desenvolvió"

Cuando culminó ese tramo, salimos a la carretera de tierra, donde nos indican que nos faltaban 2.5 kilómetros para la meta. Ahí, todos nos pusimos a trotar, y nuestros ocasionales compañeros se nos fueron adelante. Pese a que Alejandra estaba con más fuerzas que yo en ese tramo, me esperó -flor de aguante, me hizo- para llegar a la meta en 17 hs 20 minutos (posición 194, 24° en la categoría por edad entre 30 competidores), donde nos esperaban nuestros compañeros. Objetivo conseguido, misión cumplida, dentro del tiempo límite de 19 horas.

¿Qué decir de los compañeros? Se mandaron flor de carrera. Jorge Nin llegó en la posición 34 con un tiempo total de 11 hs 11 min, Martín y David llegaron en la posición 62 y 63 con 12 hs 19 min, en tanto Paola fue 24ª. entre las mujeres con 13 hs 43 min, y Alejandra 56ª.

Oro por baratijas. ¡Qué abuso! ¡Qué trueque tan desigual!

Después de una ducha caliente en el hotel, cenamos unos sándwiches de lomito, para irnos a descansar. El domingo a la mañana, disfrutamos de un excelente desayuno y comentamos sobre la carrera. Emprendimos el retorno a las 10:20, en tanto nuestros compañeros de viaje siguieron hacia Mendoza a disfrutar de una semana de vacaciones en la nieve del Refugio San Bernardo, en la zona de Vallecitos.

En lo personal y pese a la ubicación en la carrera, debo considerarme satisfecho pues además de la distancia -75 Km-, la acumulación de carreras que traigo, el desnivel acumulado positivo (3500 metros, realmente exigentes), regulé el ritmo en la mayor parte de la carrera y culminé bastante entero, al extremo que durante el viaje de retorno prácticamente no sentí molestias.

¡Mi honra está en juego, y de aquí no me muevo!

A mis hermanos de la vida y compañeros de aventuras, un enorme ¡gracias! por un fin de semana espectacular. Siempre es un privilegio poder compartir desafíos disfrutando a pleno de la naturaleza y de los amigos. El próximo 22 de julio, me esperan los 50K del Trilhas do Morro Gaúcho, en Arroio do Meio, Río Grande do Sul, cerca de Porto Alegre, junto a Douglas Hernández, Martín Zanabria, Andrea Montans, Paola Nande, Marianna Muzzio y Andrea Molinari. Hicimos internacional, esta carrera, ya que originalmente no habían previsto que pudiera ir gente del exterior. 

"A lo que vinimos"

Ah!, la apuesta entre nosotros sobre la sumatoria de tiempos de todos los integrantes del grupo, la ganó Martín Zanabria por escaso margen (apostó por 96 horas, y pusimos 97 hs 57 min), frente a Jorge Nin (que votó por 100 horas). Por tanto, es el invitado en el próximo asado que hagamos.